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COLABORACIÓN
  • Jaume Giné Daví
Profesor de ESADE Law School

‘Trumpazo’ a la globalización

03/12/2016 a las 09:35
‘Trumpada’ a la globalització

‘Trumpazo’ a la globalización

La política comercial de Donald Trump retornará al proteccionismo y pretende cerrar una larga etapa económica basada en el Libre Comercio. Los compromisos adquiridos durante la campaña electoral son contundentes. Y cuando el impetuoso 45º presidente defensor del America first se siente, el 20 de enero, en la Casa Blanca, pasará de las palabras a los hechos concretos. La economía estadounidense crecerá y el optimismo reina en Wall Street. Pero, a medio y largo plazo, EEUU también sufrirá los perniciosos efectos de unos riesgos económicos y políticos mundiales que frenarán una Globalización que había impulsado el comercio exterior y la interdependencia económica entre regiones y países. El liderazgo de un presidente imprevisible, poco o nada diplomático y con malas pulgas con quien le lleva la contraria, no anuncia nada bueno.

Trump revisará las especiales relaciones económicas con los vecinos México y Canadá, regidas por el Acuerdo de Libre Comercio de Norteamérica (NAFTA) de 1994. La economía mejicana sufrirá y el peso mejicano caerá frente al dólar. El 80% de sus exportaciones van a EEUU, la mayoría producidas por las multinacionales extranjeras, como las del automóvil, que invirtieron en el país para acceder sin trabas al mercado norteamericano. Podrían mitigarse las remesas de dólares enviadas por los trabajadores mejicanos en EEUU que representan el 2,4% del PIB. El Banco Central de México reaccionó subiendo los tipos de interés al 5,75% para frenar la previsible fuga de capitales. El proteccionismo de Trump afectará también a los países latinoamericanos más dependientes de los flujos comerciales con EEUU y de las remesas de la diáspora, como Colombia y Honduras. Y todo ocurre cuando Argentina y Brasil apuestan por abrirse más al exterior. Los tradicionales aliados en Asia quedan descolocados ante un repliegue político y económico de EEUU en la región: Japón, Corea del Sur, Taiwán Australia y Nueva Zelanda. También los cuatro países de ASEAN (Singapur, Malasia, Brunei y Vietnam) que firmaron, el pasado 5 de febrero, el Acuerdo Transpacífico (TPP) propuesto por Barack Obama en 2011 para contrarrestar la creciente penetración comercial y financiera china en todo el Pacific Rim. Pero Trump decidió enterrar el TPP, un error geoestratégico que reforzará las ambiciones hegemónicas e intereses expansionistas del gigante asiático. El presidente Xi Jinping relanzó en el marco de la cumbre de APEC, celebrada los días 19 y 20 de noviembre en Lima, ante un Obama frustrado, su propuesta de Acuerdo de Libre Comercio Asia-Pacífico (FTAAP) para constituir una colosal área económica integrada por China, los diez países de ASEAN, Japón, Corea del Sur, India, Australia y otros países de la región. EEUU quedaría fuera. Y Europa cada vez más lejos del Pacific Rim. Alemania y Francia se muestran inquietas ante la irrupción del populista Trump, un problema añadido al Brexit. Dos retos inesperados para una UE que aún no ha superado la crisis financiera y afronta muchas presiones populistas y proteccionistas a las vísperas de un trepidante calendario electoral con resultados inciertos. El Acuerdo Transatlántico entre EEUU y la UE (TTIP) queda embarrancado pero no hundido. Angela Merkel seguirá defendiendo el Libre Comercio. Pero la UE deberá llevar urgentes reformas estructurales para superar la crisis y salvar el euro. El próximo 2017 será un año clave, con unas elecciones en Francia y Alemania que decidirán quiénes liderarán el eje franco-alemán. En todo caso, la UE-27, sin el Reino Unido, perderá peso y capacidad de influencia mundial. Sólo sobrevivirá si los países miembros y los ciudadanos continúan unidos sumando en vez de dividirse.

El repliegue de EEUU en Asia y Europa removerá el orden internacional vigente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Dejará un vacío geoestratégico y económico que intentará llenar China, llamada a convertirse, antes de lo previsto, en la primera economía mundial. También beneficiará los intereses específicos de la Rusia de Vladimir Putin que se engulló sin miramientos la península de Crimea en 2014 y hoy observa complacido como Trump pone en tela de juicio la estructura de la OTAN.

A pesar del “trumpazo” a la Globalización, ésta proseguirá, pero adecuándose a unas realidades cambiantes. China seguirá defendiéndola en la medida que ha favorecido su desarrollo económico y sacaba de la pobreza a centenares de millones de chinos. También otros países emergentes seguirán el modelo chino de desarrollo. Además, la Globalización no es la causa principal de la pérdida de puestos de trabajo en Occidente. También influye la revolución tecnológica con la robotización. Hoy, las grandes cadenas de producción mundial están fragmentadas entre varios continentes y países. Ocurrió con el sector industrial y proseguirá con los servicios. La solución no llegará levantando otra vez barreras al libre comercio y a las personas. Urge controlar la libre circulación de capitales, muchos de ellos refugiados en paraísos fiscales, sobradamente conocidos por Trump. El complejo escenario mundial precisa una mayor cooperación que favorezca el comercio mundial y las inversiones extranjeras, pero también un mejor reparto de los beneficios económicos para corregir las grandes desigualdades económicas y sociales y el grave impacto medioambiental. Trump será un presidente pro-business pero poco interesado, a diferencia de Barack Obama, en defender los “bienes globales” como los Derechos Humanos o la lucha contra el Calentamiento Global. Sobra demagogia populista y falta una mejor “Gobernanza” mundial.

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