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Cuando los síntomas no cesan

Cuando los síntomas no cesanÍTMAT FABREGAT

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Cansancio tras intentar hacer varias tareas a la vez, al caminar o hacer esfuerzo, fatiga, dolores de cabeza, pérdida de memoria a corto plazo, falta de equilibrio, parestesias (hormigueo en zonas del cuerpo), dolores musculares, pérdida de cabello y disnea (sensación de ahogo). Estos son algunos de los muchos síntomas que sufren las personas que tienen Covid-19 persistente. Es decir, siguen arrastrando la infección con secuelas meses después de haberla pasado. En muchos casos, la enfermedad fue leve o moderada.

En Catalunya se ha creado una plataforma de apoyo mutuo llamada Col·lectiu d’Afectats i Afectades Persistents per la Covid-19, que integran unas 1.300 personas, la mayoría mujeres, e insta al departamento de Salud a reconocerles. Las personas afectadas piden que se defina con claridad la enfermedad para saber el impacto real; exigen recursos específicos para su asistencia y la investigación y el reconocimiento en las bajas laborales.

El colectivo se siente invisibilizado y denuncia sesgo de género. “Somos mujeres enfermas que cada día intentamos levantarnos para conseguir curarnos”, afirma Sílvia Soler, representante de la plataforma.

Violeta Craviotto, de 54 años, y Sofia Juste, de 33, son dos de las leridanas que sufren Covid persistente y ambas coinciden en que se les han echado muchos años de vida. No pueden seguir su rutina diaria de forma normal por culpa del cansancio al hacer varias tareas, los dolores de cabeza y la falta de retención de información.

El pasado enero, el Institut Universitari d’Investigació en Atenció Primària Jordi Gol de Barcelona anunció que hará un estudio sobre los efectos de la Covid persistente a lo largo de un año gracias a la demanda del colectivo.

«La Covid no es una broma y no puedo hacer la vida de antes, ya que me canso mucho»

Sofia Juste. Auxiliar de enfermería en el hospital Arnau

“Desde el inicio de la pandemia he estado trabajando con enfermos con Covid en el hospital Arnau de Vilanova y me contagié el 24 de noviembre después de dar positivo en un test rápido de antígenos. Me dijeron que al ser joven, tengo 33 años, estuviera tranquila, pero me ahogaba y fui al Arnau, donde me diagnosticaron una neumonía y riesgo de formación de coágulos, por lo que me dieron cortisona para no tener inflamaciones y heparina para evitar trombos.

Me quedé en casa, pero tenía taquicardias y me ahogaba y fui a urgencias. Aun así, la cortisona me iba bien.

Un mes después ya no me ahogaba tanto, pero me cansaba mucho, tenía tos y sensación de ahogarme. Como vi que no mejoraba, decidí ir a una clínica privada en Barcelona este pasado mes de febrero, donde me hicieron varias pruebas y me dijeron que tenía síntomas de la Covid persistente.

Ya llevo cuatro meses en esta situación y mi salud no mejora. Además de la sensación de ahogarme, también tengo pérdida de memoria y tengo que apuntármelo todo para no olvidarlo.

No retengo información y tengo mucho cansancio. Soy madre de dos niñas pequeñas y tengo que ir en coche a todas partes, ya que no puedo andar mucho rato porque me canso.

Antes andaba 7 kilómetros y ahora es impensable. Gracias al colectivo de afectados persistentes por la Covid que hay en Catalunya he sabido que también le ocurre a mucha gente.

Me recomendaron hacer rehabilitación a distancia a través de un centro de Barcelona y lo estoy haciendo. La gente desconoce que existe nuestra situación y nosotros no sabemos cuánto tiempo nos durará.

A nivel personal lo llevo con tristeza, porque no puedo hacer la misma vida que antes. Me hacen un seguimiento desde mi CAP, pero todavía no puedo volver a trabajar. La gente debe saber que la Covid-19 no es una broma”..

«Tengo pérdida de memoria, fatiga, dolor de cabeza y dificultad para respirar tras un año»

Violeta Craviotto. Auxiliar de enfermería en una residencia

“Trabajo en una residencia de discapacitados y el 27 de marzo empecé a tener síntomas de la Covid, Tuve febrícula, escalofríos, malestar general, diarrea y me ahogaba. El 8 de abril fui al CAP de Prat de la Riba y me diagnosticaron una neumonía. Me enviaron al Arnau de Vilanova donde di positivo en una PCR. Aún así, me enviaron a casa, pero tenía que tomarme hidroxicloroquina e inyectarme heparina para evitar trombosis.

Noté que ya no me ahogaba tanto, pero a mitad de abril empecé a tener parestesias (sensaciones de cosquilleo), no tenía fuerza y me dolían las piernas hasta el punto de que se me torcía el pie, pero los médicos desconocían si eran secuelas del coronavirus. También empecé a tener dolores de cabeza y en mayo vi que iba muy lenta a la hora de pensar y que me afectaba a la memoria.

Tenía parestesia en la cara, la barriga, los brazos y en las piernas y dolores muy intensos en la espalda. Por las parestesias y la poca fuerza que tenía me caí en junio y a finales de julio me hicieron un electromiograma.

Tenía los nervios de las piernas inflamados. En agosto me di cuenta que me costaba muchísimo arreglarme y que cuando me hablaban no procesaba lo que me decían.

No retengo información y me olvidé de sumar. Entonces, me apunté en un estudio del Institut Guttmann para personas con síntomas persistentes e hice rehabilitación respiratoria, cognitiva, funcional y motora.

Estoy de baja desde el 8 de abril y ahora hay días mejores y peores en los que tengo más fuerza o menos, pero lo peor son las recaídas. Tengo fatiga, dificultad para respirar, cojeo, dolores de cabeza y pérdida de memoria. No puedo leer porque no memorizo ni cinco palabras. Quiero volver a trabajar y no se sabe si me recuperaré. Pido que se investigue. Emocionalmente estoy hundida y siento que me han echado 20 años encima.Tengo 54”..

Cuando los síntomas no cesan

Cuando los síntomas no cesanÍTMAT FABREGAT

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