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ENTREVISTA

Anna Sàez: «La Granja d’Escarp vivió una guerra civil antes de la Guerra Civil»

La directora de SEGRE publica hoy ‘L’enverinadora’, un libro a caballo entre la crónica periodística y la autoficción en el que recupera la truculenta historia de una asesina en serie rural de los años 30 del siglo XX

«La Granja d’Escarp vivió una guerra civil antes de la Guerra Civil» - MAGDALENA ALTISENT

«La Granja d’Escarp vivió una guerra civil antes de la Guerra Civil» - MAGDALENA ALTISENT

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La filóloga, periodista y escritora Anna Sàez Mateu (La Granja d’Escarp, 1969), directora de SEGRE desde septiembre de 2023, publica hoy su nuevo libro, L’enverinadora (Pòrtic), en el que recupera una truculenta historia negra ocurrida hace noventa años en su localidad natal –incluso en su casa natal– y que se convirtió entonces en lo que hoy calificaríamos de un auténtico fenómeno mediático. Un true crime, antes de que se pusiera de moda esta definición, protagonizado por una asesina en serie rural. Sàez presentará el libro este viernes (19.00 h) en la librería Caselles de Lleida, acompañada de Teresa Ibars y Jordi Vilalta, que leerán fragmentos de la obra.

¿Novela, no ficción...?

Yo definiría el libro como un híbrido entre la crónica periodística y la autoficción, ya que en realidad yo también me convierto en la ‘protagonista’ de un crimen de hace 90 años en La Granja d’Escarp, que acabó llenando páginas y páginas en diarios de toda España, e incluso del extranjero.

¿Qué ocurrió?

El personaje principal es Dolors Coït. Fue detenida en abril de 1935, cuando tenía 21 años, acusada de haber envenenado con arsénico a 5 personas de su familia: la suegra, su marido, su cuñada, el marido de esta y el bebé de ambos, de 11 meses.

Una historia en la que tiene una conexión personal muy directa.

¡Tres de las víctimas vivían en mi casa! En la primera planta de la casa de mi familia en el pueblo, un espacio que desde que nací siempre había visto vacío, oscuro, misterioso...

¿Cuándo descubrió que en ese piso ocurrió una tragedia?

Fue cuando yo tenía diez u once años. Una amiga me enseñó una carpeta de su abuela en la que había guardado una gran cantidad de recortes de prensa de la época de los crímenes. Uno de los artículos estaba ilustrado con una foto... ¡de mi casa! Les pregunté a mis padres y no quisieron saber nada. “¡Demasiado que se habló en su día!”, me despachó mi padre. Y eso que habían pasado más de 40 años desde los crímenes.

Y eso la intrigó más.

Sí, de hecho lo que más me interesó de esta historia es que Dolors consiguió convertir estos crímenes en una especie de tabú del que nadie en La Granja quería hablar durante mucho tiempo. Cuando la gente salía del pueblo, a la mayoría incluso le daba vergüenza identificarse como vecinos de La Granja porque todo el mundo les decía: “Ah, del pueblo de la envenenadora”. Quedaron marcados durante décadas, como un estigma. La verdad es que La Granja vivió una guerra civil justo antes de la Guerra Civil, con una fractura social entre amigos y parientes de la envenenadora y de las víctimas.

Una Guerra Civil que también ‘influyó’ en el caso.

El 3 de julio de 1936 la condenaron a 150 años de prisión. Dolors llegó a incriminar como cómplice a su propia madre, a la que condenaron a 74 años. Pero a los 15 días estalló la Guerra Civil y se abrieron las prisiones. Al final, no ingresaron en la cárcel hasta diciembre de 1939. A los 20 años salieron en libertad.

La historia acaba casi de película.

Con 45 años, Dolors se instaló en Madrid, en la calle Ferraz. Se casó con un hombre más joven que ella y... ¡le tocó la lotería! En su casa tenía incluso personal de servicio. La verdad es que finalmente pudo vivir como la gran señora que había soñado ser desde joven. Falleció en 2015 en una residencia de ancianos a los 102 años. Curiosamente, sus años de cárcel durante el franquismo la ‘disfrazaron’ de presa política entre sus compañeros de residencia.

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