El fin del Challenger: este miércoles se cumplen 40 años del fatídico accidente de la NASA
El accidente, televisado en directo por todo el mundo, se llevó la vida de sus siete tripulantes y detuvo las misiones espaciales durante tres años

La explosión del 'Challenger' se televisó en todo el mundo.
Ahora hará 40 años que pudimos vivir en directo por televisión una de las imágenes más impactantes de la historia de la exploración espacial y uno de los siniestros que probablemente se recordarán para siempre. Sobre las cinco y media de la tarde hora catalana del día 28 de enero de 1986, el transbordador espacial Challenger despegó desde el Centro Espacial Kennedy ante la mirada de millones de espectadores por todo el mundo. Sólo 73 segundos después del lanzamiento, la nave se desintegró en pleno vuelo y se convertiría en una de las tragedias más chocantes de la historia de la exploración espacial.
Sabías que...?

En la fila de atrás, de izquierda a derecha: Ellison S. Onizuka, Sharon Christa McAuliffe, Greg Jarvis y Judy Resnik. En la fila de delante, de izquierda a derecha: Michael J. Smith, Dick Scobee y Ron McNair.
El programa de la NASA del transbordador espacial o Space Shuttle representaba, en aquel momento, la promesa de un acceso al espacio más rutinario y asequible. Era un proyecto que permitía trasladar carga y astronautas en el espacio con unas naves reutilizables que eran especialmente vistosas, de su despegue con los cohetes de combustible y motores adyacentes hasta su aterrizaje como una especie de avión planeador espacial.
La misión STS-51-L del Challenger no era una masa excepcional desde el punto de vista científico, pero sí desde el simbólico: entre la tripulación había Christa McAuliffe, una profesora seleccionada para impartir clases desde el espacio. El objetivo era acercar la ciencia y la astronomía a las escuelas y al gran público. La misión también tenía que aprovechar el hecho de que coincidía con la aproximación del cometa Halley a la Tierra para poder observarlo desde el espacio.
La investigación posterior reveló que la causa inmediata del desastre había sido el mal funcionamiento de una junta tórica de goma en uno de los cohetes auxiliares. Les bajas temperaturas de la mañana del lanzamiento comprometieron su elasticidad. La apertura de una brecha por donde salió gas caliente estropeó estructuralmente el sistema desencadenando la destrucción de la aeronave.
El accidente del Challenger sacudió profundamente la NASA y la opinión pública. Los vuelos de los transbordadores se suspendieron durante casi tres años, y el programa espacial tripulado entró en una fase de revisión profunda. A partir de aquel momento, la seguridad y la gestión del riesgo ocurrieron ejes centrales de cualquier misión, aunque siempre hay que recordar que la exploración del espacio es una empresa humana, ambiciosa y frágil al mismo tiempo, por lo tanto llena de riesgos.