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Los olímpicos de Lleida

  • Lorena Metaute
Actualizada 04/10/2016 a las 12:46
Els olímpics de Lérida

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© Los olímpicos de Lérida

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Sabemos el resultado de las competiciones de los olímpicos leridanos: el Saúl Craviotto, la Maialen Chourraut, el AbdelazizMerzougui y el AlbertHermoso, sin embargo... ¿cómo vivieron la parte no deportiva de las olimpiadas deRio? Se lo preguntamos a ellos y al doctor Saló, médico de Lérida que acompañaba la federación de Rugbi.

La Lérida olímpica es la que han construido en Río de Janeiro los piraigüistes Saúl Craviotto y Maialen Chourraut, que suman tres medallas: una de oro cada uno, en K2 y slalom, respectivamente, más la de bronce de K1 del Saúl. La estela leridana en Rio también es cosa del jinete Albert Hermoso y su caballo Hito; el atleta Abdelaziz Merzougui y el médico de la selección española de Rugbi, el doctor del Arnau de Vilanova José Carlos Saló.
Los medios de comunicación dieron todos los detalles sobre la parte deportiva y de competición a las olimpiadas de Rio de nuestros atletas con titulares como “La chica de oro” o “Saúl Craviotto, un ejemplo de oro.” ¿Sin embargo, cómo era el suyo día a día en la villa olímpica? ¿Qué les gustó más y menos? ¿Vivieron con temor la amenaza del virus del Zika? Todas estas preguntas que nos ayudan a visualizar a estos deportistas de élite de nuestra casa en un ambiente olímpico nos las han respondido como quien|quién lo hace a un amigo que lo llama|truca para saber cómo le ha ido y cómo está. Con esta proximidad y sencillez de los grandes, nos han atendido y enviado fotos que habían compartido vía whatsapp con los suyos y, alguna, quizás a través de sus redes sociales.

El tráfico de rio, el gran temor

Aunque los meses antes del inicio de los juegos olímpicos el virus del Zika se convirtió en la primera amenaza por|para la participación de los deportistas en Rio, los olímpicos leridanos no han sufrido para|por los mosquitos, transmisores de la enfermedad. Ni el Zika ni la inseguridad, otro de los debates previos a la celebración de los juegos. El principal problema y temor de los que han participado de las olimpiadas fue el caos del tráfico en la ciudad. “El peor de los juegos fue la muerte del entrenador de piragüismo del equipo alemán. Salieron a cenar fuera de la villa para celebrar los buenos resultados de la competición del día. Cogieron taxis para desplazarse y lo que lo llevaba|traía a él tuvo un accidente”, explica Xabier Etxaniz, entrenador y pareja de la piragüista Maialen Chourraut, que han vivido los juegos de diferente manera en el resto. Uno de los aspectos que destacaban todos los comentaristas y redactores hablando del triunfo de la Maialen era el hecho de que entre su medalla de plata en Londres 2012 y el oro de Rio había sido madre. Para ella es un orgullo poder decir que es “madre piragüista” y que no tiene que escoger entre una pasión y la otra, que puede ser todo lo que la define. En la línea de no renunciar a ninguno de las partes, el Xabier y la Maialen alquilaron un piso a cinco minutos de la villa olímpica, donde l'Ane, de tres años, estaba con su cuidadora, Raquel, ya que está prohibida la presencia de niños en la villa. La foto posttriunfo en la cual la Maialen sale del agua y se acerca en l'Ane, que le señala la primera posición con el dedo índice levantado dio la vuelta al mundo. “Después del oro, la Maialen atendió los medios de comunicación y quiso celebrarlo con l'Ane con tranquilidad. Estando con ella y lo bastante. Cuando fueron a dormir, l'Ane le preguntó: ¿«Mame, pero ha sido un 1 o no? Porque en el podio no había números...» Y creo que esta fue la mejor celebración para ella”, dice el Xabier, orgulloso. El Xabier y la Maialen ya habían ido a Rio en tres ocasiones previas a los juegos con el fin de conocer el río en el cual tenía que competir la piragüista vasca establecida en la Seu d'Urgell. Aprovecharon los viajes anteriores para hacer turismo y este golpe, a las olimpiadas, fueron a competir. Una vez en España, después de pasar unos días en familia, la Maialen, el Xabier y l'Ane volvieron a su casa, en la Seu, donde el pasado lunes 12 de septiembre, su hija empezó la escuela.

“No había por lo tanto. No vi ni un mosquito y no viví ningún tipo de situación en el cual no me oyera|sintiera seguro”, dice el Saúl a la presentadora de Lérida TV Mariví Chacón en una entrevista que le hizo con la cabeza|cabo|jefe de deportes del diario SEGRE José Carlos Monge justo el día en que Lérida le hacía un homenaje al volver de Rio. El temor al Zika y a la inseguridad hizo que tomara la decisión de pedir a su familia que, por primera vez en toda su carrera de deportista, no lo acompañara a las olimpiadas. “Eso me hizo estar más pendiente del móvil de lo que es habitual, ya que era la manera de sentirlos|oír más cerca. Pero fue una decisión acertada porque yo habría estado preocupado por si les pasaba alguna cosa y eso habría afectado a la competición”, explica. El Saúl se acuerda de aquella llamada tabla|puesto oro en la cual su madre lo felicita sin límite y su padre le pregunta qué le ha pasado en la salida que no ha acabado de ir bien. La recuerda con una sonrisa de oreja en oreja. “Mi padre (piragüista todavía en competición) lo mira desde el punto de vista de padre, pero también como deportista y experto en la materia. Sus críticas siempre son constructivas.” La celebración del Saúl, después de los homenajes a Lérida, de la ciudad y al centro que lleva|trae su nombre a la Media, ha sido|estado pasar unos días desconectado del mundo e hiperconectado con su familia. De vacaciones para hacer uno resed y volver a entrenar con la fuerza de “la bestia” que ha demostrado ser en estos juegos, tal como lo han bautizado en algunos medios de comunicación deportivos.

Experiencia agridulce

Albert Hermoso cuida y cría caballos en Os de Balaguer. Es un jinete campeón, reconocido internacionalmente. Pero sobre todo es un amante de los caballos. “Yo soy feliz mientras pueda vivir entre ellos”, nos dice para concluir la respuesta a la pregunta de qué ha cambiado después de su participación en las olimpiadas. Se considera más empresario que deportista y por encima de todo, un compañero de los equinos. Su paso por|para las olimpiadas ha sido agridulce. “A nivel competitivo, lo habría podido hacer mucho mejor. Pero he aprendido mucho y tengo un buen recuerdo del feedback de la gente. He vuelto con más ganas de trabajar todavía”. En su voz resuena la decepción y la resignación que lo han acompañado en su experiencia olímpica. L'Hito, su compañero equino de equipo, tuvo que vivir una serie de vicisitudes desde que salió de España hasta que volvió, que afectaron a su salud y, de rebote, su estado físico y competitivo. Albert, que oye|siente en su piel el padecimiento de sus caballos, no podía seguir los consejos de los que le decían “ya que estás aquí (a las olimpiadas) disfruta de la experiencia”. La sufrió. L'Hito hizo el viaje en avión sin Albert, que lo esperaba en el aeropuerto de Rio el día 30 de julio. “tuvo uno mal quiere que hizo que le subiera la temperatura. En cuanto|Así que lo tuve que dejar descansar, no entrenamos enseguida. Cuando pudimos empezar, al tercer día de trabajo, se desherró. Con la pata de atrás se aplastó la delantera y se arrancó la herradura”, nos explica y justo|nada más empieza con la enumeración de episodios desafortunados de sus olimpiadas. Albert era de los primeros a competir. Al día siguiente de la inauguración se tenía que despertar a las cinco de la mañana para ir a la prueba de doma. “Yo no quería ir a la inauguración, habría preferido descansar y prepararme para competir, pero no fue posible ausentarme. Así que no la disfruté como otros”, dice mientras recuerda que para recurrir|recorrer 100 metros capitaneados por Rafa Nadal estuvieron dos horas. Explica con padecimiento que l'Hito estuvo a punto de no superar las pruebas veterinarias para competir, ya que tenía mucho dolor al desherrarse, incluso le salió un salpullido a la piel, muestra de los nervios con que vivía la experiencia. Así, el caballo, de raza angloárabe, se presentó a la doma como pudo. “A media prueba, se le pasó la lengua por encima del hierro que le ponemos en la boca del caballo para poder conducirlos. Eso significa que te quedas sin volante, no lo puedes dominar. Nunca le había pasado a l'Hito”, lamenta Albert. ¿“Turismo?”, contesta cuando le preguntamos cómo ha visto Rio o qué visitó en el Brasil. “Cuando acabó todo, cogí una noche de hotel cerca de la villa olímpica y me pasé todo un día y toda la noche con fiebre y vomitando. Así fue como mi cuerpo sacó todos los nervios y angustia de lo que vivíamos l'Hito y yo.” A pesar de la experiencia, no pensó en abandonar, aunque era consciente de que no podría conseguir los resultados que habría podido sacar en una situación normal.

Y de repente... rafa navidad

Es como un sueño. Todo aquello que has visto siempre en la televisión, desde el sofá lo vives, y de repente estás allí, siendo un actor más en unas olimpiadas”, nos explica el doctor Saló, médico responsable de la selección española de rugby. “El ambiente en la villa olímpica parecía un poco el que uno vivo haciendo el camino de Sant Jaume. Todos los españoles nos tratábamos como si fuéramos una familia, de igual a igual. Era muy bonito”, recuerda y añade: “Vivías situaciones impensables en otro contexto. Por ejemplo, un día subía al ascensor y cuando se estaba cerrando la puerta, alguien puso la mano para que se volviera a abrir y... era Rafa Nadal. Estuvimos hablando un cuarto de hora. Es un chico muy próximo, tal como dicen, a pesar de ser uno de los mejores deportistas del mundo, conserva la proximidad y este aire familiar que permite admirarlo todavía más. El ascensor”, continúa, “era un lugar|sitio de encuentro y sorpresas. Otro día coincidí con Sergio García, pero de buenas en primeras no lo ubiqué. Me sonaba pero no sabía de qué. Incluso lo confundí con un visitador médico [río] pero él me aclaró que era el golfista español”. El doctor Saló recuerda que el día a día durante los días de competición eran frenéticos. “Solamente me daba tiempo a reponer los medicamentos, los guantes y lo que hacía falta en la maleta botiquín para acompañar los equipos masculinos y femeninos, de nada más”, dice. Salían de la villa a las 8.30 horas para volver pasadas las 21.30 horas, una vez hubiera pasado el control antidopaje diario al cual sometían los jugadores antes de poder retirarse a descansar a la villa. “Yo no he ido a más olimpiadas, pero te puedo decir que en estas, la comida dejaba mucho que desear. Cada día había lo mismo para comer y cenar, sin excepción. Y las distancias entre la villa y la zona de competición eran muy grandes. Hacíamos una media de dos horas de viaje al día... Agotador”. En general, considera que la organización escaseó. “Los baños se atascaban a menudo, el servicio de limpieza era de aprobado y bastante y había pocos ascensores para todos los que éramos... pero con todo, ha sido una experiencia inolvidable. De hecho, lo estoy viviendo mejor ahora, a la vuelta que antes de marcharse o durante”, confesa. “Antes de marcharse tuve que introducir todos los medicamentos que me llevaba de España en una web. Estuve todo un día entero haciéndolo: qué medicamento y cantidad. La revisión de protocolos sanitarios y de vacunas también hizo que los preparativos fueran estresantes. Estando allí, como estás en competición, no tenso tiempo a disfrutar con los cinco sentidos. Es ahora que he vuelto que pienso y lo revivo y lo disfruto”, finaliza el doctor Saló. Cuando|Cuándo hacemos este reportaje, el altleta de 3.000 Abdelaziz Merzougui ya ha viajado en el Sáhara a pasar el resto del verano en familia y eso nos dificulta poder ponernos en contacto con él con cierta fluidez, a pesar de sus esfuerzos. En cuanto|Así que revisamos sus redes sociales para comprobar que lo vivió con ilusión y no perdió ocasión para hacerse muchos selfies.
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