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CAFÈ DELS OMESOS
  • CARME VIDALHUGUET

Créditos de confianza

Actualizada 12/07/2018 a las 08:53

En las encuestas que ofrecen prioridades de interés ciudadano, los políticos no ascienden. Los políticos, no la política. Y el matiz es importante porque no quiere decir que se cuestione la gobernanza, sino que aquello que preocupa es quien gobierna o aspira a gobernar los asuntos públicos. Son, pues, aquellos que se dedicamos, los cuestionados, no el noble arte de la política. Entonces, habría que preguntarse –y responderse– el porqué de este descrédito. ¿Por Qué esta falta de confianza? ¿Por Qué este “todos son iguales”? ¿Qué ha pasado para que en una democracia joven, habiendo vivido una oscuridad tan larga, los ciudadanos se distancien, cuando|cuándo al político se le tiene que tener toda la confianza? La credibilidad la tenemos cuando son las acciones y las actitudes aquello que nos justifica las ideas, y no al revés.

Verbalizar el que pensamos costa muy poco, pero hace falta que las acciones y las actitudes no nos contradigan, de lo contrario pasa aquello tan cierto que decía Josep Pla cuándo destacaba que en un pueblo vale más no tener ninguna idea que cambiar de opinión. Nos vale un ejemplo: la dedicación a la política todo el mundo coincide en qué no es una profesión sino un paréntesis en la vida profesional para una voluntad de servicio, argumentación que se avala en un periodo de unas dos legislaturas. ¿Pero si los mismos actores que lo verbalizan lo incumplen, de qué hablamos? Si estas contradicciones entre lo que se llama|dice y lo que se hace, sólo a nivel de formalidad, ya no se cumplen, como no tiene que crecer el descrédito cuando las incongruencias ocurren a nivel programático.

¿Cuál es la visualización de asumir errores y de depurar responsabilidades? ¡Las urnas! La suerte de la democracia es que el ciudadano con el voto puede hacer cambiar los arcos parlamentarios. Cuando se incumplen los programas, cuando no ha habido proyecto sino continuidad, cuando no hay política con convencimiento ideológico, el votante queda desmotivado. Y es que el ciudadano, harto de que los impuestos no revierten en contraprestaciones, ha dicho basta a la fidelidad de voto dentro de los márgenes ideológicos, porque el político es un centro de fuerza que coordina medios para realizar los objetivos presentados en el programa. Por eso con el voto, muy ciudadano deja el bono para tener lo mejor. “Porque vivir es muy caro”, dice al poeta. Y la pobreza excluye.

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