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El yihadismo crece en Burkina Faso, como en todo el Sahel

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El asesinato en Burkina Faso de tres periodistas, dos de ellos españoles, coincide con un gran ascenso de los grupos yihadistas en la zona del Sahel y de África subsahariana, que aprovechan los conflictos étnicos en la región y la debilidad de los Estados para sembrar el terror.

De entre todos estos grupos, sobresale el llamado Estado Islámico (EI), cada vez más presente en toda África subsahariana; así, el mismo día del asesinato de los reporteros españoles David Beriáin y Roberto Fraile, y de un cooperante irlandés, el grupo yihadista anunció otras masacres en Chad, Nigeria y Malí.

Según el Anuario del Terrorismo Yihadista, elaborado por el Observatorio Internacional de Víctimas del Terrorismo (OIET), en 2020 se cometieron en el mundo 2.350 atentados yihadistas: de todos los países, Burkina Faso fue el tercero del mundo con más víctimas mortales (799).

UN ASCENSO CONTINUO

La organización terrorista anunció ayer haber matado o herido a alrededor de 20 soldados chadianos en un asalto el pasado lunes a una cuartel militar en la localidad de Léré, en la región de Mayo-Kebbi, en el oeste del país; por su parte, fuentes militares chadianas reconocieron doce muertos.

Los yihadistas se apropiaron de todas las armas que estaban en el sitio antes de prender fuego a sus dependencias y de retirarse de la zona, un "modus operandi" que repiten en cada ataque de los que perpetran en el Sahel.

El pasado domingo, la organización terrorista tomó durante varias horas el control de la localidad de Mainok, cerca de la ciudad de Maiduguri, en el noreste de Nigeria, y mató a 33 soldados, según informaron fuentes castrenses a Efe.

Los yihadistas, que viajaban en camiones artillados y vehículos blindados con toda libertad, tendieron una emboscada a un convoy militar y luego invadieron una base del Ejercito.

El pasado 9 de agosto, el EI secuestro y asesinó en el mismo día en Níger a seis ciudadanos franceses y dos acompañantes nigerinos en la zona de Kouré, a unos 55 kilómetros al sureste de la capital Niamey, un ataque con similitudes con el perpetrado ayer en Burkina.

HOSTILIDAD CONTRA HUMANITARIOS Y EMPRESAS

A mediados de junio pasado, el editorial del semanario del EI, "Al Nabae", acusó a las organizaciones humanitarias que operan en la región del Sahel de "espionaje", de traer la "impureza" a las sociedades musulmanas locales y de sembrar la discordia entre sus combatientes y la población civil.

Esas acusaciones del EI precedieron en unos días al secuestro de diez trabajadores de una ONG local que realizaba una operación de distribución de comida organizada por el Programa Mundial de Alimentos.

Los diez trabajadores fueron capturados por un grupo de hombres armados desconocidos en la localidad rural nigerina de Torodi, y liberados tras dos semanas.

El pasado 18 de octubre, el portavoz del EI, Abu Hamza al Qurashi, incitó a los musulmanes en el Sahel y el Oeste de África a "quemar" las empresas de los "cruzados", palabra con la que siempre se refiere a los países occidentales.

En una grabación difundida por la "productora" audiovisual del EI, Al Furqan, Al Qurashi mencionó a las empresas implantadas en los países de Nigeria, Mali, Burkina Faso, Congo, Kenia y Chad como ejemplos de la presencia occidental en sus países.

MÁS FUERZAS EXTRANJERAS, PERO MÁS TERRORISMO

A pesar de la presencia en la zonas del Sahel y del África subsahariana de varias tropas internacionales de estabilización, la fuerza y la expansión de los grupos yihadistas del EI y Al Qaeda continúa.

Malí es el ejemplo perfecto: allí se encuentran cuatro fuerzas internacionales que suman más de 20.000 soldados, pero la inestabilidad es la norma, y las víctimas son soldados malienses, cascos azules o líderes políticos locales.

Los militares internacionales muertos en Mali pertenecen a la misión de la ONU (Minusma, 13.000 militares) o la fuerza francesa Barkhane (3.000), que actúan al lado de la Fuerza Conjunta del Sahel G5 (Mauritania, Mali, Burkina Faso, Níger y Chad, casi 5.000) y la Misión de Entrenamiento la Unión Europea EUTM Mali (600 soldados y policías).

Según los expertos, el ascenso de los grupos yihadistas no se debe solamente a la debilidad de los sistemas de seguridad, sino también a la inestabilidad política y los conflictos interétnicos, que empujan a algunas poblaciones de la región a buscar la protección de los grupos yihadistas o sumarse a ellos.

El investigador principal de Seguridad y Defensa del Real Instituto Elcano, Félix Arteaga, explicó en recientes declaraciones a Efe sobre la situación en Malí que el esfuerzo militar no es suficiente, y la violencia no se puede acabar sin reformas estructurales que la eviten.

"Si continúa el bloqueo de las reformas políticas, sociales y económicas pendientes se agravarán los conflictos intercomunales. La intervención militar no está diseñada para prevenir un conflicto armado como el que se está generando", advirtió. 

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