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La etiqueta 'sin gluten', ¿una técnica de marketing engañoso?

Actualizada 03/05/2019 a las 17:16
Hay que tener en cuenta que la celíaca, la intolerancia al gluten y la alergia al trigo son patologías diferentes
Imatge d'arxiu d'aliments aptes per a celíacs.

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© Imagen de archivo de alimentos aptos para celíacos.

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Cuando leemos «sin gluten» en la etiqueta de un paquete de leche fresca o en unas hortalizas, estamos ante un caso de marketing engañoso. Eso se debe al hecho de que «ni la leche, ni las hortalizas, ni muchos otros productos frescos como la carne o los huevos contienen gluten de una manera natural», explica Aida Serra, profesora colaboradora de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

Se trata, además, de una práctica contraria a la legislación actual. La ley obliga a indicar la presencia o ausencia de gluten en algunos alimentos determinados que son susceptibles de llevar, dado que es una información clave para las personas celíacas. Pero la normativa europea, concretada en el Reglamento 828/2104, también persigue prácticas informativas desleales y hace referencia al hecho de que «la información alimenticia no tiene que inducir al error al insinuar que el alimento tiene unas características especiales, cuando, de hecho, todos los alimentos similares tienen estas mismas características».

Estas prácticas, además, pueden inducir a la confusión a las personas afectadas por la enfermedad celíaca, la intolerancia al gluten o la alergia al trigo, que son enfermedades diferentes:

Celiaquía: entre el 1 y el 2% de la población europea está afectada por la celiaquía, una enfermedad autoinmune en la que las proteínas del gluten provocan una atrofia severa de la mucosa del intestino delgado en las personas afectadas, que les impide la absorción de nutrientes.

Intolerancia al gluten: las personas intolerantes al gluten, es decir, que sufren una sensibilidad al gluten no celíaca, tienen síntomas similares que los celíacos, pero no se ha observado una reacción autoinmune al ingerir alimentos y, en su caso, la absorción de nutrientes no está comprometida a causa de un daño en la pared intestinal. La diagnosis de esta intolerancia es difícil, porque todavía no hay biomarcadores y se basa sólo en descartar la celiaquía. Se estima que puede afectar hasta diez veces más personas que la enfermedad celíaca.

Alergia al trigo: estas personas tienen una reacción alérgica que se limita al trigo. «Las personas alérgicas al trigo tienen que prestar mucha atención, también, a los medicamentos, ya que algunos pueden contener gluten, esté en el principio activo o bien en los excipientes. Es muy importante que las personas afectadas lean bien el prospecto y también que se aplique en todos los casos la normativa actual, que obliga a que se detalle la presencia de gluten en los medicamentos», explica la profesora de los Estudios de la Salud de la UOC Anna Bach, que es farmacéutica y doctora experta en nutrición.

«Los celíacos tienen que evitar el gluten completamente, mientras que algunas personas con intolerancia al gluten, las cuales sí que pueden presentar niveles de intolerancia diferentes, pueden ingerir pequeñas dosis de este nutriente. Es lo mismo que sucede con la intolerancia a la lactosa», explica Aida Serra.
en el etiquetado hay que distinguir tres tipos de alimentos
Genéricos: son los alimentos que de una manera natural no contienen gluten y, por lo tanto, no se tendría que mencionar este hecho en la etiqueta. Es el caso del agua, la leche, las verduras, las hortalizas, las legumbres, la carne y el pescado fresco y los huevos.

Convencionales: son los que se pueden fabricar sin gluten, pero que también podrían contener. Son, por ejemplo, los postres o los productos cocinados con salsas y otros condimentos. «El vinagre de Módena, el surimi, las verduras precocinadas o la salsa de soja pueden llevar gluten», afirma Anna Bach, investigadora del grupo FoodLab de la UOC. Estos alimentos tienen que llevar claramente la indicación «sin gluten» en caso de que contengan menos de 20 mg/kg. Se permite esta cantidad ínfima de gluten en los alimentos, porque es muy difícil garantizar la eliminación completa a causa de la contaminación que se puede producir durante el proceso de recolección, manipulación o transporte de los alimentos. Por otra parte, se etiquetan como «contenido muy reducido en gluten» los alimentos que no superan la cantidad de 100 mg/kg. «Estos últimos alimentos podrían ser adecuados para algunas personas intolerantes, pero en ningún caso para los celíacos», recuerda la profesora Aida Serra.

Específicos: son los alimentos que de una manera natural contienen gluten, pero la industria los ha reformulado para eliminar estas proteínas y hacer que sean aptos para celíacos. Esta adaptación se puede hacer en la pasta, el pan o algunas bebidas, y es imprescindible que estos alimentos contengan la indicación «sin gluten».

Así, pues, los usos abusivos de la etiqueta «sin gluten», en lugar de contribuir a la información del colectivo de celíacos, pueden llevar a la creación de mitos y confusiones. Las motivaciones de esta práctica pueden ser comerciales, ya que los últimos años se ha extendido la creencia que una dieta sin gluten es beneficiosa para cualquier persona.

Sin embargo, eso sólo es así para las personas que sufren celiaquía, intolerancia o alergia en el gluten. «Para una persona sana, una dieta libre de gluten no tiene ningún beneficio. Se puede prescindir, porque no es un nutriente esencial, pero no comporta ninguna mejora por sí misma», explica a la profesora Aida Serra. «Es cierto que este tipo de dieta puede ser beneficiosa para personas que sufren el síndrome del colon irritable u otras enfermedades que afectan al funcionamiento correcto del intestino, pero seguir una dieta libre de gluten sin una supervisión médica puede ser perjudicial a la salud, dado que a menudo, al eliminar los cereales que llevan gluten, se tiende a seguir una dieta desequilibrada, baja en fibra y excesivamente rica en azúcares y grasas, a causa de la formulación de los productos sin gluten,» añade.

Hay que combatir mitos como que el gluten engorda, ya que los productos sin gluten a menudo incorporan grasas añadidas que comportan una aportación de calorías mayor. Eso sí: el cambio de una dieta con muchos alimentos industriales, como las galletas o la repostería, a otra de basada en alimentos frescos, como la fruta y las verduras, sí que puede ayudar a perder peso, aunque la presencia o ausencia de gluten no tenga nada a ver.
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