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TRIBUNALES LITIGIO DEL ARTE

La sentencia que obliga a entregar el arte a Aragón no se puede ejecutar

15/12/2019 a las 05:20

La defensa de Lleida cree que el juez deberá pronunciarse antes sobre una resolución del TSJC

La sentència que obliga a entregar l’art a Aragó no es pot executar

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© La sentència que obliga a entregar l'art a Aragó no es pot executar

MAITE MONNÉ

Comeremos turrones sin que la Guardia Civil haya entrado de nuevo en el Museu de Lleida para llevarse arte en litigio. También, probablemente, los turrones del año que viene. Están convencidas de ello fuentes cercanas a la defensa del Museu de Lleida, que han explicado a este diario que la sentencia que ha dictado esta semana el juzgado de Barbastro, en la que se ordena al Museu entregar 111 obras en litigio a 43 parroquias de la Franja, no se puede ejecutar. No, al menos, de forma inmediata. Por dos razones: en primer lugar, porque se presentará un conflicto competencial que paralizará la causa hasta que lo resuelva el Supremo (Lleida dice que el asunto debe dirimirse en la vía contencioso-administrativa y no en la civil); y en segundo lugar, porque si el juez ordena la ejecución, tal como pedirán el gobierno de Aragón y el obispado de Barbastro, Lleida exigirá que antes se pronuncie sobre una sentencia firme del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya del año 2008, cosa que no ha hecho en la sentencia pese a que fue expresamente requerido para ello.

El titular del juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Barbastro, Carlos Lobón Lacueva, ha dictado esta semana una sentencia de 80 páginas. La cuestión de la unidad de la colección del Diocesà, protegida por la ley de Patrimonio catalana, se aborda en la página 69 y se resuelve en la 70. Un solo folio de 80. Los restantes se dedican casi en su totalidad a rechazar los argumentos de Lleida sobre la propiedad. La cuestión de la unidad de la colección se despacha en una página en la que, tras reproducir algunos artículos de la ley catalana de Patrimonio, se rechaza la pretensión de Lleida con una sola frase: “tratándose de bienes que pertenecen a las parroquias aragonesas, no debieron haber sido declarados como integrantes del patrimonio catalán”. El juez no hace ninguna referencia a la sentencia firme del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya que avaló en 2008 la unidad de la colección del Diocesà y, consecuentemente, la imposibilidad de disgregarla sin el correspondiente permiso para ello del departamento de Cultura de la Generalitat. En el recurso que se presentará a una petición de ejecución de la sentencia, el Museu exigirá que el juez se pronuncie sobre ella, que impediría el traslado del arte en litigio si no lo autoriza la administración catalana. Aunque, obviamente, el juez podría hacer caso omiso de nuevo a esta petición, como ya ha hecho en la sentencia, eso es altamente improbable, según las fuentes cercanas a la defensa de Lleida consultadas por este diario, “porque constituiría poco menos que prevaricación”.

De manera que Lleida tiene el convencimiento de que la Guardia Civil no repetirá, al menos de forma inmediata, lo que hizo hace dos años, cuando se llevó el arte de Sigena coincidiendo con la aplicación del 155.

Este pleito es interminable...

Recuerdo que cuando llegué al Museu de Lleida en 2015 dije que este litigio no debía ser nuestra vida cotidiana, pero lo cierto es que se ha convertido en nuestra pasión, entendiendo como pasión el vía crucis de Cristo.

¿Por qué es legítima la colección?

El Museu de Lleida no es una excepción. Desde la Revolución Francesa, las colecciones se construyen a partir de una política de adquisiciones muy diversa. El Louvre tiene 300 años de historia, con todos los componentes de carácter político, nacional y colonial. Lo mismo pasa con el British, con el añadido de algunos pactos con gobiernos locales en el tema, por ejemplo, del Partenón. El Museu de Lleida nace a partir de de dos colecciones previas. Una, la del IEI, tenía un origen provincial. Fue creada por la dirección general de Bellas Artes del gobierno español del segundo tercio del siglo XIX, que intentó organizar el patrimonio arqueológico, etnológico y artístico de las provincias. La otra, privada, era la del museo diocesano, que en su origen era un museo del Seminari, también de finales del siglo XIX. Fue creada por un señor ilustrado, el obispo Meseguer, que había aprendido de la ilustración del obispo Morgades. Estas dos personas dieron el pistoletazo de salida a nivel del estado español en la protección de las colecciones de arte.

¿Hay que seguir protegiéndolas?

Por supuesto. Los códigos deontológicos internacionales dejan claro que las colecciones son importantes, más allá de cómo se han formado. Hay que respetar su origen y formación, porque no se han hecho en detrimento de un terriotorio, una parroquia o una comunidad, sino con la idea de la protección y de la transmisión de un mensaje. El Museu de Lleida nace con estas dos colecciones en la década de los 80 del siglo pasado, antes de que se iniciara el conflicto.

¿Por qué es tan difícil compartir el arte?

Yo tengo una relación excelente con los centros de estudios de la Ribagorza y de Fraga, pero: ¿podemos hablar con el presidente de Aragón o con la diputación de Huesca?

Entiendo que es una pregunta retórica y me dice que no.

El presidente aragonés, Javier Lambán, ha dicho que ha sido una “justicia poética” que la sentencia haya coindicido con los dos años de la entrada de la Guardia Civil en el Museu por el arte de Sigena, y el juez que ordenó esa entrada ha dicho que tenía miedo de que se produjera un atentado y quemaran el camión que llevaba las obras. ¡Qué barbaridad!

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