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La Fira de Sant Josep de Mollerussa ha sido siempre el referente del mundo agrario y demuestra en cada edición su capacidad de adaptarse a las nuevas demandas y a las exigencias del sector que pasan por la incorporación de las nuevas tecnologías a la producción agraria. Es importante conservar el carácter lúdico de las ferias que congregan a miles de visitantes y mantener que la Fira sea el punto de cita de cada año, pero el éxito del certamen depende de que los visitantes encuentren respuesta a sus necesidades, que haya nuevas técnicas que faciliten, simplifiquen o mejoren su trabajo o que se incremente la productividad, y también de que los expositores encuentren el marco adecuado para que los potenciales clientes conozcan las innovaciones, las consideren eficaces para su negocio y sobre todo que las compren. Se trata de mantener el espíritu tradicional, pero combinarlo con la profesionalización y el beneficio compartido y en este sentido, la mejor demostración de que la Fira de Sant Josep se ha adaptado es que ha aumentado el volumen de negocio, que los expositores marchan satisfechos y que hasta diez mil visitantes acudieron al certamen con intención de invertir y para hacer negocios. Es una forma de sustituir los tractores tradicionales como signo de identidad por los chips y los ordenadores que ya están regulando desde la siembra hasta la cosecha pasando por la calidad del producto, el riego, la fertilización o todos los procesos de producción, de almacenamiento y de comercialización. La agricultura ya aprovecha todos los avances tecnológicos y las ferias también han de reflejar esta evolución. El mal menor El Brexit es una de las grandes amenazas para las economías británica y europea y las dos partes son conscientes de que ninguna de las dos partes saldrá ganando con la ruptura y con esta mentalidad han optado por no hacerse demasiado daño y pactar una salida blanda con dos años de transición y el mantenimiento de que el Reino Unido pueda acceder al mercado único. Irlanda del Norte y Gibraltar pueden convertirse en escollos, pero la voluntad de las partes es no complicar el divorcio.

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