MEDIO AMBIENTE
“La agricultura es víctima del cambio climático, pero también su solución”
Francesc Reguant y Lorena Farràs dedican un libro al futuro de producir alimentos

Francesc Reguant y Lorena Farràs, autores de ‘Cuits pel clima’, con ejemplares de su libro.
“La agricultura es la primera víctima del cambio climático, y también una de sus causas y una solución”. Así lo afirma Francesc Reguant, economista que preside la comisión de Economía Agroalimentaria del Col·legi d’Economistes de Catalunya. Es autor junto con la periodista Lorena Farràs del libro Cuits pel clima. Produir aliments en temps de canvi climàtic, publicado por Bresca Editorial. Esta obra explora diferentes estrategias para mantener una producción alimentaria suficiente para sostener la población humana con menos impacto ambiental.
Reguant advierte que este objetivo solo se puede alcanzar “aceptando la complejidad del problema”. “La agricultura ecológica es una opción de producción, pero no puede alimentar por sí sola a todo el mundo”, cita como ejemplo, y defiende que “no podemos renunciar a la tecnología genómica”, en cuanto abre la puerta a “cultivos más resistentes y a prescindir de insecticidas”. También se muestra partidario de potenciar la producción de proteína alternativa como la procedente de algas. En cuanto al modelo productivo, asegura que “el cooperativismo es ahora más importante que nunca” puesto que “la tecnología redimensiona a las empresas y obliga a hacerlas más grandes”.
El libro abarca también otras cuestiones como la agricultura regenerativa y de precisión, la intensificación de cultivos con técnicas como la hidroponia o el empleo de energías renovables, y examina quince experiencias reales.
“A menudo se contabiliza como payeses a quienes no lo son”
“A menudo contamos como agricultores a personas que no lo son”, afirma Reguant, y advierte que eso provoca disfunciones al pronosticar el futuro del sector y cuestiones como su relevo generacional. “Suelen incluirse propietarios de suelo agrícola ya jubilados e incluso personas que han heredado fincas y que nunca han trabajado en el campo”, afirma. El resultado de ello es considerar que este colectivo “es más numeroso y envejecido de lo que realmente es”. El economista subraya que solo deberían contarse como payeses las personas dedicadas profesionalmente a la actividad agrícola y en activo. Apuntó que esta perspectiva ofrece una visión muy distinta: “Son menos numerosos, pero la mayor parte de ellos se encuentra entre los 40 y los 50 años, tal como sucede en la pirámide de edad de cualquier otro sector económico”, subraya.