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Triste chico pájaro

Triste chico pájaro

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En la animación no todo son príncipes y princesas, ni edulcoradas historias, ni malos predestinados a sucumbir por decreto, ni animales antropomórficos alegres y dicharacheros. La animación tiene también tratamientos muy serios, extraídos de la dolorosa realidad, producto del desasosiego, cargados de pesimismo, pero bellos en su propia aflicción. Desarrollados con mirada adulta, sombría y desencantada en sus momentos más sensibles. Psiconautas pertenece a este grupo de películas, mantiene en su metraje un tono trágico, inspirado en un cómic de 2006, creado por Alberto Vázquez, que sirvió como base para un cortometraje titulado Birdboy, que se alzó con un Goya en el 2012. Y es ese chico pájaro, el personaje central, toxicómano y con sus demonios interiores, guardián de un halo de esperanza, de un rincón que resiste oculto, la contaminada isla donde viven tanto él, como animales y objetos humanizados, con diferentes cargas y taras dentro de la realidad apocalíptica que los envuelve, de un universo extraño y anómalo. Birdboy y su amiga Dinki, otra desheredada del feliz mundo adolescente, mantienen una relación marcada por lo imposible, el sueño de abandonar un lugar tan macabro, sea físicamente una, o con la ayuda de estupefacientes el otro, en ese entorno hostil y embrutecido. La película, ganadora del Goya de este año, mantiene un estilo limpio, casi minimalista, logrando extraer momentos de gran belleza poética en medio del caos, de la fealdad más absoluta. Por ello, con su desolador mensaje, sus sueños rotos, resulta difícil su encaje en el público. Eso depende de cómo cada uno se enfrente a lo original, a lo inusual, único en su propia rareza.

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