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En los pequeños municipios, ¿qué nos espera después del Covid-19?

Portavoz de Compromís X Peramola

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A menudo, lo rural se asocia a lo auténtico, a paisajes idílicos y tradiciones centenarias, a fiestas de verano donde la ingenuidad se transformaba en lujuria.

Aquellos que permanecemos en los pueblos se nos identifica como privilegiados de una vida en contacto con la tierra.

Desde la Administración, lo rústico ya tiene de por sí privilegio, conllevando el castigo a la ausencia de servicios básicos que sí disponen municipios mayores.

La ausencia de infraestructuras parece un elemento romántico a proteger. No se explica que después de varios años de supuesto desarrollo, todavía hoy en varios pueblos del Alt Urgell el resultado de cualquier ágape pueda encontrarse sin excesivas variaciones al final del torrente.

El “urbanismo” en los pequeños municipios nos vino impuesto por visionarios de unas expectativas económicas que ni se cumplieron ni se cumplirán. Fue basado en un crecimiento especulativo dirigido desde “la capital”, que incorporaba “mordidas” a intereses varios. Por cierto, nadie en el pueblo se tragó lo del 3%. Es decir, que solo fuera el 3%.

Gracias al abandono forzado de nuestros caminos, desplazarse hasta “la capital”, a 150 quilómetros de distancia, es más rápido que llegar a algunos puntos de nuestro término municipal.

Las visitas hospitalarias que nos sacan de nuestro habitual “paraíso” las decide un sistema “inteligente” pensado desde un despacho capitalino, para el que parece que las variables “dispersión territorial”, “escasez de transporte público”, “accesibilidad” y “población envejecida” no entraron en el bombo.

Si les digo que hay municipios donde algún niño va a la escuela a diario caminando el equivalente a ir de Pedralbes a la Barceloneta dudarán de mi palabra, aunque no deberían. Escriban en su navegador Montferrer y Castellbò y la extensión del municipio quizás les ayude a captar una realidad conocida pero ignorada… a conciencia.

Por cierto, añadan los términos “subir montaña” y “bajar montaña” para ser justos del todo.

Hasta ahora, desde nuestros pueblos, la dificultad de acceso a redes sociales era casi romántica. Ahora, después del Covid-19, los conceptos “teletrabajo” y “relaciones sociales y laborables por videoconferencia” son sencillamente impracticables.

Por si fuera poco, en los últimos 30 años, una estructura política piramidal, compactada usando las emociones como aglutinante, pretende ser el faro guía a Itaca. Olvidamos rápido que las situaciones anteriores fueron agravadas por tantos fines que quisieron justificar una escasez de medios siempre para los mismos.

No es tiempo ahora de desaprovechar nada, ni de perderse en bloqueos infantiles, ni de jugar al politiqueo fácil de táctica y salón, ni de excusar nuestra incompetencia con un nuevo escenario que ha venido para quedarse.

Es un error que desde la administración local nos quedemos esperando las “ayudas filtradas” que ya conocemos sin reclamar las que nos corresponden como actores de un futuro que se avecina, más rural que urbano y no tan romántico.

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