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Vivimos momentos excepcionales y hay que reaccionar con medidas excepcionales: en el ámbito sanitario se ha hecho con el estado de alarma decretado el sábado, pero en el económico se han hecho esperar hasta el consejo extraordinario del martes en que se anunció un plan de choque con una inyección de 200.000 millones de euros para combatir la crisis generada por la pandemia. Por la cifra barajada, que representa el 20 por ciento del PIB español, y también por la voluntad de que nadie quede desprotegido, sí que representa un plan inédito y necesariamente ambicioso, que era urgente y necesario, pero habrá que ver cómo se desarrolla y cómo se aplica para que llegue realmente a los ciudadanos, a los autónomos, que en un primer momento son los que más se han quejado, y a las empresas, que tienen el complicadísimo reto de mantener el empleo pese a la considerable pérdida de ingresos que están padeciendo. Hay opiniones de que el plan se queda corto al no contemplar moratorias para los autónomos o también para los alquileres, otros destacan que se garantiza la protección al desempleo aunque no se cumplan los requisitos en los ERTE que inevitablemente se presentarán y otros se quejan de que está más pensado para las grandes empresas que para las pymes al ofrecer avales y liquidez cuando el problema que se ha generado ya es de solvencia al haber disminuido drásticamente los ingresos mientras los gastos se mantienen fijos. En este sentido, se hubiera podido apostar por extender la moratoria a la fiscalidad de las empresas, autónomos o ciudadanos con problemas y despierta envidia la medida aprobada por Dinamarca para que el Estado pague el 75 por ciento de las nóminas de las empresas con problemas por el coronavirus mientras las empresas asumen el 25 por ciento restante. Con la deuda que tiene España y el riesgo permanente de que suba la prima de riesgo, parece ilusorio que pueda adoptarse una medida similar aquí pese a la lluvia de millones anunciada por Sánchez, pero nos daríamos por satisfechos con que las ayudas llegaran realmente a quienes las necesiten y no suceda como con la crisis financiera de 2008, cuando se quedaron en los bancos, con que estuviéramos realmente ante una emergencia temporal que no se prolongará en el tiempo y con recuperación posterior, algo difícil de prever, y que haya una respuesta global desde Europa para un problema que es mundial.

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