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EDITORIAL
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Enterrar el franquismo

Actualizada 14/09/2018 a las 09:44

Que 43 años después de la muerte del dictador Franco siguiera existiendo un mausoleo en su memoria dice algo sobre lo que conviene reflexionar el día en que el Congreso, por fin, aprobó el decreto ley de exhumación de sus restos en el Valle de los Caídos, donde tuvieron que trabajar los presos del franquismo para mayor gloria de su verdugo. Sería inaudito que Alemania o Italia mantuvieran gestos de homenaje a Hitler o Mussolini, pero en cambio en España no solo se conservan algunas estatuas a quien fue su socio y aliado, sino que todo un mausoleo le rinde tributo a las afueras de Madrid y habría que preguntarse por qué ninguno de los sucesivos gobiernos de la democracia se han planteado “desfranquizar” el bautizado como Valle de los Caídos, por qué la Iglesia no ha levantado una ceja por acoger en una basílica los restos de quien causó infinidad de muertos y de sufrimientos en este país e incluso ha llegado a plantear problemas a una exhumación más que necesaria y que únicamente merece la crítica de que llega tarde. Desde la derecha critican al gobierno de Sánchez que sea un gesto oportunista, que busque la exhumación de Franco para ocultar otros problemas, pero estas críticas también ocultan la incomodidad de estos grupos a la hora de criticar al dictador y su obra y obvian la evidencia de que el dictador no debería recibir ningún tipo de homenaje. En cierto modo, son sus herederos y su abstención refleja que no tenían ningún problema en que el dictador siguiera recibiendo homenajes en el Valle de los Caídos y que tuviera un reconocimiento público, mientras que los restos de buena parte de sus víctimas continúan diseminados por las cunetas sin que sus familiares puedan tributarles un último homenaje. Son las consecuencias de que Franco muriera en el poder y en la cama, y también de una transición en la que todos evitaron cualquier gesto rupturista, en la que se sacrificaron principios para conseguir que se consolidara la democracia y para evitar cualquier reedición del franquismo. Puede entenderse, pero esta prudencia no justifica que Franco siguiera disfrutando de honores y bien está que sea su familia quien se ocupe de sus restos, pero el decreto-ley aprobado también debería servir para enterrar los restos del franquismo que de una manera menos evidente que en el Valle de los Caídos siguen presentes en buena parte de algunas instituciones del Estado.

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