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La consellera de Salud del Govern, Alba Vergés, ha abierto la puerta a que las regiones sanitarias de Lleida, Barcelona y las dos áreas metropolitanas den el salto a la fase 3 del confinamiento antes de tiempo. Concretamente, la consellera aseguró ayer que su departamento estudiará detenidamente la posibilidad de que avancen en la desescalada el lunes día 15. Esta eventualidad es una excelente noticia para las comarcas de Ponent y el Pirineo. Primero porque rubricaría que la pandemia está controlada y que lo peor de este mal sueño ha pasado. De hecho, ayer tampoco se registró ningún fallecido ni en el llano ni en el Pirineo; en las UCI solo quedan 5 personas afectadas por el coronavirus o sus consecuencias y el número de contagios y de ingresados están totalmente estabilizados. La posibilidad de desescalar más rápido también impulsaría la economía leridana, necesitada como todas de volver a la máxima normalidad. Comercio, turismo, automoción, hostelería e incluso agroalimentación requieren de inyecciones económicas rápidas para los daños causados por la pandemia y evitar otra crisis económica como la del 2008, que destruyó empresas, redujo el poder adquisitivo de los trabajadores e hirió de muerte el bienestar social. Además, la movilidad que permitiría que toda Catalunya estuviera en la misma fase acarrearía también múltiples ventajas económicas y sociales al conjunto de la ciudadanía. Hay todavía muchas familias que no se han podido reunir, al residir en diferentes zonas sanitarias, y el Pirineo vive aislado entre comarcas en fase inferior y, por tanto, sin poder aprovechar su potencial turístico para atraer visitantes. Como colofón, esta casi nueva normalidad abriría también la puerta a la conexión con comunidades vecinas y del resto del Estado, que avanzaría también a este penúltimo peldaño en el desconfinamiento. Y para mitigar las fracturas del infierno vivido, un día después de que el BCE sorprendiera al mercado con una ampliación de su programa de compra de deuda, la mejora del empleo en EEUU ha desatado la euforia en la bolsa, elevando el apetito de los inversores por los activos de riesgo. El Ibex cerró el viernes con una subida del 4% y, por primera vez desde comienzos de marzo, supera los 7.800 puntos, en la mejor semana desde 2008, impulsado por la creación de empleo en EEUU. Parece pues, que, con toda la prudencia del mundo, hay luz al final del túnel.

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