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"Que sea la última de una vez por todas"

  • Anna Sàez
Actualizada 12/09/2017 a las 11:51
Miles de leridanos toman la calle Aragó, en un último esfuerzo colectivo independentista antes del referéndum y con gritos de “votarem”
Después de tantos años de movilizaciones, habrá que pedir a Linkedin que incorpore el perfil de manifestante profesional, porque los hay, que la de ayer fue la sexta Diada que movilizó a un millón de personas. El reto, encontrar a un novato. No fue tarea fácil. Los leridanos estaban más que curtidos. Sillas plegables, banderas con mástil extensible para poder recogerlas cómodamente, neveras de cámping, gorras, abanicos, agua en abundancia, zapatos cómodos, baterías portátiles para móvil... Set completo.

El milagró se obró en el tramo 401, el de la montaña, donde se concentraron Pallars Jussà, Pallars Sobirà, Alta Ribagorça y Aran. Àngels Nogueró y Àngel Solduja, de Tremp, se estrenaban. “A las otras no pudimos ir. Este año, como parece que va a ser la última gran manifestación, nos hemos animado porque nos hacía ilusión poder decir que nosotros también hemos hecho historia”. Su entusiasmo arranca un aplauso a sus compañeros de autocar. A ellos les tocó madrugar. A las nueve ya estaban en ruta. “Pero contentos igual, hasta andando hubiera venido”, asegura Nogueró. Los de Alcarràs, casi, casi tienen que hacerlo. Los dos autocares fletados resultaron insuficientes. “¡Quién nos iba a decir que habría overbooking!” Se vendieron más plazas de las que había disponibles. “Pero no nos importa haber perdido el billete. Hemos sacado los coches particulares del garaje y hemos venido”. Eso sí, piden “que sea la última”. Que con seis Diades ya han cumplido. Son las tres y la calle Aragó ya está llena. En teoría falta una hora para la concentración. Especialmente el lateral con sombra, todo sea dicho, pero hubo unanimidad en que este año la meteorología fue más clemente. A pleno sol, una senyera que parece la cabecera de la manifestación de tan grande que es. “Sarroca de Lleida per la independència”, se lee en letras negras. “Hace cinco años que nos estamos preparando”, bromea Gerard. “Y como va a ser el último año...” Puntos suspensivos para soñar.

Lo de que era la última manifestación era como un mantra repetido por casi todos los movilizados. En cambio, el adjetivo “histórico”, del que tanto se abusó en anteriores ediciones, desapareció del léxico indepe. Y es que ni Napoleón vivió tantos días históricos como los que se van sumando desde la gran manifestación del 10 de julio de 2010 con la que Catalunya protestó por el recorte del Estatut que hizo el Tribunal Constitucional a instancias del Partido Popular, por entonces en la oposición. “Quien siembra vientos, recoge tempestades”, podía leerse en una de las camisetas. No fue año de uniforme. De hecho, fue la jornada más anárquica. La organización había previsto que todo el mundo llegara al centro de Barcelona con la camiseta que quisiera para, tras el paso de la lona, cambiarse y lucir el look fosforito de esta edición. Y fue el color predominante, pero casi nadie se cambió. “A mi edad ya no puedo desnudarme en medio de la calle, y con dos camisetas me hubiera muerto de calor”, explicaba Carme, de Lleida. El Sr. Postu, el superhéroe leridano que hace el bien en las redes sociales, también sudó lo suyo, que la máscara de Spiderman no es apta para los calores del verano. “Lo importante es que he vendido muchas postuxapes y que todo el dinero recaudado irá a parar a las causas sociales que promuevo”. Ya se lo dijo el tío Ben al verdadero Spiderman: “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Y el Sr. Postu, como la Barcelona de Peret, tiene poder. Ayer se hizo fotos con centenares de admiradores. “He perdido la cuenta, ya”. Justo al otro extremo de la calle, un señor ya mayor y con muleta está sentado. Le preguntamos de dónde es. La respuesta es épica. “¿De dónde vengo o de donde soy?” Escuela Pelegrí, Pelegrí, Pelegrí. Nos lo pone más fácil que el mito leridano a Jaime Bores. “Soy de Vilalba, de la Terra Alta, pero vengo de Baldomar, en la Noguera, el pueblo del que es originaria mi mujer”. Joaquim, de 77 años, es un maestro jubilado. “Llevo muleta porque me hice un esguince, pero no me lo quería perder, aunque tenga que estar aquí sentado”. Le pedimos permiso para hacerle una fotografía y posa con un manifestante entusiasta más joven que él. “¿Es su hijo?”. Se ríe con ganas. “No, no, lo acabo de conocer”. “Todos somos una piña”, concluye entre visques a Catalunya Lliure su acompañante. Con menos han hecho un anuncio los de Burger King.

Es el sector senior. Isidoro Beà, de 72 años y de Lleida, no anda lejos. Lleva una camisa muy rumbosa y una gorra de marinero “aunque soy de secano”. Dice que así les resulta más fácil a sus familiares localizarlo. A su lado, Ramon Capell, de Artesa de Lleida. “No adivinarías la edad que tiene”, nos advierte Beà antes de que nos la diga. “En noviembre cumplo 76”, dice con orgullo Capell. Tiene buenos genes. “En mi familia hemos sido todos futbolistas. Mi padre llegó a jugar con el Lleida”, advierte. La megafonía, asignatura pendiente en otras jornadas, funcionó a la perfección. Se alternaron Catalunya Ràdio y Rac1, además de los parlamentos del escenario central. No se vió nada, pero se oyó todo. Sobre todo, se oyó el silencio. Fue uno de los momentos más impresionantes de la manifestación. Grallers, gritos de “votarem”, el ya clásico de “in-inde-inpendèn-cia”, risas, móviles y, de pronto, un millón de personas enmudeció para guardar un minuto de silencio por las víctimas de los atentados de Barcelona y Cambrils del 17 de agosto. Ni el llanto de un bebé –y había muchos– ni el ladrido de un perro –había unos cuantos–. Nada. Piel de gallina ante semejante muestra de respeto.

Los Mossos fueron más visibles que nunca. La cicatriz del terror aún escocía. Y ellos seguían recibiendo el cariño de la calle, en especial el mayor Trapero, que protagonizaba muchas camisetas con su legendaria: “pues bueno, pues molt bé, pues adiós”. Era la “Diada pel sí”. Y se notó. En todos los idiomas se leyó un sí rotundo. En especial, al referéndum, para que también los del ‘no’ puedan tener voz y voto. Con un “yes” Yoko Ono conquistó a John Lennon en los tiempos en los que, según definición propia, The Beatles era más famosos que Jesucristo. Un “yes” que había que leer usando una lupa colgada en lo alto de una escalera. Tal vez por eso, Imagine fuera uno de los temas recurrentes. Y la imaginación no faltó. Los organizadores volvieron a inventarse una movilización espectacular, un gran signo ‘más’ multicolor que al paso de unas lonas cambiaría de color. Pero ni los manifestantes estuvieron por la labor de cambiarse ni las lonas se sincronizaron bien. Menudencias. Desde el balcón del tercer piso del número 231 de Aragó, las vistas dejan sin aliento. Un año más. La marea humana parecía no tener fin. O sí. ¿Acabará el 1 de octubre?
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