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Interior de una isla

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ENTENDIENDO A INGMAR BERGMAN

País: Alemania, 2018.

Dirección: M. Von Trotta, F. Moeller y B. Böhler.

Cine: Screenbox Funatic

★★★★
Una frase de Ingmar Bergman es definitoria: “Un director es un hombre con tantos problemas que no tiene tiempo para pensar”. Buscar aristas de la persona que ha ejercido una de las mayores influencias cinematográficas, los pliegues de una personalidad compleja, con todas sus virtudes y sus defectos, propicia una reflexión sobre las constantes vitales de una obra reveladora.

Hace un tiempo, el documental dividido en seis capítulos titulado Tresspasing Bergman nos acercaba a la parcela cinéfila de este, a su archivo personal, y que, tras su muerte, no pudo evitar que revisasen esa miscelánea de películas que veía en privado y que se interactuase con ellas.

Tras otro documental reciente, Bergman, su gran año, dirigido por Jane Magnusson, con material y entrevistas de gran valor, llega Entendiendo a Ingmar Bergman, que bien podría caer en la saturación si no fuese porque está hecho desde una admiración nada complaciente, desde una óptica particular en la que la directora alemana Marguerite Von Trotta, la única seleccionada entre las once películas favoritas del realizador sueco por Las hermanas alemanas, toma el pulso tanto a la fascinación que le produjo en sus años de estudiante El séptimo sello, en aquel París abierto a la Nouvelle Vague y donde Bergman logró un punto de partida imparable a través de las críticas de Truffaut o Chabrol, como a la personalidad del genio, a sus flaquezas, a sus puntos oscuros, a la revisión de un estilo no solo en el campo de la dirección sino en el teatro y en el guión, pues en este último apartado es donde se exponían todos los fantasmas que habitaban en su interior, la mirada hacia sus personajes femeninos, a la infancia propia que diseccionaba y mostraba en su cine, a su visión de la vida y la muerte, a la relación de pareja, a las contradicciones y los comportamientos de la condición humana.

Von Trotta da voz a figuras relevantes como Liv Ullman, una de sus grandes musas, Olivier Assayas, Jean-Claude Carrière o Carlos Saura, entre otros, que en pocas palabras analizan al cineasta, sin obviar las carencias afectivas con las dolorosas palabras de uno de sus hijos.

Bergman sintió en su interior los miedos de La hora del lobo, la soledad salvaje de la isla de Farö, su complicado carácter que transmitió a los demás al tiempo que regalaba una obra maestra tras otra. Porque cuando se regresa a alguna de sus películas, como alguien que relee un libro que lo marcó, es cuando más cerca estaremos de la importancia del cine en nuestras vidas.

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