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CRÓNICA POLÍTICA
  • MANUEL CAMPO VIDAL
Periodista

Falta el líder del PP en el nuevo decorado

Actualizada 25/06/2018 a las 10:53
Falta el líder del PP al nou decorat

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© Falta el líder del PP al nou decorat

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Son dos años, para empezar, los que Pedro Sánchez quiere gobernar España. Y no dos meses como pedía Albert Rivera cuando ya se veía en Moncloa, según las encuestas. El panorama ha cambiado y los sondeos indican que, de celebrarse elecciones hoy, el PSOE sería primer partido y Ciudadanos el segundo. El PP, descabezado por un mes, aparece como tercero y espera remontar, mientras que Podemos se sitúa en su suelo como cuarto partido, que no es poco. El problema es que Rivera soñaba con ser presidente ya y Pablo Iglesias predicó en exceso lo del sorpaso al PSOE.

Este es el decorado incompleto de la nueva escena política española. Falta un nombre clave: el sucesor de Mariano Rajoy. Por si no lleváramos un mes de sobresaltos –moción de censura, nuevo presidente del Gobierno y consejo de ministros estelar destilado nombre a nombre– Mariano Rajoy ha aportado cuatro golpes inesperados: dimisión inmediata de la presidencia del PP, retirada de la política, vuelta a su antiguo trabajo de registrador de la propiedad y –algo insólito en la derecha– neutralidad en la elección de su sucesor. Manuel Fraga nombró a dedo a Aznar, después de equivocarse con Herrero de Miñón y con Hernández Mancha, y más tarde Aznar designó digitalmente a Mariano Rajoy. Rajoy no nombró heredero, acaso porque creía que su sucesor debía ser él mismo. Mi última conversación personal con Alberto Núñez Feijóo fue el pasado 18 de abril saliendo del diario El Progreso de Lugo y, ante mi planteamiento de que el PP lo esperaba en Madrid para liderarlo, respondió entre bromas: “Ya, pero es que mi jefe no quiere”.

Solo seis semanas después su jefe, Rajoy, daba vía libre a la sucesión. Los posibles candidatos –y sobre todo las dos candidatas favoritas, Cospedal y Soraya– esperaron a que Núñez Feijóo terminara sus días de reflexión. Después, nueva sorpresa: emocionado, dijo que su compromiso es con los gallegos hasta 2020. Adiós. De momento. Algunos de los más cercanos suspiran por que todo sea producto de un cálculo, aunque muy arriesgado, algo así como “que se depure el panorama para intentarlo en serio dentro de dos años”; o sea, con algunas bajas por la derrota en esta inminente batalla y ya digeridas las sentencias pendientes de corrupción del PP –más Gürtel, Púnica, Lezo, Taula y alguna otra fechoría– y quizás algún exministro más en la cárcel. Si entró en prisión Zaplana, del que se sospechaba pero se reconocía que era el más listo, hay por lo menos dos o tres que podrían ser, como mínimo, imputados. Además de un socialista, por cierto, de enriquecimiento sorprendente.

Removido el obstáculo Rajoy y despejada la incógnita Núñez Feijóo, la batalla popular se anuncia apasionante, dura y breve. Cospedal tira con bala a Soraya cuando dice que “yo pongo la cara por el partido aunque me la partan y no como otros que se esconden”. Hábilmente, Soraya anuncia que si gana Cospedal la apoyará sin exigencia de cargo alguno. Margallo repite que solo está en esa carrera para impedir que Soraya gane. La responsabiliza de todos sus males y de su salida del Gobierno con filtraciones, aprovechando toda la información del CNI. Pablo Casado teme que algo así haya podido sucederle con su Máster aprobado milagrosamente, como el de Cristina Cifuentes, y su carrera exprés de Derecho. Con todo, atentos a las dos candidatas y a Pablo Casado que argumenta con astucia que él colaboró con Aznar y con Rajoy indistintamente, para presentarse ahora como la renovación, frente a los que destacan que era “el niño bonito” de Esperanza Aguirre que no ahorra elogios públicos hacia él.

Entretanto, los ministros de Sánchez entran en escena. El de Agricultura, Luis Planas, se estrenó en Málaga y deslumbró por su preparación a los participantes en la Cumbre Smart Agrifood. Quiere introducir Big Data e internet en el campo y reivindica que el mundo rural español no debe percibirse como pasado frente a industria y servicios, sino como futuro. Loable intención y, de paso, palanca electoral eficaz en territorio PP.

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