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METEOROLOGÍA

Bosque y maleza ganan 1.000 ha al año en Lleida y crece el riesgo de incendio

La vegetación silvestre ya ocupa más de la mitad de la superficie de Ponent

Bosque silvestre y maleza ganan terreno a la silvicultura y el secano, como muestra este tractor. - ROGER SEGURA/ACN

Bosque silvestre y maleza ganan terreno a la silvicultura y el secano, como muestra este tractor. - ROGER SEGURA/ACN

Lleida

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El arbolado silvestre y la maleza ya ocupan más de la mitad del territorio de la demarcación de Lleida, en un proceso de crecimiento del bosque que, por el incremento de la biomasa que actúa como combustible, aumenta tanto las posibilidades de que haya incendios como la virulencia de los que se produzcan donde crece el manto vegetal.

La superficie de arbolado silvestre, maleza y hierba, crece a una velocidad de más de mil hectáreas por año en Lleida, en un proceso que tiene como consecuencia principal en las zonas de llano y de media montaña el aumento de la biomasa, y con ella del riesgo de incendios y de la virulencia de estos al incrementar el combustible susceptible de arder.

Esa evolución del territorio, que en el caso de Lleida ha hecho que más de la mitad del territorio de la demarcación (53,2%) esté ocupado por arbolado silvestre y por maleza, es una de las dos causas básicas del aumento de los incendios en número y en virulencia en los últimos años. La otra es la tendencia a los eventos extremos de temperatura, sequedad y lluvia de los parámetros meteorológicos al socaire del calentamiento global.

“La tipología y la virulencia de los incendios ha cambiado. Los pirocúmulos hacen que su direccion y su velocidad cambien de manera repentina, y eso dificulta su gestión”, explica Álvaro González Amorrich, jefe del servicio de Implantación de la dirección general de Protección Civil de la Generalitat. “Su comportamiento es muy preocupante, porque su intensidad y magnitud es muy difícil de gestionar”, añade.

Uno de los factores que influyen en esos parámetros es la cantidad de combustible, biomasa en este caso, que queda expuesta al incendio. Y ese elemento, al que se añaden otros como la expansión de la climatología árida por la franja central y la orla oriental de la provincia, se encuentra en claro crecimiento en la demarcación de Lleida.

Los datos del Idescat (Institut d’Estadística de Catalunya) sobre los usos del suelo indican que el monte ha crecido en las dos últimas décadas en Lleida a una velocidad de algo más de mil hectáreas por año: 20.564 entre 2003 y 2023 en la suma del bosque silvestre (sin ordenación), la maleza, los yermos y la superficie de explotación forestal.

Esos cuatro tipos de terrenos ocupan dos tercios del territorio (66,99%), con una evolución sin apenas cambios cuantitativos (era el 65% hace dos décadas) pero que sí los ha tenido, y de carácter estructural, en el cualitativo: el bosque y la maleza han avanzado a razón de casi 5.500 y de más de 4.300 hectáreas por año hasta sumar, respectivamente, 369.201 y 276.813 hectáreas y ocupar el 53,22% del suelo de la demarcación. Eran 109.764 y 86.887 menos en 2003, cuando su peso territorial se quedaba en el 36,97%.

Ese avance, concentrado en las comarcas del llano en más de un 90%, se ha producido por una ocupación de los yermos (29.275 hectáreas en dos décadas) y del abandono de dos tipos de agricultura: la forestal, que ha perdido 146.812 hectáreas en ese periodo, y los cultivos de secano, que se han reducido en 43.880. Una parte de este último retroceso, no obstante, se debe a la puesta en regadío de 15.807 hectáreas. El cuadro se completa con la urbanización de 6.736 ha, el 0,55% del suelo, en dos décadas.

En la montaña, el avance del bosque tiene un triple impacto: un asentamiento del terreno simultáneo a una reducción de la erosión y a una absorción de la escorrentía que merma del caudal que llega a los ríos.

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