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El presidente de la Generalitat, Quim Torra, abrió el debate de política general con un ultimátum al gobierno central: o presenta antes de noviembre una propuesta para ejercer el derecho de autodeterminación de una forma pactada o, de lo contrario, le retirará su apoyo y no podrá garantizar su estabilidad en el Congreso de los diputados. Es decir, Torra plantea la convocatoria de un referéndum vinculante o dejar caer al Gobierno y propiciar el adelanto electoral, y la respuesta del gobierno de Madrid no se ha hecho esperar rechazando, ayer mismo, cualquier forma de ultimátum para contestar que no hay que esperar a noviembre y que su postura es autogobierno sí, independencia, no. Era lo previsible: primero que Torra, después de las movilizaciones del 1-O y los incidentes entre Mossos y radicales, buscara un gesto efectista que pudiera aglutinar a todo el independentismo, también que el gobierno de Sánchez rechazara un referéndum de autodeterminación con el que nunca han estado de acuerdo los socialistas e incluso que la derecha españolista volviera a reclamar la aplicación del 155, punto que la portavoz del gobierno de Sánchez rechazó de inmediato. Todos son conscientes de que los apoyos del ejecutivo de Sánchez son más que precarios y que especialmente el de los independentistas podía quebrarse en cualquier momento, pese a la sensible mejora de las relaciones entre la Generalitat y Madrid. Ahora Torra ya ha puesto fecha, después de que los mismos socialistas se curaran en salud advirtiendo que no serían rehenes del apoyo independentista, ni estaban dispuestos a agotar la legislatura a cualquier precio. Y por otra parte, la evolución de las encuestas y la crisis del PP con la elección de Pablo Casado han hecho ver a los socialistas que están en un buen momento para acudir a las urnas, mientras que la situación puede ir empeorando en lo sucesivo con derrotas parlamentarias o con más ministros con problemas. Sus declaraciones han ido siempre en la línea de prolongar al máximo la legislatura, mientras que la derecha está reclamando elecciones desde el triunfo de la moción de censura, y ahora, el ultimátum de Torra puede ayudar a Sánchez a cargarse de razones para adelantar las elecciones confiando en las encuestas para obtener una mayoría más holgada. Siempre podrá argumentar en campaña que su gobierno ha caído por no ceder a las exigencias de los independentistas.

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