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PATRIMONIO RESTAURACIÓN

Guissona redescubre su historia

Actualizada 19/09/2018 a las 10:16
La restauración de la fachada de la iglesia de Santa Maria ha puesto al descubierto alguno de los secretos de este edificio de finales del XVIII || Las obras tienen un presupuesto de 147.000 euros
Imatge de la façana de l’església de Santa Maria de Guissona, en obres des del mes de juny passat.

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© Imatge de la façana de l'església de Santa Maria de Guissona, en obres des del mes de juny passat.

X. SANTESMASSES

Las obras de mejora en la fachada de la iglesia de Santa Maria de Guissona han puesto al descubierto algunos de los secretos que esconde este edificio histórico, una mole cuadrada de 30 metros de alto por 30 de ancho. Las dos coronas situadas a ambos extremos de la fachada guardan en su interior una enigmática inscripción tachada con pintura negra, aunque el paso de los siglos ha favorecido la reaparición de las frases originales. La inscripción de la izquierda recuerda que el 8 de septiembre de 1736 Guissona recibió de forma solemne el cuerpo de San Plácido, patrón de la villa. La de la derecha, en cambio, dice que la iglesia comenzó a construirse en 1771 y que fue consagrada en octubre de 1800. Aquellos grabados originales durarían pocos años pues, tras la proclamación de la Constitución de 1812, se sustituyeron por dos artículos del texto constitucional. No es extraño si tenemos en cuenta que el primer presidente de aquellas cortes, Llátzer Dou, era de Cervera. “Todos los españoles tienen libertad de escribir imprimir y publicar sus ideas políticas sin necesidad de aprobación ni licencia alguna” y “todo español está obligado a defender la patria con las armas en la mano cuando fuere llamado por la ley,” rezaban las nuevas consignas, que fueron tachadas con pintura negra en 1823 tras el trienio liberal con el afincamiento del absolutismo monárquico de Fernando VII y la consecuente abolición de aquella primera constitución. Pero la cubierta de la iglesia es un retrato de muchas otras historias. Así, hasta el año 1992 tenía adosado un pedestal romano, hoy en el Museu de Guissona, en el que una mujer daba gracias a su patrón por haberle otorgado la libertad. Asimismo, las esculturas del Pare Coll (ver desglose de la derecha) y la de Sant Josep de Calassanç recuerdan buena parte de la historia de la docencia local. La falta de recursos impidió que la restauración de la fachada no empezase hasta el mes de junio, cuando comenzaron las obras con un presupuesto de 147.000 euros subvencionados por la Generalitat, la Diputación, la empresa BonÀrea, el ayuntamiento, el obispado y la parroquia.

Una reforma “muy necesaria”
Imatge de la façana de lesglésia de Santa Maria de Guissona, en obres des del mes de juny passat.
Las inscripciones tras las coronas tachadas con pintura negra.

El restaurador de la fachada, Albert Gaset, explica que se hizo una construcción sobredimensionada para la población que tiene Guissona “y su mantenimiento no ha sido ni bueno ni fácil”. Con todo, apunta que la gran degradación de la fachada ha tenido lugar en los últimos 40 años y ha estado provocada sobre todo por el cambio climático, la mecanización y las colonias de palomas que durante los últimos años se han instalado en el edificio. De hecho, “los trabajos han ido provocando desprendimientos y era una actuación necesaria desde hace más de una década”.

El dedo perdido del Pare Coll
Imatge de la façana de lesglésia de Santa Maria de Guissona, en obres des del mes de juny passat.
La estatua del Pare Coll, sin el dedo pulgar.

La escultura del Pare Coll, fundador de la congregación de Dominicas, luce sin pulgar después de que un joven se lo arrancase sin querer cuando colocaba los carteles del día de Reyes en 1999, como ya publicó SEGRE. Albert Ribalta, que entonces tenía 19 años, guardó el pulgar en el interior de un paquete de tabaco y no fue hasta 20 años después cuando lo retornó al Museu de Guissona. Los restauradores ya avanzaron a este diario que recolocarán el dedo en la escultura en las próximas semanas, aprovechando las obras en la fachada.
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