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La Vall de Boí, 20 años de orgulloso románico

  • M. Cabello / P. Rodellar
Actualizada 01/12/2020 a las 11:36

Se cumplen dos décadas desde que la Unesco declarara 8 iglesias y una ermita Patrimonio de la Humanidad

Visita guiada especial a Sant Climent de Taüll

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© Visita guiada especial a Sant Climent de Taüll

ACN
Les campanes de l'església de Santa Maria de Cardet van sonar ahir.

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© Las campanas de la iglesia de Santa Maria de Cardet sonaron ayer.

ACN

Las campanas de las nueve iglesias románicas de la Vall de Boí (Sant Climent y Santa Maria de Taüll, Sant Joan de Boí, Santa Eulàlia d’Erill la Vall, Sant Feliu de Barruera, la Nativitat de Durro, Santa Maria de Cardet, l’Assumpció de Cóll y la ermita de Sant Quirc de Durro) repicaron ayer para recordar que hacía exactamente 20 años que fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Como ya pasara el 30 de noviembre del 2000, su tañido inundó todos los pueblos de la Vall del mismo modo que también lo hicieran la alegría y el cava que hicieron correr sus vecinos hace dos décadas. Este reconocimiento de un patrimonio que cuenta con más de nueve siglos de historia revitalizó el territorio, lo puso en el mapa turístico internacional y consiguió atraer a más de dos millones y medio de visitantes, unos 130.000 anuales. Sin embargo, el repique de campanas no fue el único homenaje celebrado ayer para conmemorar la efeméride.

El programa de actividades elaborado por el Consorci Patrimoni Mundial de la Vall de Boí también contó con una visita guiada a la iglesia de Sant Climent de Taüll y una fiesta de homenaje en el templo de Sant Joan de Boí, en la que actuó el grupo de acordeonistas Ribatònics y en la que participaron distintas personalidades como el director del Institut d’Estudis Ilerdencs (IEI), Joan Josep Ardanuy, la alcaldesa de la Vall de Boí, Sònia Bruguera o el director de los Serveis Territorials de Cultura, Miquel Àngel Cullerés, entre otros. Asimismo, el acto también contó con autoridades que estuvieron presentes en el momento de la declaración como Josep Pont, entonces presidente de la Diputación de Lleida; Joan Peralada, alcalde enese momento; y Carme Polo, encargada de redactar el proyecto. Perelada explicó que se siente particularmente “orgulloso” de haber impulsado esta iniciativa hace más de 20 años con la ayuda de otras muchas personas. “Fue un trabajo brutal de más de dos años que finalmente culminó con éxito. Gracias a este reconocimiento los vecinos del territorio comenzaron a creerse lo que había en sus pueblos, les subió la autoestima, fue muy bonito”, afirmó Perelada, quien indicó también que gracias al sello de la Unesco pudieron restaurarse casi todos los templos y conseguir que “cuando se hable de románico en el mundo, se esté hablando de la Vall de Boí”.

Por su parte la actual alcaldesa, Sònia Bruguera, explicó que la declaración supuso un revulsivo económico. “Fue un altavoz para que la Vall de Boífuera conocida en todo el mundo”. Después de dos décadas en las listas de la Unesco, dijo Bruguera, que continúan trabajando a pleno rendimiento para dar a conocer este patrimonio, destacando la renovación del mapping audiovisual y la puesta en marcha próximamente de un nuevo proyecto de museografía de la iglesia de Sant Joan de Boí. El mapping, inaugurado en 2013, permite descubrir cómo era la iglesia cuando se consagró el 10 de diciembre de 1123,.

Con respecto al efecto de la pandemia en el número de visitantes, Fabbienne Laclare, del Centre del Romànic de la Vall de Boí indicó que se han visto “sorprendidos por la gran afluencia de gente pesar de los impedimentos” y que se está trabajando para que puedan llevarse a cabo también visitas online gracias las nuevas tecnologías. La fiesta conmemorativa de terminó con una degustación de productos de Torrons Alemany.

Una noche larga y llena de incertidumbre que terminó en una fiesta

Barruera va ser una festa el matí del 30 de novembre del 2000Barruera fue una fiesta la mañana del 30 de noviembre del 2000 / Josep de Moner

El reloj marcaba las 7.10 horas de un 30 de noviembre del 2000 cuando el aclalde de la Vall de Boí por aquel entonces, Joan Perelada, recibió la llamada más esperada. El conjunto de nueve iglesias románicas de la Vall entraban en el selecto grupo del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. “Fue una noche horrible y muy larga” confiesa Perelada. El comité de la Unesco que decidía qué nuevos espacios entrarían a formar parte de los considerados Patrimonio de la Humanidad, se reunía en Cairns, Australia. La diferencia horaria provocó que todos los vecinos de los pueblos que conforman la Vall de Boí, se mantuviesen despiertos. “No durmió nadie, estábamos muy nerviosos. Comenzamos nuestra velada con muchas ilusiones, pero conforme iban pasando las horas, nos llegaban algunas informaciones que indicaban que no íbamos a conseguir el reconocimiento, con lo cual comenzó a cundir el desánimo. Sobre las cuatro de la madrugada comenzaron a enumerarse algunos de los espacios que iban a recibir el sello, pero entre ellos no se encontraban nuestros templos. Finalmente poco después de las siete de la mañana, llegó la buena noticia. Se ve que se habían ido a comer y no habían dado todos los nombres todavía”, afirmó alegre Perelada. Tras las buena nueva, las campanas de las nueve iglesias comenzaron a sonar, la alegría invadió el territorio y las copas de cava también. 

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