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Cada vez es más frecuente al contactar con alguien que la respuesta sea: “Estoy realizando una videoconferencia.” El creciente uso de las plataformas para la realización de reuniones de trabajo (Zoom, Teams, Skype, Pexip, etc.) nos permiten realizar una parte importante de nuestra actividad laboral sin tener que desplazarnos. Si a ello añadimos que la fórmula del teletrabajo está en aumento y que dicha alternativa nos lleva también a estar delante de la pantalla toda la jornada o, lo que es lo mismo, de un espejo en el que aparecemos enmarcados de forma permanente junto a compañeros, clientes y hasta extraños en una película que se graba sin apenas interrupción, el final de dicho film puede ser una cadena de hogueras en forma de pantallas quemando y consumiendo nuestra mejor energía, a menos que seamos capaces de conciliar días de teletrabajo con otros de trabajo presencial.

Conectados pero incomunicados

Veo informáticos y otros profesionales trabajando en Lleida, Barcelona, Girona, Madrid o en cualquier otra ciudad que forman parte de las filas de empresas que tienen oficinas situadas en centros de negocios. Si observamos la actitud de estos empleados, comprobamos que permanecen casi inmóviles delante de una pantalla, enfrente de un muro de cristal que les permite verse pero que les impide la menor interacción física con sus compañeros de empresa situados a miles de kilómetros o con otros que también se encuentran en otras ciudades viviendo la misma situación. Tampoco tienen excesiva interacción con el resto de profesionales que se encuentran en la misma planta del centro de negocios, trabajando para otras compañías, siendo su único vínculo en común el meramente espacial, el del inmueble y, en el mejor de los casos, el de las máquinas de vending. Y así, entre mirar la pantalla, levantarse esporádicamente para ir al baño o a la cafetera, pasan las horas y la jornada sin la menor interacción personal, en un ejercicio de conexión digital y desconexión sociolaboral.

Evitar la fatiga digital

Con la llegada de las pantallas a nuestras vidas, la lectura la hacemos mirando directamente al foco de luz, rompiendo con un hábito de miles de años en el que esta se proyectaba sobre el objeto a ver. La sobrexposición a la luz de la pantalla, junto a la disminución del parpadeo, nos puede provocar fatiga visual. Para evitarlo, el doctor en psicología cognitiva Jeremy Bailenson propone: evitar mantener un excesivo contacto visual, compensar la falta de movilidad con algún tipo de movimiento y en las videoconferencias largas acordar el ocultar esporádicamente la foto propia. Otros estudios señalan la necesidad de no realizar una videoconferencia sin programar su duración y mantener después pequeños descansos de desconexión temporal que nos permitan mantenernos física y emocionalmente en forma. Quienes deseen conocer sus niveles de fatiga por la utilización de las pantallas pueden encontrar un test como el de la Universidad de Stanford (Escala ZEF). Sus resultados pueden llevarnos a tomar medidas preventivas que permitan mantenernos de forma óptima frente a esas pantallas, que deben ser objetos dominados y no dominantes en nuestra relación con ellas.

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