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ENTREVISTA LITERATURA

Juan Cal: «Retrato a la generación que superó la barrera mental del franquismo»

Actualizada 08/03/2020 a las 09:29

El director ejecutivo de SEGRE presenta el próximo miércoles en la Paeria su tercera novela, ‘Generación 1974’, un libro de “autoficción” ambientado en un año del final del régimen franquista, “el más cruel y salvaje”

«Retrato la generació que va superar la barrera mental del franquisme»

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© «Retrato a la generación que superó la barrera mental del franquismo»

MAITE MONNÉ

Cinco años después de estrenarse en el mundo literario con El exilio de Mona Lisa, ‘carrera’ que siguió en 2018 con su segundo título, Operación Bucéfalo, el director ejecutivo de SEGRE, Juan Cal, publica su tercera novela, Generación 1974 (Editorial Milenio), una historia ambientada en “uno de los años más crueles y salvajes del final del franquismo”. El autor presentará su nuevo libro el próximo miércoles en la Paeria (19.00 h) en un acto que presidirá el alcalde, Miquel Pueyo, en el que también participarán el periodista y empresario Tatxo Benet, la escritora Montse Sanjuan y la editora Eulàlia Pagès.

Se estrenó con una historia de exilio tras la Guerra Civil; siguió con el narcotráfico en Galicia y ahora viaja al final del franquismo, ¿una nueva frontera entre dos épocas?

He querido reconstruir el paisaje de un año concreto del final del franquismo, el más cruel y salvaje, desde el atentado de Carrero Blanco, en diciembre de 1973, al de la calle Correo, junto a la Puerta del Sol, en septiembre de 1974, que mató a doce personas, y con la muerte por garrote vil de Salvador Puig Antich por en medio.

¿Novela histórica?

No, no he querido caer en revisionismos históricos. La novela es un retrato de una generación, la mía, que aquel año comenzó a estudiar en la universidad. Fue un momento de ruptura. Para los que estaban ya en las aulas, de ruptura política salvaje. Para los que empezábamos, de iniciación salvaje. El reto ha sido intentar explicar a partir de experiencias no heroicas la vida cotidiana de la gente que se encontró en medio de aquel huracán político. No es un homenaje, es un retrato de una generación. Me motivó escribir contra una determinada mirada despectiva que hoy existe contra el régimen del 78, porque creo que no deberíamos despreciar el enorme esfuerzo político y social que hizo mucha gente para superar la barrera mental del franquismo.

Un paisaje en blanco y negro.

Intento reconstruir como si fuera un telón de fondo una fotografía histórica en blanco y negro, cosas que viví o que me fueron explicando aquí y allá de aquel paisaje vital y cultural del año 1974.

Póngale una etiqueta al libro.

Creo que se amolda bastante a un género ahora muy en boga, el de la autoficción, una potente mezcla entre pura ficción y elementos de memoria autobiográfica, de gente que compartió experiencias conmigo en aquella época en la que teníamos entre 18 y 20 años.

¿Hay protagonistas de ficción?

Una joven militante de ETA, Amaia, sola y con una hija, que vive en Madrid oculta de la policía y también de los que fueron sus compañeros de organización. Tenía que ser la protagonista de un capítulo pero, a medida que escribía, fue cogiendo fuerza y ahora es la mitad de la historia.

¿Se esconde de sus antiguos compañeros?

Sí, no solo se esconde de las fuerzas policiales por las acciones armadas en las que participó sino que también sufrió el drama de los maltratos por parte del que había sido su jefe de comando, compañero sentimental y padre de su hija. No pretendía narrar una historia vinculada al movimiento #MeToo, pero me he encontrado en medio de esta corriente describiendo unas actitudes machistas que también se daban en aquella época en las organizaciones de izquierda, pero que se silenciaban para no perjudicar el ‘ideario’.

En el prólogo confiesa lo difícil que le resultó encontrar un final ‘redondo’ para la novela.

A diferencia de un maestro como Pep Coll, que siempre tiene un mapa de cómo evolucionarán sus historias con final incluido, yo nunco lo tengo claro. ¡Muchas veces dejaría la novela sin final! De hecho, Generación 1974 podría haber funcionado sin un final. Patrick Modiano, uno de los autores de los que estoy enamorado, no escribe finales. Dice que lo menos importante es cómo acaba, sino cómo se va desarrollando la acción. Pero mi novela se merecía un final, el lector espera saber qué ha pasado con la protagonista.

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