‘Les Tresines’ recuperan una feria de la Segarra que dejó de celebrarse a mediados del siglo XX
Tres vecinas impulsan el popular certamen, que tendrá una veintena de paradas y decoración muy rústica

Las llamadas ‘Tresines’ llevan semanas trabajando en la decoración y toda la logística. - ELENA MEDINA
Sanaüja volverá a vivir este domingo 7 de diciembre, de 11 de la mañana a 2 del mediodía, el ambiente de la Fira de la Purísima, una tradición que había quedado en el recuerdo desde mediados del siglo XX. Su recuperación ha sido posible por tres vecinas muy queridas que se hacen llamar Les Tresines: Josefina, Conxita y Tresa, de una media de 73 años y que llevan tiempo trabajando por un envejecimiento con actividad y plenitud.
Esta feria no pretende ser una recreación exacta del pasado, sino una reinvención entrañable y comunitaria, inspirada en los mercados navideños europeos pero con esencia local. La calle Morer, con mucha construcción de piedra y ubicada en el núcleo histórico, se llenará de decoraciones rústicas hechas a mano, la mayoría con materiales reutilizados, que las propias organizadoras y una decena de vecinas han preparado durante las últimas semanas con muchas horas de dedicación.
Habrá una veintena de paradas, la mayoría, de vecinos del pueblo que se han querido sumar a esta iniciativa, con productos gastronómicos y artesanía: garrapiñadas, centros de Navidad, arrugats de El Rosal de Tàrrega —que inventó Lluís, natural de Sanaüja-, cerveza artesana, quesos, velas e incluso turrones de yema tostada elaborados al momento. No faltará un photocall en recuerdo del fotógrafo que antiguamente acudía para inmortalizar el día de feria.
Con esta iniciativa, Les Tresines quieren tejer comunidad y devolver la vida al centro histórico del municipio. Ya habían dejado huella hace unos años recuperando las alfombras de flores por Corpus, y ahora vuelven a demostrar que en Sanaüja el espíritu colectivo sigue muy vivo. El ayuntamiento también se ha sumado cediendo mesas y colaborando en la organización.
Como recuerdan las protagonistas, en la antiga feria “era el día de estrenar abrigo y ropa de invierno, y los niños esperaban con ilusión a los torronaires de Agramunt. Después de la celebración de la misa, había sesión de baile, e incluso se habían llegado a celebrar dos”.
El domingo, gracias a Les Tresines y a todos los vecinos que se han volcado en la iniciativa, Sanaüja revivirá aquel calor compartido de un pueblo que celebra su memoria y mira el futuro con ganas de compartir y fomentar la comunidad.