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El hangar escondido de Suquets

  • SALVADOR GINÉ
  • Santi Iglesias
Actualizada 19/01/2017 a las 16:53
La historia de Sucs, un pequeño pueblo construido a mediados del siglo XX en el Segrià, no se puede explicar sin hablar de un hombre: José Irigoyen. Don Pepe, así se lo conocía, levantó un pequeño imperio de conservas y posteriormente provocó su bancarrota. Apasionado de la aviación, el empresario construyó en el pueblo un insólito aeródromo y un hangar, que todavía se mantienen en pié en medio de los campos de cultivo.
blanc i vermell. Els colors corporatius de Conservas Suquets eren les franges roges en fons blanc.

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© blanco y rojo. Los colores corporativos de Conservas Suquets eran las franjas encarnadas en fondo blanco.

Cuando el navarro José Irigoyen se casó, justo después de acabar la Guerra Civil, heredó 350 hectáreas en el pueblo de Sucs. Decidió instalarse con su mujer y fundar a una familia que fue numerosa: 12 hijos.

Como si fuera una colonia industrial, Don Pepe construyó un pequeño pueblo en torno a la industria de conservas Suquets con servicios como una gasolinera, una tienda y una escuela. Aparte de las decenas de jornaleros que trabajaban en el campo, había carpinteros, electricistas, mecánicos, conductores de camiones y operarios en la manufactura de las conservas. Los Irigoyen vivían en una mansión con jardinero, cocinera, criadas e institutriz. Cerca, Don Pepe edificó una fastuosa iglesia, con el ábside pintado con escenas de evangelización, ángeles levitando y, representada piadosamente, se hizo representar él mismo, su mujer y los hijos a tamaño natural. Un detalle revelador ya dejaba entrever la pasión de Don José: un avión.

blanc i vermell. Els colors corporatius de Conservas Suquets eren les franges roges en fons blanc.
GRANDEZA. Irigoyen hizo pintar un avión en la esglesia.

Conservas Suquets

Las vecinas de Sucs Carmen Chesa, Leonor Gutiérrez i Pepita Martínez trabajaron durante muchos años en la fábrica de conservas. Aunque la edad legal para empezar estaba en los 14, algunas llegaron a incorporarse incluso antes. Guardan recuerdos contradictorios. Por una parte el salario era escaso: unas 14 pesetas semanales (0,07 €) por 8 horas diarias de lunes a sábado; por otra tenían trabajo fijo y el nivel de vida era más bajo ya que no pagaban alquiler y podían comprar productos básicos a mitad de precio. Tenían que envasar, con métodos casi artesanales, las conservas de tomate, pimientos escalivados, melocotones, alcachofas, codornices, espárragos, judías o mermeladas en potes de lata, arroz en bolsas de plástico y aceite de oliva y leche de almendras en botellas de vidrio. La marca, caracterizada por unas franjas blancas y rojas, era considerada de buena calidad y se vendía en las tiendas más selectas de Lleida, Zaragoza i Barcelona.

La buena marcha de la empresa permitió que Don Pepe dedicara su fortuna a su otra gran pasión: la aviación. En una explanada a poco más de un kilómetro de la fábrica hizo construir ni más ni menos que un aeródromo, con dos pistas de tierra, un espacio para el estacionamiento de aeronaves, depósito de combustible, una torre de control y un hangar de bóveda parabólica con capacidad para cuatro avionetas. Suquets fue el primer aeródromo particular de Cataluña y uno de los pocos del sur de Europa.

blanc i vermell. Els colors corporatius de Conservas Suquets eren les franges roges en fons blanc.
DESGUAZADO. A mediados del siglo XX el hangar de Sucs era uno de los aeropuertos privados más activos de España.

La inauguración de estas instalaciones en 1955 contó con la presencia de políticos franquistas, obispos, generales, empresarios y potentados propietarios de avionetas de toda Cataluña. Los trabajadores también pudieron disfrutar del espectáculo aéreo y a Leonor Gutiérrez, vestida con uniforme rojo y blanco, le tocó servir a los cerca de trescientos invitados que participaron de la copiosa comida que los propietarios les ofrecieron en un entoldado instalado especialmente para la ocasión.

Suquets se podía comparar con el Aeródromo de Sabadell y aquel 20 de mayo fué una demostración de poder con exhibiciones de vuelos acrobáticos y un rally aéreo entre Suquets y el aeropuerto de Zaragoza. El susto del día lo protagonizó un Junkers del Ejército del Aire que se despeñó contra un cerro próximo a la pista de aterrizaje; el piloto salió ileso.

blanc i vermell. Els colors corporatius de Conservas Suquets eren les franges roges en fons blanc.
CASA FAMILIAR. El matrimonio Irigoyen vivía en este chalet.

Don Pepe poseía dos avionetas biplaza, una española AISA I-11B y una americana Piper Cub J-3. Los hijos heredaron la pasión y poco a poco fueron ampliando la flota con un par de Ryan Navion, una D16 y una 4. A finales de la década de 1950 la actividad era frenética y tanto Don José como|cómo su mujer y su hijo participaban en competiciones aéreas. Así lo detallan las crónicas de Mundo Deportivo de la época. Contrataron a un mecánico especialista, Estanislau Gatell, y un instructor de vuelo para sus hijos.

Suquets parecía un imperio imparable: la fábrica, una flota de camiones propia, el aeródromo y una avioneta con la cual repartía caramelos que tiraba con paracaídas de papel en las fiestas mayores y otros acontecimientos multitudinarios. Mientras caían, sonaba una canción con voz femenina y coros infantiles con la letra “me saborea beber leche de almendras Suquets... cuando pase el avión cono el número de Suquets siempre en el labio tendré mermelada Suquets... Suquets, Suquets, miedo su sabor exquisito, miedo su arroz vitaminado y sus conservas, Suquetssss”.

Todo parecia ir como una seda, pero la visita de los proveedores de las latas de conservas fueron el primer aviso que el imperio escondía una realidad económica en franca bancarrota. Hacía demasiado tiempo que no cobraban y Don Pepe los tranquilizó enseñándoles un almacén lleno de latas a punto de ser comercializadas. Pero detrás de la primera hilera sólo había balas de paja, una metáfora de la auténtica situación del negocio. En 1959 la denuncia por impago la interpuso el Instituto Nacional del Trigo, un organismo gubernamental que ya no era tan fácil de engañar. Irigoyen, seguro de sus contactos con las instancias oficiales, estuvo dos años sin hacer caso de los requerimientos de la Audiencia de Teruel. Declarado en rebeldía, fue condenado a una fuerte pena de prisión que en 1962 el Tribunal Supremo rebajó a 6 años por estafa y a seis meses por malversación. A finales de aquel año, Don Pepe ingresó en prisión. Estuvo sólo un par de meses, pero ya no remontó el vuelo.

El fin de Suquets

Aparentemente el negocio seguía adelante con normalidad y Don Pepe y sus herederos se podían dedicar al deporte familiar por excelencia, la aviación. El 22 de febrero de 1967 sin embargo, Ana María, otra de sus hijas, la cual había sido una de las primeras mujeres de este país a participar en competiciones de acrobacia, murió en un accidente mientras pilotaba su Piper PA-18 con el mecánico Amento. Todavía sumido en el luto, pocos meses después, Don Pepe recibía una orden de embargo de la finca y de los inmuebles (residencia, iglesia, fábrica, casas de los trabajadores y aeródromo). Al no hacer frente a la deuda, el 1968 Suquets fue subastado y la familia tuvo que abandonar su casa. Antes de marcharse, abatido por las circunstancias, Don Pepe se movía por las calles como una sombra penosa para despedirse de todo lo que había perdido. El nuevo propietario cerró las actividades conserveras y aeronáuticas y, desde entonces, los edificios y el hangar están vacíos y las fachadas ya empiezan a estar cansadas. Las pistas del aeródromo són un campo de alfalfa. La gente se quedó sin trabajo de un día por el otro y muchos tuvieron que buscarse la vida en Lleida. Aún las desgracias financieras y familiares, Don Pepe decidió volver a empezar. Con el dinero que obtuvo de la venta de otra finca a Escatró, compró unas 100 hectáreas de terreno en el antiguo aeródromo de Retamares, a Tavernes (Murcia), con la idea de cultivar y vender espárragos. Allí, el matrimonio vivió unos años en una caravana con los hijos menores de edad. Cerca, como el recuerdo de un sueño que se resistía a dejar escapar, siempre conservó una avioneta.

SIGUIENDO LAS TRADICIONES FAMILIARES

Francisco José Irigoyen fué propietario de la empresa TADAIR, creada en 1990 y con sede en el aeropuerto de Sabadell. Con una veintena de aparatos con capacidad para diez pasajeros, se dedicaba al transporte de personas en trayectos cortos, el reparto de paquetería y la enseñanza de futuros pilotos. Muchos de los aparatos eran pintados con franjas rojas y blancas en recuerdo de las Conservas Suquets. El 2003 cerró y, como el padre, dejó deudas: muchos alumnos se quedaron sin poder finalizar los estudios. Por otra parte, José, otro hijo, en el 2007 realizó El Horizonte artificial, un documental sobre la familia y el aeródromo de Suquets que obtuvo menciones en varios festivales de documentales.
blanc i vermell. Els colors corporatius de Conservas Suquets eren les franges roges en fons blanc.
RECUERDOS. En los frescos de la iglesia ha representado Don Pepe y su famíia.
LAS AVIONETAS DE DON PEPE TODAVÍA QUIEREN

La avioneta Piper con que Irigoyen tiraba paracaídas de papel con caramelos en los pueblos leridanos fue comprada en 1966 por el instructor Miquel Ara. Después pasó por las manos de varias empresas de trabajo fotográfico y del Aeroclub Girona-Costa Brava. Actualmente pertenece en el Museo de Aviones Históricos de Madrid y, pintada con los motivos militars originales de 1945, participa en exhibiciones aéreas por toda Europa. Las dos Ryan Navion que tuvieron padre e hijo todavía están operativas. Por el contrario, la AISA, comprada por el Aeroclub de Sabadell, en 1967 quedó totalmente destrozada por un accidente.

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