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La llamada de la tierra

  • LORENA METAUTE
Actualizada 24/05/2017 a las 16:21
A todos nos llama la tierra, pero solamente algunos siguen la invitación a trabajarla, a conectarse con las normas básicas de la vida. Desde hace unos años, proliferan los huertos urbanos en Lleida y, actualmente, se pueden reconocer diferentes modalidades: los de balcón, las parcelas de alquiler en L'Horta, los huertos escolares, los de residencias e, incluso, las escuelas de huerto terapéutico.
gemma. La Gemma Montagut, al seu hort de Rufea, que té 200 metres quadrats.

Todas las imágenes y contenidos de SEGRE.com tiene derechos y no se permite su reproducción y/o copia sin autorización expresa.

© gema|yema. Gemma Montagut, en su huerto de Rufea, que tiene 200 metros cuadrados.

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© gema|yema. Gemma Montagut, en su huerto de Rufea, que tiene 200 metros cuadrados.

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Trabajar con las manos aporta bienestar físico y mental. Los trabajos manuales van ligados a la creatividad y esta es inseparable del refuerzo de autoestima que supone ver el fruto de un esfuerzo. Estas afirmaciones son el punto de encuentro de los protagonistas de este reportaje dedicado a la horticultura urbana. En los últimos diez años, han proliferado los urbanitas interesados en plantar, hacer crecer y comerse sus propias hortalizas. Respondiendo a la demanda ciudadana, el año 2011, el ayuntamiento de Lleida puso en marcha los Horts Familiars de Rufea. Un total de 119 parcelas de 100 metros cuadrados que se alquilan por 150 euros al año (consumo de agua aparte).

gemma. La Gemma Montagut, al seu hort de Rufea, que té 200 metres quadrats.Gemma Montagut fue la primera en apuntarse al sorteo de los huertos de Rufea ahora hace seis años. “Hasta ahora, que he cambiado de parcela porque he cogido dos, una para mí y otra para mi hija, tenía la número uno. La foto que salió en la prensa de la inauguración de los huertos era la del mío, que entonces era el único que tenía instalado el riego gota a gota”, explica Gemma, una maestra jubilada, hija de campesinos, a la que nunca habían dejado trabajar la tierra, ya que preferían que hiciera carrera, y que tan pronto como se jubiló siguió la llamada de la tierra.

Gemma va prácticamente cada día al huerto donde ahora está recogiendo berenjenas, lechugas, acelgas, cebollas, judías y fresas, entre muchas otras cosas, ya que 200 metros cuadrados dan para mucho. “Venir aquí es hacer salud. Durante una época de mi vida, en la que estuve enferma, era la única cosa que evitó que me aislara y me hundiera. Hacer huerto te mantiene atento; cuando estás aquí, no piensas en nada más que lo que estás haciendo”, explica. En su huerto hay unos rosales maravillosos y otras flores y plantas aromáticas que hacen una doble función: decorativa y lucha contra plagas. También tiene elementos que llaman la atención por el hecho de ser discordantes con el espacio. “Las botellas de plástico plantadas en un hierro boca abajo son para asustar a los topos, ya que hay muchos y estropean el huerto”, explica mientras coge las habas.

gemma. La Gemma Montagut, al seu hort de Rufea, que té 200 metres quadrats.
JOSEP. Dirigiéndose a guardar las herramientas en el espacio común

Los huertos de Rufea conviven en Lleida con los del Punt Eco, que crearon y gestionan Núria y Marc. Se trata de un servicio privado de alquiler de huertos en la partida de Fontanet, y también se hacen cargo de los huertos familiares de Pardinyes. En el caso de las parcelas del Punto Eco, son de 25 o 50 metros cuadrados y se pagan mensualmente: 27 y 45,50 euros. La diferencia de precio entre las dos modalidades, la municipal y la privada, se explica por el nivel de acompañamiento profesional que obtienen los hortelanos. “Para mí, el Punt Eco es comodidad y tranquilidad. Ellos te preparan la tierra cuando empiezas y te hacen un acompañamiento. Hacen cursos y te asesoran. Te lo facilitan todo: el riego, las herramientas...” Lo explica Josep Charco, que hace cuatro años que trabaja su parcela de 25 metros cuadrados en la partida de Fontanet. Aunque asegura que va sobre la marcha y no sufre mucho, tres días a la semana de trabajo no se los saca nadie. Siempre que puede, se desplaza en bicicleta y se entretiene hablando con los vecinos hortelanos. “Tengo unos compañeros que tienen mucha experiencia y me beneficio tanto de sus conocimientos como de lo que plantan para la lucha biológica. Mi huerto no ha sufrido ninguna plaga, de momento”, explica mientras saluda a Paquita, que, aunque lleva el brazo en cabestrillo, trabaja la tierra durante toda la mañana que pasemos con Josep. Mientras coge los guisantes, Josep nos invita a comprobar por qué vale la pena dedicar dos horas diarias al cultivo de los alimentos para el autoconsumo. “Son dulces, suaves... ¿Has probado alguna vez guisantes tan buenos como estos? Pues pasa con todo lo que crece en el huerto”, sentencia. Para Josep, lo más importante del huerto es que “es un espejo que te ayuda a parar. No puedes actuar en el huerto como lo haces en tu día a día, donde haces mil cosas al mismo tiempo. Aquí tienes que rebajar el ritmo, decidir qué haces y dedicarte con todos los sentidos”.

gemma. La Gemma Montagut, al seu hort de Rufea, que té 200 metres quadrats.
GEMMA. Gemma Montagut, en su huerto de Rufea, que tiene 200 metros cuadrados

Marta Buira, que hace dos años que tiene una parcela en Rufea, es lo que más valora de hacer huerto: la desconexión. Empezó a plantar en el balcón de casa y hace dos años que se animó a dar el salto en L'Horta de Lleida. “Hay quien va al gimnasio, pero mi hobby es el huerto”, nos explica después de colocarse el sombrero y mientras se pone crema de protección solar. Estos dos elementos son tan básicos como una paleta plantadora, un rastrillo para retirar las malas hierbas o una azada. El día que la visitamos, Marta está arrancando las zanahorias. No le han crecido bien y no sabe si es porque no ha respetado la distancia entre cultivos o si las plantó con mala luna. Cuando empezó, explica que no tenía ni idea de nada, y que su principal fuente de información son los hortelanos veteranos, como por ejemplo Gemma, que antes de marcharse se acerca a la parcela de la Marta para contrastar opiniones.

gemma. La Gemma Montagut, al seu hort de Rufea, que té 200 metres quadrats.
TERRAZAS QUE ALIMENTAN. La Fer en su terraza, donde planta hortalizas y plantas aromáticas y medicinales

A pesar de los periodos de prueba y experimentación, los errores y los aciertos, Marta ya hace dos años que solamente va al mercado a comprar fruta. “Nos comemos las hortalizas del huerto siguiendo la temporalidad, lo cual te da también otra visión de la cocina y la cultura popular”, asegura. Por este trasfondo pedagógico, en el sentido de conocimiento y crecimiento personal y social, muchas escuelas de Lleida cuentan con un huerto, que trabajan los alumnos para aprender cuestiones que pueden resultar difíciles de entender en el aula. José es uno de los cuatro maestros que hacen el taller de huerto de la escuela Frederic Godàs, que cuenta con uno de los huertos más antiguos de los centros de la ciudad, iniciado el año 1999. Los alumnos están sentados en la sombra de los fruteros mientras atienden las explicaciones del maestro y se levantan de golpe cuando José da el pistoletazo de salida a las tareas a hacer. Hay que plantan fresas de Lleida, otros riegan con regadera y el resto lo hace en los árboles. En grupos de quince o dieciocho, sin saberlo, los alumnos desarrollan su autonomía, su identidad e interiorizan conceptos como el ciclo de la vida, la importancia del suelo, el agua y el sol, y conviven con los elementos variables, el azar y el análisis de los errores para convertirlos en oportunidades. Además, el claustro de Frederic Godàs ha sabido aportar valor solidario en el huerto. Por ejemplo, el último Sant Jordi vendieron alcachofas y habas para recaudar dinero en Lleida por los Refugiados. Otro tipo de escuela y de alumnos es la escuela de huerto terapéutico que dirige Núria de Punt Eco en la Llar de Santa Teresita, a la que va desde hace un año la Mª Fernanda. "Ya hacía tiempo que me motivaba cultivar mi propia comida. Me hace ilusión y es fácil. Sólo hay que seguir las instrucciones de Núria”, dice Mª Fernanda mientras anota en su diario de huerto lo que acaba de plantar. Hablemos con quien hablemos, mayores y pequeños, el huerto es observación, ciencia, salud y diversión.

gemma. La Gemma Montagut, al seu hort de Rufea, que té 200 metres quadrats.
CONCENTRACIÓN. Los alumnos están concentrados y motivados durante el taller de huerto que acostumbran a hacer con los compañeros de otros cursos.
 

Para saber más
  • Mejor época para plantar: En Lleida se puede plantar durante todo el año, exceptuando los meses de más frío: diciembre y enero. Sin embargo, dos de las mejores épocas para empezar son la primavera y el otoño: abril, mayo y junio, y septiembre y octubre.
  • Influencia de la luna: La luna afecta al crecimiento de algunas plantas, sobre todo con respecto a la germinación de las semillas. Por ejemplo, los ajos se tienen que plantar con luna nueva, si no la tierra expulsa las semillas. La tradición popular está llena de refranes y dichos sobre los efectos de la luna en la agricultura, como “Buena añada, si en Navidad es luna llena”.
  • Los errores más comunes de los hortelanos principiantes: Uno de los errores más comunes es plantar demasiado juntas las verduras. En este caso, no crecen bien porque les falta espacio. Hasta que no se conocen las plantas, resulta difícil darse cuenta de la importancia de respetar los marcos de plantación. A modo de ejemplo, podemos decir que las tomateras se tienen que plantar a 40 cm y los pimientos, a 50 cm.
  • Si quiere hacer huerto, no se olvide nunca de...: Entrecavar bien la tierra antes de plantar y poner bastante compuesto orgánico para alimentarla. Es tan importante preparar la tierra como cuidar del mantenimiento y el riego del huerto durante el proceso de crecimiento.
  • Material básico: En los huertos de Rufea, cada uno lleva las herramientas para trabajar el huerto. En cambio, en los huertos gestionados por el Punto Eco, el alquiler de la parcela incluye las herramientas. Las básicas son unos guantes, una paleta plantadora, una azada y un rastrillo para sacar las malas hierbas.
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