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El cantante y compositor leridano David Esterri ‘Lo Pardal Roquer’, en el Cafè del Teatre de Lleida.

El cantante y compositor leridano David Esterri ‘Lo Pardal Roquer’, en el Cafè del Teatre de Lleida.J.C.

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ROCKABILLY

Intérprete: Lo Pardal Roquer.

Sala: Cafè del Teatre.

Fecha: 4 de junio

★★★☆☆
Como el Guadiana, David Esterri, o lo que es lo mismo, Lo Pardal Roquer, reaparece de vez en cuando, haciendo un alto en el camino entre sus múltiples actividades musicales y docentes, ofreciendo –en formato vinilo de veinticinco centímetros– sus recientes canciones de aroma vintage. Tras aquel Nyaposil de 2018, prepandemia, que tanto nos gustó pues amalgamaba temas propios y estupendas versiones de héroes admirados diversos –Orbison, Vincent, Lennon, Alphaville, Megatones–, ahora nos regala otra andanada, At Night In The Dark Valley (2022), esta vez participada por sus nuevas composiciones de rocanrol, surf y boogaloo, trufadas, como siempre, de textos transgresores y finísimo humor. La noche fue una auténtica fiesta con el Cafè rozando el “completo”, con buena ambientación antes y después del espectáculo gracias al pinchadiscos invitado, Marco Mutante, que nos regaló piezas oscuras y no tan oscuras, de repertorio añejo, pero siempre excitante. El show en sí, pese a las deficiencias sonoras propias del lugar, respondió a las expectativas musicalmente, como no podía ser de otro modo conocido el talento del oficiante principal, pero es que, además, este se subió al escenario acompañado de un estupendo elenco de instrumentistas y cantantes, que rayaron todos a gran nivel. A saber, el saxofonista Pau Gairí, cuya actividad, últimamente, se multiplica por doquier y bien; el contrabajista David Font; nuestro querido y admirado Joan Andreu en los tambores; y Jordi Noró en la percusión, crearon una base rítmica estupenda, para que Lo Pardal hiciese de las suyas. La guinda vocal la pusieron Emma y el trío debutante, Les Pardalettes, que añadieron su contrapunto dulce y naïf, entre tanto guitarrazo. La velada acabó de la mejor manera posible, con un sonido que fue mejorando a medida que el concierto se fue acercando al final y el ambiente caldeándose en paralelo. La apoteosis final llegó con todos protagonizando los bises de rigor y el respetable coreando a pleno pulmón una celebración que, por sanidad mental, nos conviene –y esperamos– repetir lo antes posible.
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