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TRIBUNA
  • JOSEP FRANCESC MARÍ CARDONA

Abogado. Militar (R).

El doctor Salvany

Actualizada 21/05/2020 a las 09:23
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© Organitzats per aconseguir l'impossible

Lamentablemente, hoy estamos inmersos en la lucha contra la pandemia originada por el virus Covid-19. Es una situación que hace poco tiempo parecía impensable que sucediera en este siglo XXI, pero ha sucedido.

En este artículo se pretende analizar someramente situaciones parecidas a la actual, acaecidas en tiempos no demasiado lejanos, para aprender de ellas y valorar en su justa medida a las personas que entonces lucharon para conseguir el bien de la ciudadanía, en general, y aprender a valorar ahora a las personas que están trabajando con idéntico objetivo. El modelo que este artículo ha elegido para tal fin es la persona del doctor Salvany.

Ahora hablamos de coronavirus y hace solo dos cientos años hablaban de viruela. Esta es una enfermedad infecciosa grave, de origen desconocido, muy contagiosa y con un alto riesgo de muerte (30% de los infectados). El último caso diagnosticado en el mundo fue en 1977 (es decir, solo hace 43 años) y actualmente está certificada su erradicación por la OMS desde 1980. Afectaba muy especialmente a los niños, siendo sus síntomas cuadros de fiebre y vómitos seguidos por formación de llagas en la boca y erupciones cutáneas. Dejaba unas lesiones muy graves en la piel. Se propagaba a través del contacto de personas sanas con personas contagiadas o mediante el intercambio de objetos contaminados. La principal vía de prevención fue inocular la vacuna que se desarrolló contra la misma. Se desconoce su origen, pero existen evidencias de su existencia en una época muy temprana, pues se han hallado restos en momias egipcias datadas del siglo III aC. La enfermedad se propagó a lo largo de la historia a través de brotes periódicos: en la Europa del siglo XVIII se estima que unas 400.000 personas morían cada año por viruela y un tercio de los supervivientes desarrollaba ceguera. Se estima que, solo en el siglo XX, la viruela mató hasta 300 millones de personas, y a 500 millones en sus últimos 100 años de existencia. En 1967, apenas una década antes de su último registro, se registraron 15 millones de casos.

El descubrimiento de la vacuna contra la viruela fue por casualidad, el año 1796. Edward Jenner, un médico rural inglés, observó que las ordeñadoras de vacas lecheras adquirían ocasionalmente una especie de “viruela de vaca” o “viruela vacuna” por el contacto continuado con estos animales, y que era una variante leve de la mortífera viruela humana, contra la que quedaban así inmunizadas. Tomó suero de esta viruela “de vaca” y consiguió inocularlo a un niño de 8 años. El pequeño mostró síntomas de la infección, pero mucho más leves, y no murió. El resto de los niños inoculados respondieron sorprendentemente bien. Jenner publicó sus trabajos en 1798 y ya en diciembre de 1800 la vacuna había llegado a España, concretamente a Puigcerdà, de la mano del doctor Francisco Piguillem i Verdacer. Rápidamente el método de Jenner se difundió por Europa.

El leridano José Salvany y Lleopart, epidemiólogo, cirujano y médico militar, nació en Cervera en 1777. Como cirujano militar acertaba en sus diagnósticos y en la exactitud de sus tratamientos, además de tener éxito en las operaciones que practicaba. Estando en Barcelona en 1803, a sus 26 años de edad, fue invitado por el alicantino Dr. Balmis, a la sazón de 50 años de edad, también médico y cirujano militar, así como epidemiólogo, botánico y médico personal de rey Carlos IV, para codirigir con él la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, la cual tenía por objeto llevar la vacuna contra la viruela a las colonias de ultramar, enseñar cómo producirla y organizar las juntas de vacunación, siendo reconocida posteriormente esta expedición como la primera vez en la historia que se preparaba lo que ahora llamaríamos una misión humanitaria de medicina preventiva y que significó uno de los primeros pasos para la erradicación de la enfermedad de la viruela a escala mundial. Esta expedición partió del puerto de La Coruña el 30-11-1803 a bordo de la fragata María Pita, llevando a bordo un pasaje de 37 personas. Entre ellas, además de los dos cirujanos citados, otros dos médicos asistentes, tres practicantes, tres enfermeras y 22 niños de 3 a 9 años de edad que no habían padecido la viruela; estos iban al cuidado de la coruñesa Isabel Zendal Gómez, directora de un orfanato, siendo hijo suyo uno de aquellos niños, y su intervención en la expedición influyó grandemente en el éxito de la misma. Llevaba instrumental quirúrgico, instrumentos científicos y 2.000 ejemplares del libro sobre el procedimiento para vacunar. Aquellos niños tuvieron una misión muy importante, ya que uno de los principales problemas que se presentaron a la hora de idearla fue cómo conseguir que la vacuna resistiese todo el trayecto en perfecto estado, pues la misma no se conservaba más de doce días in vitro. Como la travesía del Atlántico era de dos meses de navegación, la solución fue aplicar a aquellos niños la técnica del “brazo a brazo”, es decir, ir pasando cada ocho o diez días la vacuna de uno a otro mediante el contacto del fluido de las pústulas, inoculándoles el virus mediante una pequeña incisión que motivaba que desarrollasen pequeños síntomas de la enfermedad, pero ellos quedaban inmunizados y protegidos del virus más agresivo. Se convirtieron así en una cadena humana, proporcionando el fluido para vacunar a miles de personas al otro lado del océano Atlántico. La expedición actuó en las Islas Canarias, Puerto Rico, Cuba, Méjico, sur de los actuales EUA y Venezuela, donde llegaron el 8 de mayo de 1804. Aquí la expedición se dividió en dos partes. Una, con el doctor Balmis, se dirigió a Méjico, Filipinas y China; la otra, dirigida por el doctor Salvany, partió hacia Panamá, Colombia, Ecuador, Perú, Chile y Bolivia. A lo largo de este viaje el doctor Salvany, que tenía una salud frágil, enfermó de tuberculosis, pero pudo continuarlo. Pretendía llegar hasta Buenos Aires (Argentina), pero el día 21 de julio de 1810, estando en La Paz (Bolivia), falleció de varias enfermedades. Tenía 34 años de edad. Fue enterrado en la Iglesia de San Francisco, en Cochabamba. En total se vacunaron más de un millón de personas. Balmis y Salvany pusieron la primera piedra de este hito histórico de la humanidad en la lucha contra aquella enfermedad.

Actualmente, a la intervención de unidades militares españolas en el marco de la lucha global contra la pandemia del Covid-19 se la ha denominado operación Balmis.

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