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Larida, otra vez cristiana

La Festa de Moros i Cristians de Lleida regresó ayer a la plena normalidad recuperando todas las actividades y espacios || Desfile con más de 600 'festers' y músicos y batalla final en la Seu Vella

Fin de fiesta ante la Porta dels Apòstols de la Seu Vella, el nuevo espacio elegido para la batalla dialéctica final entre moros y cristianos, que reunió a centenares de personas.

Fin de fiesta ante la Porta dels Apòstols de la Seu Vella, el nuevo espacio elegido para la batalla dialéctica final entre moros y cristianos, que reunió a centenares de personas.AMADO FORROLLA

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Lleida recuperó ayer con toda la normalidad de antes de la pandemia y notable éxito de público la Festa de Moros i Cristians, con un desfile de comparsas que llenó de espectadores el recorrido a media tarde y una batalla ya de noche que abarrotó el Turó de la Seu Vella. Las tropas cristianas tomaron Larida después de tres años de dominio musulmán.

Después de la recuperación el pasado septiembre de la Festa de Moros i Cristians, entonces a medio gas y con ‘empate’ en la batalla final, Lleida retomó ayer de forma plena esta fiesta emblemática del calendario de mayo, que cumplió 26 ediciones en una jornada de calor que se transmitió también con el espectacular vestuario de las comparsas y el ardor guerrero en el Turó de la Seu Vella. Más de 600 festers y músicos, una cifra algo menor que la de 2019, antes de la pandemia, desfilaron a media tarde entre la expectación popular por el habitual recorrido que da inicio en la Porta del Lleó del Turó y, calle Cavallers abajo, desemboca en Blondel y avenida de Madrid hasta la Paeria.

Unas horas antes, al mediodía, el público aplaudió el desfile infantil, que culminó en la plaza Sant Joan (página 4). El presidente de la asociación que organiza el evento, Josep Lluís Gàzquez, se felicitó “por poder volver a llenar calles y plazas de la ciudad con un desfile que hacemos con gran ilusión y fuerza”, a pesar de reconocer que la pandemia frenó las cifras de participación. Gàzquez reivindicó el carácter festivo de esta celebración por delante de la recreación histórica.

Y es que después del ‘empate’ pactado hace ocho meses entre cristianos y moros –estos tenían Larida en su poder desde la edición de 2019–, este año se recuperó la tradicional alternancia con una batalla final en la Seu Vella que ganaron las tropas comandadas por la condesa cristiana de los Anglesola. En un Turó abarrotado de público, al caer la noche se estrenó una de las novedades de esta edición: la escenificación de la fiesta con un nuevo formato, con una primera parte itinerante con inicio al lado del edificio de la Canonja –casi a oscuras al comenzar con retraso el espectáculo– y el enfrentamiento final ante la Porta dels Apòstols, que lució como nunca por efecto de las luces y fuegos artificiales. Otra novedad: la batalla dialéctica, con textos este año a cargo de Joan Pifarré, incluyó una referencia a la copa de oro de los Banu-Hud, leyenda que da nombre a la partida de Copa d’Or de L’Horta de Lleida, donde está ‘enterrada’.

Finalmente, la capitana cristiana Mariona Franco se impuso espada en ristre al caïd moro Antoni Pomés. Este no le imploró por su vida sino por la de la gente de la ciudad. La vencedora le prometió cuidar a la pagesia y le perdonó la vida para acabar la fiesta en paz.

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