Ni en crema ni frito, estas son las mejores recetas con calabacín para aprovechar la verdura de temporada
Rellenos de arroz y atún o en formato flan con salsa pesto, estas elaboraciones sacan el máximo partido a una hortaliza saludable y adaptable a todo tipo de dietas

El calabacín es una de las hortalizas del verano.
Aunque se puede comprar durante todo el año, el mejor momento para encontrar calabacín fresco en el mercado es durante el verano. Y es que se trata de una hortaliza que necesita climas calurosos para crecer. Habitualmente se prepara frito o a la brasa, se utiliza para elaborar cremas o se añade a ensaladas, pero es una verdura muy versátil ideal para elaborar una gran cantidad de recetas, de las que proponemos dos: calabacines rellenos de arroz y atún y flanes de calabacín con salsa pesto.
Calabacines rellenos de arroz y atún
La elaboración de este plato comienza con la preparación de los calabacines, que deben ser lavados, secados y cortados en segmentos de 8-10 centímetros. El siguiente paso crucial consiste en vaciar cuidadosamente el interior, creando tubos con paredes de aproximadamente 5 milímetros de grosor, reservando la pulpa extraída para el relleno.
Los tubos de calabacín deben cocerse brevemente en agua durante 3-4 minutos, tiempo suficiente para que adquieran ternura sin perder su forma estructural. Paralelamente, se cuece el arroz integral durante 12-15 minutos, un periodo inferior al habitual ya que continuará su cocción posteriormente con el resto de ingredientes.
El relleno se prepara mediante un sofrito de cebolla y ajo al que se incorpora la pulpa de calabacín previamente reservada. Tras unos minutos de cocción, se añade salsa de tomate y se condimenta al gusto. Esta base se mezcla con el arroz cocido, el atún desmenuzado, huevo cocido troceado y queso Grana Padano rallado, creando una combinación de sabores y texturas que enmascara la presencia del vegetal para los paladares más exigentes.
Una vez rellenados los tubos de calabacín con la mezcla preparada, se cubren con queso rallado adicional y se hornean a 200ºC durante 20 minutos. Este proceso final es fundamental para integrar todos los sabores y obtener una textura gratinada en la superficie que resulta especialmente atractiva.
La versatilidad de esta receta permite adaptarla a diferentes tamaños y formas de calabacín: los ejemplares grandes pueden cortarse en trozos como se describe en la receta principal; los pequeños pueden dividirse longitudinalmente; y los calabacines redondos simplemente requieren retirar la "tapa" superior para su vaciado. Esta adaptabilidad convierte el plato en una opción viable durante toda la temporada de este vegetal.
La versatilidad de esta preparación permite su adaptación a diferentes regímenes alimentarios. Para dietas vegetarianas, el atún puede sustituirse por proteínas vegetales como tofu desmenuzado o legumbres cocidas, manteniendo el aporte proteico necesario para un plato equilibrado.
Las personas con intolerancia al gluten pueden disfrutar de esta receta sin modificaciones, ya que todos sus ingredientes son naturalmente libres de esta proteína. Para aquellos que siguen dietas bajas en grasas, se recomienda utilizar atún al natural en lugar de conservado en aceite, y reducir la cantidad de queso rallado para el gratinado.
Flan de calabacín con salsa pesto
El flan de calabacín con salsa pesto se ha convertido en uno de los platos estrella del verano 2025 por su versatilidad y frescura. Esta receta que combina la suavidad del calabacín con la cremosidad del queso de cabra está ganando popularidad entre los aficionados a la cocina mediterránea. La preparación, que requiere ingredientes sencillos y fáciles de conseguir en cualquier mercado local, se posiciona como una alternativa saludable y ligera para los días calurosos.
La elaboración de este flan salado no requiere horno ni técnicas complicadas, lo que lo hace accesible incluso para cocineros principiantes. El proceso se basa en la gelatinización de una mezcla de lácteos con verduras, que tras reposar en la nevera adquiere una consistencia firme pero delicada. La combinación del calabacín, que aporta frescura, con el queso de cabra, que proporciona cremosidad y un punto de acidez, crea un equilibrio de sabores que se complementa perfectamente con la intensidad aromática de la salsa pesto.
Para preparar este refrescante plato se necesitan principalmente calabacines frescos y queso de cabra. La base del flan requiere 2 calabacines medianos, 350 gramos de queso fresco de cabra, 2 hojas de gelatina, medio litro de leche, 1 pimiento rojo asado, 4 cebollitas en vinagre, aceite de oliva, sal y pimienta. Estos ingredientes son suficientes para elaborar cuatro raciones individuales, ideales como entrante o como plato principal ligero.
La salsa pesto que acompaña y realza el sabor del flan se prepara con ingredientes tradicionales de la gastronomía italiana: 2 ramitas de albahaca fresca, 30 gramos de piñones pelados, medio diente de ajo, 60 mililitros de aceite de oliva virgen extra y 50 gramos de queso parmesano rallado. La combinación de estos elementos crea una salsa aromática y con personalidad que contrasta con la suavidad del flan.
El primer paso para preparar este plato consiste en hidratar las hojas de gelatina en agua fría durante aproximadamente cinco minutos. Mientras tanto, se debe calentar la mitad de la leche y, una vez que esté templada, añadir la gelatina escurrida, removiendo hasta conseguir su completa disolución. Este proceso es fundamental para garantizar la correcta cuajada del flan.
A continuación, se deben lavar los calabacines y cortarlos en finas láminas longitudinales. Estas láminas se escaldan en agua hirviendo con sal durante un minuto y se escurren sobre un paño limpio. Con ellas se forrarán los moldes previamente engrasados con aceite, dejando que sobresalgan por los bordes para posteriormente doblarlas hacia el interior y cubrir completamente la preparación.
El relleno se elabora triturando el queso de cabra con el resto de la leche templada, mezcla que se incorpora a la preparación con gelatina. A esta base se añaden las cebollitas en vinagre y el pimiento rojo asado, ambos finamente picados, junto con sal y pimienta al gusto. La mezcla resultante se reparte entre los moldes forrados con calabacín, doblando hacia el interior las láminas que sobresalen. Los flanes deben reposar en la nevera durante al menos seis horas para que adquieran la consistencia adecuada.
La preparación de la salsa pesto tradicional es sencilla pero requiere atención a las proporciones. Se comienza lavando las hojas de albahaca, reservando algunas para la decoración final. El resto se tritura junto con el ajo pelado, los piñones y una tercera parte del aceite. Sin dejar de remover, se va incorporando el resto del aceite hasta obtener una emulsión homogénea. Finalmente, se añade el queso parmesano rallado, sal y pimienta.
Para servir este elegante plato, se deben desmoldar cuidadosamente los flanes sobre platos individuales. Alrededor se dispone la salsa pesto, creando un contraste de colores y sabores muy atractivo. La presentación se completa con las hojas de albahaca fresca reservadas, que además de decorar, aportan un aroma intenso que realza toda la preparación.
Este plato no solo destaca por su sabor sino también por sus cualidades nutricionales. El calabacín es una hortaliza baja en calorías, con alto contenido en agua y fibra, lo que lo convierte en un ingrediente ideal para dietas equilibradas. Aporta vitaminas del grupo B, vitamina C y minerales como el potasio y el magnesio.
El queso de cabra, por su parte, proporciona proteínas de alto valor biológico y calcio fácilmente asimilable. La albahaca y el ajo presentes en la salsa pesto tienen propiedades antioxidantes y antibacterianas reconocidas. Los piñones y el aceite de oliva aportan grasas saludables, principalmente monoinsaturadas, beneficiosas para la salud cardiovascular.
Para una versión vegana, puede sustituirse el queso de cabra por tofu sedoso y utilizar leche vegetal, mientras que la gelatina animal puede reemplazarse por agar-agar en las proporciones adecuadas. El pesto también admite versiones veganas, sustituyendo el queso parmesano por levadura nutricional.
Otra posible variación consiste en incorporar diferentes hierbas aromáticas al flan, como eneldo, estragón o cebollino, que aportarán matices diferentes. También pueden añadirse otros vegetales al relleno, como espinacas blanqueadas o champiñones salteados, que enriquecerán tanto el sabor como el aporte nutritivo del plato.