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La despensa de los pueblos pequeños

  • Lorena Metaute
Actualizada 10/01/2017 a las 10:56
Son pequeñas pero hacen un gran trabajo. La tienda del pueblo es un punto de encuentro para los vecinos y de información turística para los visitantes. Su función social empaña a veces su tarea comercial. Algunas siguen abiertas más como un servicio público a sus vecinos que por la rentabilidad del negocio, sobre todo para aquellos habitantes que lo tienen difícil para coger el coche para ir a comprar a la capital. Vamos de tiendas a pueblos de menos de 1.000 habitantes.
Botigues que fan poble

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© Tiendas que hacen pueblo

La semana del puente de la Purísima a Dolors de ca d'Antema de la Plana, un núcleo de 60 habitantes de la Torre de Capdella, no le para el WhatsApp. “Los vecinos que tienen aquí la segunda residencia y vienen por vacaciones y fines de semana hacen la lista de la compra por correo electrónico o WhatsApp y así cuando llegan el viernes ya se lo tengo preparado”, explica la propietaria de la única tienda del pueblo, que da servicio a muchos núcleos de la Vall Fosca como Castell, donde tan solo vive una chica joven, Beranui, donde viven cuatro vecinos; o a Estavill, donde recientemente se ha establecido una familia con dos niños. Dolors, incluso, guarda las llaves de algunos vecinos de fines de semana “por si hay una urgencia. También porque con la confianza que nos tenemos, que somos como una familia, en invierno me acerco a encenderles la calefacción para que cuando lleguen el viernes no se congelen”, dice.
Los vecinos de fin de semana hacen la lista de la compra por correo electrónico y WhatsApp y Dolors se lo prepara para el viernes
Dolors reivindica la función social de las tiendas de pueblos pequeños. “Si no fuera por nosotros, habría muchos pueblos en los que no habría nadie con la puerta abierta para recibir forasteros y las personas mayores de los núcleos pequeños, que no puede coger el coche, no podrían ni comer pan del día”, constata Dolors, que ha heredado de su suegra el título de tendera. La familia de Dolors abrió una segunda tienda en la Pobleta. Las tiendas en los pueblos de menos de 1.000 habitantes hacen un gran servicio comunitario y tanto Dolors, como Maria de Casa Domenica, la única tienda que queda en Aspa, un pueblo de 200 habitantes de la comarca del Segrià, coinciden en que “si estamos abiertos es por los vecinos y sobre todo por las personas mayores y aquellos que necesitan alguna cosa de urgencia y no quieren ir a Lleida”. Aspa está a 15 minutos en coche de la capital de Ponent, cosa que da más mérito, si cabe, a la familia de Maria que combina la tienda con las olivas. La gente de Aspa se ha acostumbrado a ir a comprarlo todo a Lleida. Todo excepto el pan. En una pared de la tienda, Maria tiene colgado un listado escrito a mano de todas las casas del pueblo que son socias de la cooperativa de pan de Artesa de Lleida, a 10 minutos de Aspa. “Si quieren tener pan del día nos lo tienen que reservar un día antes porque se hace bajo demanda”, explica mientras le da la barra a Joan, un señor que viene espiritado porque se tiene que hacer todavía el bocadillo para ir a coger olivas.
Venden desde fruta, carne y pescado, hasta la prensa diaria y regalos, hacen de horno y pastelería y, si hace falta, también de conserjes del pueblo
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Los productos que se han vendido en casa Domenica siempre han ido ligados al mundo rural y han evolucionado al mismo ritmo que el campo. Nos lo explicará Pepita, que llevó la tienda durante 65 años y que ahora tan sólo baja a saludar a algún cliente de vez en cuando. "¡Pepita! Baje, por favor”,grita Maria al pie de la escalera después de hacer sonar un timbre interno. Si van a Aspa no encontrarán Casa Domenica sin preguntar. No hay ningún cartel que indique que frente a la puerta de delante de la iglesia, junto a la plaza de la casa consistorial, está la única tienda del pueblo desde hace 15 años. “Cuando yo tomé el relevo a Domenica aquí se vendían cestos, sogas, botijos... Todo lo que se necesitaba para hacer la cosecha y poder beber agua fresca en el campo. Los garbanzos y las judías las vendíamos a granel y podías encontrar hilo y alfilerers, velas o guarnición para el ganado... lo que fuera. Teníamos de todo. La cosa cambió con la llegada del tractor. La modernización lo cambió todo. También el coche, que hizo más habitual ir a comprar a pueblos mayores,” dice Pepita, que nos pregunta si sabemos lo que son las onzas y los reales. "¡Aquí se hablaba así, en onzas y reales, nada de euros!”, dice con melancolía.

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ASPA. Francesca hace la compra en Csa Domenica para su hermano, que vive sol en Aspa, una vez a la semana. Ella vive en Bell-lloc con Miquel, su marido.

Pepita, que cuando habla de lo que era la tienda hace 50 años parece recuperar las fuerzas y utiliza el bastón más para hacer aspavientos de los tiempos actuales que para mantenerse de pie, tiene la definición perfecta para las tiendas de pueblos pequeños: “Somos tiendas de urgencias, por si alguien se olvida algo no tener que ir a Lleida, pero antes las mujeres venían tres y cuatro veces al día a comprar”.
“Tiendas de urgencias”, así define Pepita de Casa Domenica las tiendas como la suya, en pueblos de menos de 1.000 habitantes
Pepita explica que la señora Domenica se sentaba a pie de escalera durante la hora de la siesta por si a alguna mujer le hacía falta un poco de hilo por coser. “Eso era demasiado, pero lo que yo sí que he hecho y Maria también hace es bajar a abrir si alguien necesita alguna cosa urgente”. Pepita nos habla de la época en que no había neveras en las casas y se compraba al momento. Eso contribuía a que la tienda fuera un punto de encuentro habitual de los vecinos, un punto de información caliente, tanto como el bar. “Éramos más parientes”, explica Pepita, “ahora los jóvenes van más a la suya”. Aunque ha evolucionado, la tienda del pueblo sigue siendo un espacio para conversar y conocer el estado general de cada casa. Dolors de Ca d'Antema apunta que el momento cuando hay más gente comprando y hablando es cuando salen los niños del colegio.
El despoblamiento de los años 80 fue el último gran cambio de las tiendas de pueblo, después de la modernización del campo
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PEPITA. Pepita llevó la tienda de casa Domenica durante 65 años. Ahora ha dejado el relevo a Maria, su joven.

En casa Susana, una de las dos tiendas de Castelldans, un pueblo de 980 habitantes de la comarca de les Garrigues, en cambio, la hora punta es por la mañana, “después de que las mujeres hayan hecho el café con leche en el bar”, dice Susana, que hace dos años abrieron el negocio que es casi una tienda a la carta. “Las vecinas me encargan lo que quieren que les traiga de Lleida. Por ejemplo, aquí no me sale a cuenta tener comida de gato, pero cuando me lo pide Rosa Mari, se la traigo”, explica Susana, que añade que si fuera por ella llevaría otros productos para vender pero "no vendes lo que quieres sino lo que la gente del pueblo necesita". En este sentido, asegura que lo que más vende es verdura, queso cortado, jamón dulce, coca-colas y cervezas. “Y los huevos tienen que ser locales, si no son los de Vilella-Farias de Castelldans, aquí no los quieren”, dice riendo. Un ejemplo más de la polivalencia de las tiendas de pueblo es el nombre que aparece a la puerta de casa Susana: Mercería.
En algunos pueblos, como en Castelldans, hay dos tiendas. Procuran ofrecer productos diferentes y no hacerse competencia
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PRODUCTOS.
Susana dice que vende lo que necesitan los vecinos, más que lo que ella querría vender.

Antes que la tienda del Óscar y Susana había habido una peluquería en ese mismo local que tampoco consideró necesario retirar el vinilo de la antigua tienda de hilos y ropa. “En realidad, si quieres, también te puedo vender hilo y ropa”, dice Susana restando importancia al cartel. En Castelldans hay otra tienda, la de Josep Lluís Bernaus (que gestiona también el Café Europa y el coto del pueblo). Es un local donde vende productos más propios de supermercado, regalos y tabaco. Asumió el estanco del pueblo una vez su tía se jubiló. En un solo local hay tabaco, productos de limpieza, regalos, papelería y desde hace un año productos de armería para los cazadores, que son muchos en la zona. Tanto Josep Lluís como Susana explican que se ponen de acuerdo para no hacerse competencia los unos en los otros sino, siempre que puedan, hacer pueblo.

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AUTOEMPLEO. Susana y Óscar abrieron la tienda hace dos años como una salida del paro.
ACCIONES DE GOBIERNO
Elaboran un censo para saber las singularidades comerciales

Las tiendas de los pueblos pequeños reivindican su función social y servicio a la comunidad, aunque lo hacen a título individual. En la actualidad no hay una asociación de comerciantes de tiendas “únicas” en Cataluña que luche por el reconocimiento de su singularidad, pero el Gobierno sí que trabaja en la elaboración de un censo con el cual prevé hacer un plan de actuación que reconozca su papel integrador social en el conjunto del tejido comercial del país. Está previsto acabar el censo en enero y hacer después un plan de actuación en el 2017. Más próxima está la entrada a tramitación Parlamentaria de la nueva Ley de Comercio de Cataluña que recoge excepciones horarias para las tiendas de pueblos de menos de 5.000 habitantes. Desde el departamento de Empresa y Conocimiento explican que el texto de la nueva ley prevé que en este caso, y siempre que el local comercial no haga más de 150 metros cuadrados, los tenderos tendrán libertad horaria. Se trata de una constatación sobre papel de lo que ha pasado toda la vida en las tiendas de pueblo. “Vivimos en la misma casa, si se olvidan alguna cosa, llaman y bajamos a abrir”, dice Dolors de casa del d'Antema.
APUNTES
  • Único local abierto: Las tiendas de los pueblos de menos de 1.000 habitantes acostumbran a ser el único local comercial abierto, aunque es común que compartan el título con el bar del pueblo. No siempre. En la Plana, por ejemplo, Dolors explica que hasta que hace poco abrió la casa rural Casa Teresina, no tenían servicio de cafetería.
  • Ubicación: Generalmente, se ubican en la planta baja de la casa familiar. Allí donde la abrieron cuatro o cinco generaciones antes.
  • Horarios: Aunque la futura Ley del Comercio de Cataluña les otorgaría la excepcionalidad horaria a partir del 2017, de hecho, siempre han tenido un horario abierto. Al estar situadas en la misma casa familiar, los clientes no han dudado nunca a llamar a la puerta para que las amas bajaran a venderles aquello que se los había olvidado en horario comercial.
  • Información turística: Muchos tenderos de pueblos de menos de 5.000 habitantes hacen de agentes turísticos y responden a la típica pregunta de los visitantes: “Qué podemos hacer por aquí”?.
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