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A pesar de todas las advertencias del gobierno central de que consideraba delictivo el acto, la campaña para el referéndum del 1 de octubre arrancó con un multitudinario acto en el Tarraco Arena, como colofón a una jornada que volvió a ser frenética con amenazas de Madrid de cortar incluso la luz en los locales donde se iba a votar, el plante del vicepresidente Junqueras a seguir enviando las cuentas a Madrid para su supervisión, la reacción de Madrid que se concretará hoy asumiendo el control de las facturas, el importante acuerdo con la alcaldesa de Barcelona que finalmente facilitará las votaciones y el revuelo generado por el presidente de la Comisión Europea diciendo primero que estaba con el Constitucional y el Parlamento español, admitiendo después que aceptaría un sí a la independencia en un referéndum legal y matizando al final que el nuevo estado tendría que seguir los trámites para incorporarse a la Unión Europea. Cada novedad queda superada por la que surge al cabo de unas horas en un clima de incertidumbre sobre el 1-0 del que no escapa nadie ni en Madrid, ni en Catalunya, porque nadie sabe a ciencia cierta qué pasará al final, en qué condiciones se celebrará el referéndum si llega a ser una realidad y sobre todo qué repercusiones tendrá. De momento, ha arrancado la campaña para un referéndum que el gobierno central considera ilegal y con advertencia de querellas contra todos los que se impliquen en la organización y ya está confeccionado un amplio programa de actos en todos los pueblos y ciudades para pedir el sí a la independencia, mientras no consta que se hayan organizado actos en favor del no, ni siquiera para pedir la abstención, más allá de las advertencias del gobierno de Madrid. Desde la Generalitat se asegura que habrá referéndum y desde el gobierno central se insiste en que no permitirán que se celebre la convocatoria, pero de momento cada parte vive en su propio mundo y no parece que ninguna de las dos esté dispuesta a ceder un ápice, fundamentalmente porque cualquier cesión sería considerada un fracaso por los partidarios de cada opción. Tenemos un problema serio y nadie parece tener ni ganas, ni capacidad de solucionarlo, y con este panorama, lo previsible es que la tensión vaya subiendo aún más a medida que nos acerquemos al 1 de octubre. Pero con detenciones y amenazas no solo no se arreglará nada, sino que se facilitan más argumentos a la otra parte.

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