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El 67% de los ciberacosadores antes han sido víctimas

  • Redacció
Actualizada 14/10/2016 a las 11:44
El apoyo de los padres a la hora de utilizar las nuevas tecnologías reduce el riesgo de sufrir bullying en la escuela
Una jove conversa via Whatsapp

Una joven conversa vía Whatsapp

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Actualmente uno de cada cuatro acosos ya se hace por medio de las redes sociales y del móvil, según revela un estudio de la Fundació Anar que se acaba de publicar sobre ciberacoso escolar (ciberbullying). La mitad de los menores reconoce haber sufrido ciberacoso en algún momento y el 45%, haber agredido por medio de la red. Los jóvenes que han sido víctimas de algún tipo de acoso tanto dentro de la red como fuera tienen más tendencia a tener conductas agresivas en línea.

Con la llegada de internet y de los móviles el fenómeno del acoso ha traspasado las paredes escolares y ha tomado formas nuevas. Con el ciberacoso la persecución se puede llegar a dar las veinticuatro horas del día, siete días a la semana y, además, por múltiples canales. Hay tantas formas de ciberacoso que para los expertos resulta complicado estudiar el fenómeno. Y es que puede incluir desde amenazas o mensajes desagradables por correo electrónico, mensajes de texto o chat hasta publicaciones en páginas web o difusión de imágenes humillantes...
Los jóvenes que se involucran en comportamientos de ciberacoso también tienen más probabilidades de haber sido víctimas fuera de las redes
La profesora de criminología de la UOC Irene Montiel ha hecho un estudio con cerca de 4.000 adolescentes españoles de entre doce y diecisiete años en que se ha constatado que la mitad de los menores ha sufrido ciberacoso y el 45% reconoce haber agredido. Para Montiel, que es experta en ciberdelincuencia, hay un dato que se tiene que tener muy en cuenta, y es que el 67% de los ciberacosadores antes han sido víctimas, cosa que quiere decir que haber sufrido ciberacoso puede ser un factor de riesgo de convertirse también en agresor.

De hecho, según esta profesora, «los jóvenes que se involucran en comportamientos de ciberacoso también tienen más probabilidades de haber sido víctimas fuera de las redes, sea de violencia interpersonal, física o sexual».
Perfil del ciberagresor y de la cibervíctima
El perfil del ciberagresor más habitual es un chico de entre catorce y quince años, mientras que las víctimas más frecuentes suelen ser chicas de dieciséis-diecisiete años. Los chicos tienen más tendencia a registrar con el móvil todo tipo de agresiones para colgarlas después a la red y las chicas suelen recurrir más a la difusión de rumores y otras agresiones de tipo relacional con el objetivo de conseguir el aislamiento de las víctimas.

En general, cuanto más uso de internet y de teléfonos móviles entre los jóvenes hay, más probabilidades tienen de ser víctimas o agresores por medio de la red. Entre los factores de más riesgo hay la orientación y la identidad sexual. Los jóvenes LGTB tienen tres veces más probabilidades de ser intimidados o asediados en línea que el resto.
Prudencia y apoyo de los padres

Montiel recomienda mucha prudencia a la hora de buscar amigos nuevos por internet, agregar desconocidos a la lista de contactos, inventarse identidades falsas y enviar información personal o fotos a desconocidos. Y alerta que, «si vivimos en una sociedad que tolera ciertas formas de violencia, especialmente las más sutiles, es lógico que los menores las aprendan y las normalicen».

El apoyo de los padres a la hora de acceder a las TIC se considera un factor protector tanto en el acoso tradicional como en el ciberacoso, y la ausencia del control parental es un factor de riesgo: «muchas veces se piensa erróneamente que el hecho de que estén cerrados a su habitación quiere decir que están protegidos, pero no es así». Delante de cualquier tipo de acoso no ayuda nada pensar que es cosa de niños, que no tiene importancia y que ya los pasará, añade.

Según la profesora Montiel, promover la educación en valores, desarrollar la inteligencia emocional, especialmente la empatía, y hacer un uso racional y responsable de las TIC es fundamental para prevenir este tipo de violencia. Asegura que «es muy importante concienciar a los menores de las consecuencias reales de sus actos».

RECURSOS SOBRE PREVECIÓN I DETECCIÓN DEL ACOSO ESCOLAR
Fuera de las paredes de la escuela

El ciberacoso es una forma de maltrato entre iguales que normalmente pasa a la escuela y se caracteriza porque se produce reiteradamente, por la intencionalidad de agredir y por la indefensión de la víctima.

Internet y los móviles han añadido más elementos al fenómeno. Por lo tanto, el ciberacoso tiene unas características propias que el acoso escolar tradicional no tiene. De hecho, según Montiel, «algunos de los criterios tradicionales atribuidos al acoso fuera de línea pierden, en parte, el sentido cuando hablamos de ciberacoso». Para empezar, ya no se produce sólo a las escuelas. Además, tanto los agresores como los espectadores son invisibles, no se tienen que enfrentar cara a cara con la víctima, lo cual genera una distancia entre víctima y agresor, sobre todo emocional. Por otra parte, en los casos de ciberacoso los contenidos se difunden mucho más rápidamente, son muy difíciles de hacer desaparecer y tienen mucha más audiencia, más gente que los ve.

El ciberacoso permite que la persecución se pueda hacer mediante diferentes dispositivos y en diferentes situaciones. Quiere decir que ni siquiera cuando la víctima está en su casa se siente protegida, porque también la pueden asediar para|por el móvil o las redes sociales, por ejemplo. Eso promueve que la conducta de los agresores sea cada vez más impulsiva y desinhibida y que la víctima rápidamente quede aislada y cada vez se sienta más indefensa.

Hay más diferencias entre un acoso y el otro que hay que destacar. Una de las características del acoso es que se tiene que dar de manera repetida. En el caso del ciberacoso, sin embargo, un acto aislado de un agresor que es distribuido por la red puede llegar a millones de personas y tener un efecto negativo para la víctima como si estuviera repetido. Para la profesora Montiel, «eso lleva a la cronificación de la experiencia de victimización». Es poco importante si la intención inicial era hacer daño o si era sólo hacer una broma|bruma, porque|para que cada vez que alguien retuitea un mensaje, de alguna manera se convierte en cómplice, y eso aumenta la probabilidad de que se produzca un impacto negativo en la víctima. Es lo que se denomina el efecto Coliseum.

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