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EL CANDIDATO

Jaume Asens: «Apoyar a presos políticos y exiliados es cuestión de derechos humanos»

Actualizada 26/04/2019 a las 09:26
Abogado y teniente de alcalde de Barcelona, el líder de la lista barcelonesa de ECP aspira a tender puentes con el independentismo pero critica lo que considera un soberanismo “sin contenido”. Preocupado por el auge de la extrema derecha, cree que combatirla pasa por empoderar a la ciudadanía y facilitar que se organice.
Jaume Asens: «Donar suport a presos polítics i exiliats és qüestió de drets humans»

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© Jaume Asens: «Apoyar a presos políticos y exiliados es cuestión de derechos humanos»

Antes de la campaña, En Comú Podem (ECP) han tenido dos bajas notables y además por motivos opuestos: una es la del exsenador Óscar Guardingo por el “perfil independentista” de su candidatura; y la otra es Elisenda Alamany, que ha ido a posiciones más soberanistas. ¿La polarización política les daña o les debilita?

Si unos dicen que hemos rebajado el perfil soberanista y otros que lo hemos aumentado, es la prueba que estamos donde siempre hemos estado. Hemos defendido con claridad la necesidad de un referéndum, que es lo que pide el 80% de la ciudadanía, y también la liberación de los presos políticos, el retorno de los exiliados y la desjudialización del proceso politico. Nadie duda de mi implicacion en esa lucha. Sin embargo, cuando se confeccionan las listas hay disputas por las situaciones de poder. Tiene más que ver con ambiciones personales que con cuestiones ideológicas. Hay tránsfugas en todos los partidos, ninguno es ajeno a este tipo de tensiones.

¿Qué diferencia esta campaña de la de hace dos años? ¿Ha cambiado el clima político?
Tiene elementos que la definen. Uno es el ascenso de la extrema derecha, que ya tiene un partido y además marca la agenda de otros actores políticos. Arrastra a su marco mental a PP y CS, que intentan disputar el espacio de la extrema derecha. Otro es la movilización feminista del 8M y un tercero es el juicio de los principales líderes políticos y sociales del independentismo y el exilio de otros. En esto último, el tiempo político se superpone al judicial. Hay candidatos a las generales en el banquillo de los acusados y la extrema derecha está en la acusación. Además, magistrados del Supremo que deberán dictar sentencia en esta causa judicial forman parte de la Junta Electoral Central. Todo ello hace que estemos en unas elecciones diferentes, nos jugamos la democracia, los derechos conquistados, la convivencia entre pueblos, las instituciones de autogobierno.

ECP ganó en la mayor parte de Catalunya, pero ahora los sondeos no les son favorables.
Hay una gran bolsa de voto indeciso, alrededor del 40%. No partimos como favoritos, pero salimos con la ilusión de reeditar la victoria de 2016, aunque sabemos no será fácil. La partida está abierta, es un momento de incertidumbre, todo puede cambiar de un día para otro.

¿Su nueva posición tras la marcha de Xavier Domènech fue algo inesperado o bien tiene intención de establecer vínculos con posiciones independentistas?
Tiene que ver con llevar las conquistas del municipalismo al Congreso, en cuestiones como la defensa de derechos sociales y la lucha contra oligarquías, como se ha visto en casos como las eléctricas, Agbar, Uber y Cabify. Lo que hemos hecho en materia de empoderamiento ciudadano es una experiencia de éxito. Eso pesó mucho al decidir mi candidatura. Otro elemento clave es ofrecer una acción política real frente a un soberanismo retórico, de gesticulación y sin contenido. Lo que necesita Catalunya es una agenda de diálogo, un soberanismo y un republicanismo efectivo, capaz de revertir la actual involución democrática. Busco hacer de puente entre dos mundos, el independentista y el no independentista.

Antes del 1-O afirmó que votaría si había urnas. ¿Lo hizo?
Voté, sí, y dije que no tendría problema en estar en las mesas si me elegían para ello. Pasé la noche en un colegio electoral.

¿Sería indicreción preguntarle cuál fue su voto?
Sí, lo sería (ríe). No dije entonces cuál fue mi voto y tampoco voy a revelarlo ahora. El voto es secreto. Como concejal de Barcelona, visitó a Puigdemont en Bruselas... Hice una visita pública, pero hubo más.

Ahora usted encabeza una lista y él es un rival político. ¿Eso les perjudica, visto en perspectiva?
Cuando vulneran derechos de tus adversarios también vulneran los tuyos. No somos una formación independentista, pero no podemos ser ajenos al encarcelamiento y la criminalización de nuestros rivales. Hemos tenido discrepancias con una hoja de ruta irrealizable, que dejaba atrás a la mitad de la población y que ha puesto en riesgo las instituciones de autogobierno, aún bajo la espada de Damocles del 155. Pese a ello, es cuestión de derechos humanos denunciar la injusticia. Dicen que les seguimos el juego al independentismo, pero se trata de decencia. Son actores políticos y no se les debe expulsar, hay que hablar con ellos. Ahora sufren una persecución y nosotros haremos cuanto esté en nuestras manos para acabar con ella. El PSOE debería dejar de tratar a adversarios políticos como criminales, y también el PSC debería reconocer la injusticia, el daño que hizo el 155 y mirar a la cara a familiares de los presos.

Mencionaba el avance de la extrema derecha. ¿Cree que esa opción tiene alguna posibilidad de obtener escaños en Catalunya?
El peligro no es la extrema derecha en sí, sino la influencia que ejerce. Está avanzando en Europa mientras que, en España, PP y Cs bailan a su son. Aunque no obtengan representación, ya ha ganado. En Catalunya, enfrentarse a la extrema derecha es enfrentarse a PP y Cs.

La extrema derecha alimenta un discurso basado en emociones más que en argumentos. ¿Cómo es posible contrarrestarlo?
Se la combate ganando elecciones y gobernando, no con actitudes resistencialistas. A veces los cordones sanitarios y frentes antifascistas solo sirven para retroalimentarla. Puede que algún día sean necesarias estas estrategias, pero ahora no lo son. Es más efectivo aplicar políticas valientes para empoderar a la ciudadanía y defender los derechos sociales. Frente a una extrema derecha que se alimenta del miedo y del aislamiento que sufre la gente, todo lo que sean políticas comunitarias para tender redes entre las personas y reforzar espacios de autoorganización y solidaridad son eficaces para frenarla. También lo son las políticas de integración de refugiados e inmigrantes, puesto que no tenerlas provoca una imagen de descontrol que no se corresponde con la realidad; y también los recortes y la austeridad alimentan el odio y la xenofobia. En España, el 15M “quemó” los espacios donde suele anidar la extrema derecha, puesto que en lugar de iniciar una guerra entre pobres apuntó directamente contra las élites y la banca como responsables de la crisis.
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