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Tamara Chubarovsky: 'Cambiando la manera de hablar podemos mejorar física y emocionalmente'

  • LORENA METAUTE
Actualizada 17/01/2018 a las 13:24
Lo que decimos construye o destruye. En los niños, además, impacta más la energía de la entonación que la palabra. Este fue el punto de partida de la conferencia que impartió la terapeuta del lenguaje y pedagoga antroposòfica Tamara Chubarovsky en la Facultad de Educación de la UdL, organizada por la asociación l'Olivera. Partiendo de los estudios del arte de la palabra del educador austríaco Rudorf Steiner, esta argentina, que ha encontrado su lugar en España, aporta los estudios y los resultados de tomar conciencia del efecto que producen en nuestro cuerpo y alma los sonidos que contiene nuestro nombre.
Tamara Chubarovsky: “Canviant la manera de parlar podem millorar física i emocionalment”

Todas las imágenes y contenidos de SEGRE.com tiene derechos y no se permite su reproducción y/o copia sin autorización expresa.

© Tamara Chubarovsky: “Cambiando la manera de hablar podemos mejorar física y emocionalmente”

Lorena Metaute
Tamara Chubarovsky: “Canviant la manera de parlar podem millorar física i emocionalment”

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Lorena Metaute
Tamara Chubarovsky: “Canviant la manera de parlar podem millorar física i emocionalment”

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© Tamara Chubarovsky: “Cambiando la manera de hablar podemos mejorar física y emocionalmente”

Lorena Metaute

La intuición de los padres hace que muchos escojan poner a sus hijos nombres cortos porque “así no le acortarán ni le cambiarán el nombre”. Se escucha a menudo. Este instinto tiene su explicación científica y pedagógica en el arte de la palabra descrita hace dos siglos por el educador y filósofo austríaco Rudolf Steiner, creador de la pedagogía Waldorf, y ahora complementada con las aportaciones de la pedagoga y terapeuta del lenguaje con base antroposòfica Tamara Chubarovsky. De la mano de la asociación educativa l'Olivera de Lleida vino a dar una conferencia sobre El lenguaje del adulto y su huella en el desarrollo físico, emocional y cognitivo del niño en la Facultad de Educación, Psicología y Trabajo Social de la Universidad de Lleida. La Sala de Juntas de la facultad se quedó pequeña para los maestros y familias que fueron a escucharla hablar sobre los efectos de los sonidos de las letras, y la relación entre voz y movimiento, para trabajar tanto dificultades con el lenguaje como de desarrollo físico y anímico. Aunque el trabajo de Tamara con la voz y el movimiento como herramientas para trabajar el lenguaje, considerándolo al salvador o el verdugo de nosotros mismos y del resto, se dirige tanto a adultos como niños, es sobre todo conocida por las rimas en movimiento, que se han convertido valiosos recursos para familias y escuelas. Libros, CD y DVD que, en breve, saldrán también en catalán. Su método la conduce a hacer clases y conferencias durante todo el año por toda España, Suiza y Latinoamérica.

¿Cómo se puede ayudar al desarrollo de los niños a través de la palabra, de los sonidos?
Una manera simple de hacerlo es nombrar a los niños por su nombre completo y hacerlo con energía positiva. No se tiene que acortar el nombre ni poner sobrenombres porque en la energía que desprenden los sonidos que recoge nuestro nombre es donde reside nuestra verdadera voz. Quiénes somos. Es decir, si no llamamos a los niños por el nombre evitamos que conecten consigo mismos y dificultamos que se desarrollen en la vida. Por ejemplo, si me llamo María Pilar pero me dicen Pili, me están dejando en el plano infantil. Y si me consideran infantil, lo seré, será el rol adquirido. Además, no es igual una persona que se llama María Pilar, que tiene presencia, que la que se llama Pili, que acaba pequeña, con la i, con una energía alterada y despuntando. Todavía es peor cuando solamente llamamos a nuestros hijos o alumnos por el nombre entero cuando estamos enfadados. Entonces, relacionan su nombre, quiénes son, a la energía negativa y por lo tanto, se distancian, del nombre y de ellos mismos.

Pero hay gente que no se identifica con su nombre.
Si pasa eso, se tiene que averiguar por qué. El nombre se tiene que aceptar, pero está claro que hay algunos que vienen cargados de la energía de aquellos a los cuales pertenecían, por ejemplo, si es que nos han puesto el nombre del tío, del padre, del abuelo... Forma parte de la terapia reconciliarse con el nombre. Eso se hace a través de sus sonidos y lo que representan. Como adultos hay que poner conciencia en la voz, las palabras, los sonidos, el nombre, con el fin de poder acompañar a los niños en un crecimiento sano.

Pónganos algún ejemplo de sonidos y la energía o cualidades asociadas al pronunciarlos.
La l es una letra con un sonido que calma. Muchas veces digo que si quieres dormir bien, tómate una l en vez de un somnífero. Las rimas que he creado van acompañadas de su movimiento correspondiente con las manos y en su conjunto, la voz y el movimiento, produce un efecto relajante en el niño. El punto que tocas con la lengua en la boca cuando dices l coincide con un punto de acupuntura. Si hablamos de adultos, los ejercicios son con los sonidos directos, sin hacer los juegos de dedos y manos que hacemos con los niños. La r por ejemplo es uno de los sonidos que cuesta conquistar a algunos. Y es que resulta que hay que tener un buen equilibrio de la tensión corporal y emocional para decirla. Si un niño está muy nervioso, no podrá pronunciarla. En cualquier caso, la r sería un sonido que se podría conquistar a partir de los siete años, antes es difícil.

¿Qué relación hay entre la voz y el movimiento?
El lenguaje intensifica el proceso del movimiento y a la inversa. Cada sonido tiene su movimiento que subraya su efecto terapéutico. Hay sonidos y movimientos que calman, activan, centran o alegran.

¿Hablamos como nos sentimos?
Se podría decir que sí. Hago un curso que se llama Encuentro con tu  propia voz en el cual se hace un trabajo personal a través del lenguaje y su pronunciación y entonación. Si cambiamos el lenguaje, la manera de hablar, podemos cambiar también nuestras emociones, sanarnos. Por otra parte, hacen falta voces verdaderas, para todos, pero sobre todo para los niños. A menudo, cuando nos dirigimos a ellos lo hacemos como una voz estridente e impostada con la que no conecta a nadie. Ellos notan que aquella voz no es de nadie, que se la inventan. Hay momentos para impostar una voz, pero tenemos que saber volver a la nuestra y para volver, primero la tenemos que conocer.

¿Hay alguna otra cosa que hacemos los adultos y que perjudicamos sin saberlo a los niños?
Cuando un niño se mueve mucho, se tiende a pedirle quietud. Y es todo lo contrario lo que necesita. Lo que calma es el movimiento. Solamente conseguirá la quietud cuando haya conquistado su cuerpo y el equilibrio. El equilibrio es la base fisiológica de la atención, de la concentración, de la quietud. Fíjate qué hacemos cuando un bebé llora mucho: lo acunamos en los brazos adelante, hacia atrás, de lado en lado... No tenemos que perder este instinto que liga con la necesidad del niño. En este sentido, en las casas y las escuelas tendrían que dejar de castigar sin salir al patio a los niños. El movimiento es la única cosa que puede salvar al niño de la desconcentración. Otra cosa que me gusta dejar clara a los educadores es que las órdenes las tenemos que dar desde el respeto, con buena energía, en positivo y como más cortas y claras, mejor. Decir “no te muevas en la mesa” es demasiado general. Podría ser: “Siéntate con las piernas colgando y las manos sobre de la mesa.”

¿Cree que los padres de hoy día dan demasiadas explicaciones?
En general, sí. Los adultos tenemos que ser un ejemplo para los niños. Actuar con coherencia entre lo que pienso, digo y hago. El reto del adulto es hablar de manera coherente, simple y corta. La neurosis del adulto produce confusión en el plano mental del niño y mucha inseguridad en el plano emocional.

Le gusta decir que es alumna Waldorf. ¿Por qué es tan importante para usted que se sepa?
La pedagogía Waldorf es la pedagogía de la libertad. Hay que ofrecer espacios de tiempo para el juego. La familia tiene que garantizar el juego, el movimiento y el arte al niño y librarlo de extraescolares exigentes hasta los siete años.

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