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La ceremonia de inauguración de la Fira se trasladó este año de los salones del Palau de Vidre a un escenario a la entrada del pabellón y el acto fue más informal, pero sobre todo más soleado para las autoridades que, al igual que alguno de los asistentes, sudaron la gota gorda. Como dijo la consellera, el calor ayudó a que fueran más breves en sus discursos y de cara al año que viene prometieron buscar protección porque en este según el alcalde no habían podido “alquilar suficiente sombra”. No hubo pubilles, pero sí azafatas que se mostraban muy estrictas con quien se sentaba en las escaleras del Palau aunque fuera para tomar notas. Y el recorrido de las autoridades por los estands fue más distendido y menos protocolario y hasta con alguna pausa para fumarse un cigarrillo.

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