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Una furgoneta aparcada en las puertas del Museu de Lleida despertó la curiosidad de paseantes y visitantes. No llevaba matrícula de Zaragoza ni de Huesca, pero más de uno temió que vinieran a buscar las obras en litigio. Falsa alarma. La furgoneta era de Guissona y venía para llevarse las tablas del siglo XVII que se han restaurado, descubriendo que no eran cuadros sino las puertas de un armario.

Sin descuento para artistas

El artista Perejaume visitó el Museu de Lleida y preguntó si hay descuento para artistas. Dijeron que no y pagó su entrada, pero luego se encontró con el director que le saludó efusivamente. Entonces la recepcionista quiso devolverle el importe de la entrada que no aceptó el artista.

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