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LA PECERA
  • JUAN CAL

La neutralidad pública

Actualizada 26/06/2019 a las 10:32
Miquel Pueyo mostra la vara d’alcalde, que li va entregar l’edil del Comú Elena Ferré, la més jove del ple.

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© Miquel Pueyo muestra la vara de alcalde, que le entregó la edil del Comú Elena Ferré, la más joven del pleno.

MAGDALENA ALTISENT
La Peixera

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© Juan Cal

Afirma Miquel Pueyo, el flamante alcalde de Lleida, tras la primera junta de portavoces, que no existe la neutralidad en el espacio público y que el mero hecho de no lucir un lazo amarillo o una pancarta es tan político como lucirlo. Y tiene razón; en los últimos tiempos, el debate sobre el uso de cierta simbología, o su ausencia, a favor de los presos o de la independencia, reflejaba la existencia de un pulso que parte al país en dos mitades y la responsabilidad de los dirigentes políticos es, o debería ser, por encima de cualquier otra, la de no contribuir a radicalizar ese encono, ese choque entre los sectores más enfrentados de una sociedad que desde 2017 se ha visto tensionada hasta límites desconocidos. Ya sabemos qué pasará después de que la junta de portavoces haya autorizado la instalación del lazo y de la pancarta en la fachada consistorial: los partidos contrarios intentarán por todos los medios a su alcance –legales, se supone–, impedir esa exhibición e instrumentalización de las instituciones públicas en favor de la mayoría ganadora de las elecciones. El espacio público tiene color, el de los ganadores, y así es lógico que en algunos lugares luzca la estelada, en otros la bandera constitucional o en otros la arco iris del colectivo LGBTI; que haya pancartas a favor de los refugiados o que griten “Viva el rey”. Lo que debería quedar claro –antes, ahora y en adelante– es que algún responsable político debería velar a partes iguales por el derecho a la libertad de expresión, pero también por evitar que la crispación se acabe instalando para siempre en la política local.

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