POLÍTICA
Starmer tira la toalla sin cumplir ni dos años como primer ministro
Los laboristas deben elegir a su nuevo líder y ‘premier’ británico. El exalcalde de Manchester se perfila como relevo tras la dimisión del ‘tibio’ mandatario

Keir Starmer se abraza emocionado a su esposa, Victoria, tras anunciar su dimisión. - EFE/EPA/TOLGA AKMEN
Keir Starmer anunció ayer su dimisión como líder del Partido Laborista y primer ministro británico tras reconocer que había perdido la confianza de su grupo parlamentario, sin haber cumplido ni dos años en el poder. Starmer, que obtuvo mayoría absoluta en julio de 2024, dijo que ha pedido al Comité Nacional Ejecutivo de su partido que establezca un calendario de cara a las candidaturas a la sucesión para el 9 de julio, proceso que quedará completado antes del receso parlamentario de verano, a finales del próximo mes. Espera que el nuevo líder laborista y primer ministro asuma el poder en septiembre, antes de que se reanuden las sesiones del Parlamento británico, o incluso con antelación si solo hay un candidato. Starmer permanecerá en el cargo hasta la elección del líder, al que ayer aseguró que dará “todo su apoyo”.
Starmer llevaba recibiendo presiones de sus ministros y diputados a raíz del revés electoral sufrido por los laboristas en las elecciones locales inglesas y regionales en Escocia y Gales el pasado 7 de mayo. Además, se ha visto forzado a dejar el poder tras la reciente victoria de su rival político, el exalcalde de Mánchester Andy Burnham, que fue elegido diputado al ganar el pasado jueves el escaño de Makerfield, en el noroeste de Inglaterra. Burnham, figura carismática en el seno del laborismo, se presentará como candidato para sustituir a Starmer, para lo que necesitará el apoyo de un mínimo de 81 diputados laboristas —el 20% del grupo parlamentario-, pero se estima que ya cuenta con al menos 200.
El mandato laborista de Starmer se ha caracterizado por su tibieza a la hora de posicionarse en temas controvertidos como el conflicto palestino-israelí, así como por algunas decisiones fiscales y políticas muy criticadas, como el recorte de ayudas a pensionistas o el nombramiento del exministro Peter Mandelson, con estrechos vínculos con el pederasta convicto estadounidense Jeffrey Epstein, como embajador en Washington.
También abogó por restablecer las relaciones entre el Reino Unido y la Unión Europea, dañadas tras el Brexit, en materia comercial, seguridad y de defensa, pero sin atreverse a abogar por una vuelta del país al bloque comunitario.