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PANORAMA

La tormenta perfecta

Actualizada 07/06/2020 a las 08:34

El abogado y periodista leridano Gerard Guiu llegó a EEUU en diciembre de 2017, como Director de Relaciones Institucionales del F.C. Barcelona en Nueva York. Actualmente, es el director de Desarrollo de Negocio Internacional de la firma LLYC. En este artículo, explica para SEGRE sus impresiones tras la muerte de George Floyd.

Les marxes contra el racisme es multipliquen dia a dia als carrers de tot EUA. A la foto, Nova York.

Todas las imágenes y contenidos de SEGRE.com tiene derechos y no se permite su reproducción y/o copia sin autorización expresa.

© Las marchas contra el racismo se multiplican día a día en las calles de todo EEUU. En la foto, Nueva York.

EFE
Les marxes contra el racisme es multipliquen dia a dia als carrers de tot EUA. A la foto, Nova York.

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© Las marchas contra el racismo se multiplican día a día en las calles de todo EEUU. En la foto, Nueva York.

EFE

Ni el mejor guionista de Netflix podría mejorar la película que estamos viviendo en Estados Unidos. Nueva York, la ciudad que nunca duerme, ha pasado de estar anestesiada a despertar bruscamente.

Hemos pasado de una crisis sanitaria, siendo el epicentro mundial en número de infectados y de muertes (Estados Unidos lidera el ránquing mundial con casi 2 millones de infectados, más de 100.000 muertos y subiendo) a una crisis económica (el paro en 3 meses ha dado un salto exponencial del 4% al 15%) para desembocar en una crisis social/racial, es decir estamos ante la tormenta perfecta.

La muerte de George Floyd en Minneapolis, con la ya emblemática frase que en cada manifestación se repite: “I can´t breath!” (¡no puedo respirar!), ha sido la chispa que ha encendido el fuego. Miles de personas están saliendo a protestar pacíficamente en las principales ciudades de Estados Unidos: Washington, New York, Los Ángeles, Philadelphia, etc. Pero, como siempre, una minoría organizada se sirve de la violencia y los destrozos del mobiliario urbano para eclipsar la legítima reivindicación y preocupación por un racismo latente presente desde hace años en la policía y en la justicia americana.

En las que he estado en Nueva York, la mayoría son gente joven. Con carteles reivindicativos contra el racismo y la policía.

El actor Will Smith admitió que “no es que ahora exista racismo en Estados Unidos. Es que ahora cualquier persona lo puede filmar y denunciarlo públicamente en Twitter.” No paro de preguntarme dónde está esa Norteamérica de la familia Obama que fue la que me enamoró y me conquistó para venir a trabajar aquí.

Y es que las personas de raza negra, los latinoamericanos e hispanos han sido la parte de la sociedad más golpeada por esta crisis sanitaria y económica a causa de la Covid-19. Todavía tengo en mente el hospital creado en Central Park y las fosas que se abrieron en el Bronx para enterrar la cantidad de fallecidos no identificados.

Y, en lugar de tener un presidente de Estados Unidos conciliador y unificador, Donald Trump está en plena campaña electoral con el objetivo de revalidar su presidencia en las elecciones de noviembre frente a un Joe Biden carente de carisma. Un Trump incendiario y provocador que sabe cómo activar a su electorado y que es un maestro del marketing político. El cheque enviado a todos los norteamericanos, con su nombre y por valor de 1.200 $, lo dice todo.

Llevamos 3 meses en el estado de Nueva York en “pausa”. Es decir, está todo cerrado menos supermercados, farmacias y hospitales. Hasta mañana, 8 de junio, no entraremos en una supuesta fase 1. Pero incluso los mismos musicales de Broadway han anunciado que hasta el 6 de septiembre no se plantean abrir (duro golpe a la cultura) o la asamblea general de Naciones Unidas que se celebra a mediados de setiembre y reúne a todos los jefes de gobierno del mundo será esta vez virtual.

El éxodo de muchos neoyorquinos a Florida, los Hampton o sus segundas residencias ha convertido a Manhattan en una ciudad fantasma. Hemos sido pocos los valientes en permanecer a las buenas y a las malas en esta ciudad. Salir a la calle impone. El metro se ha vuelto invisible y la gente preferimos caminar o bien optamos por la bicicleta compartida.

El gobernador Andrew Cuomo se ha erigido como un líder espiritual y sus ruedas de prensa diarias se han convertido en prime time, no solo en el estado de Nueva York sino en todo Estados Unidos. Muchas han sido las voces que piden que el gobernador Cuomo sea el candidato demócrata contra Donald Trump por su magnífica gestión de la crisis en forma (comunicación) y en fondo (leyes aprobadas). Un político que ha basado sus decisiones en los hechos, ha colaborado con la comunidad científica, ha sido transparente con sus limitaciones y ha hablado de espiritualidad y salud mental en sus discursos.

Hasta hoy domingo estamos en estado de queda de las 20 h hasta las 5 de la mañana. Prohibido pisar la calle entre esas horas. Lo que no ha conseguido el coronavirus (podíamos salir sin problema, el encierro era voluntario) lo ha logrado una lucha en contra del racismo derivada en disturbios de gran magnitud. Un toque de queda que no se recuerda en Nueva York desde la segunda Guerra Mundial.

Las principales calles y avenidas como la Quinta muestran una imagen muy diferente a la que conocemos. Todas las tiendas, comercios y restaurantes permanecen tapiados con madera para evitar robos. Los saqueos y disturbios han sido constantes y preocupantes hasta el punto de provocar una confrontación pública entre el alcalde de Nueva York, Bill Di Blasio, y el gobernador del Estado, Cuomo, por lo mal que se está gestionando la crisis y ambos políticos, por cierto, son demócratas.

Lo que sí conserva Nueva York es esa fuerza de reivindicación social que nos lleva a recordar cómo hace más de 50 años empezó en Stonewall (en el barrio de Greenwich) la reivindicación por los derechos homosexuales extendiéndose por todo Estados Unidos.

A día de hoy, USA continúa cerrada a los extranjeros y no se permiten vuelos de otros países (sí internos). Pero este forzado proteccionismo no puede durar mucho. Nueva York es mágica por la mezcla de culturas, personas e ideologías, donde la bandera del respeto es la que prevalece por delante de cualquiera.

En una de las manifestaciones que se han repetido estos días vi una pancarta que suscribo radicalmente: “¡Empiezo a creer en la utopía, porque la realidad me parece increíble!”.

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