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El poeta y dramaturgo alemán Goethe dijo una vez: “Las únicas personas que no se equivocan, en este mundo, son las que no hacen nada.” Con asiduidad nos pasamos la vida tomando decisiones y actuando en función de las mismas y, aunque intentamos siempre hacer las cosas lo mejor posible, es inevitable correr riesgos y equivocarnos. Por ello es importantísimo que sepamos asumir nuestros fallos, aprender de ellos e intentar sacar el lado positivo. Somos humanos y nos equivocamos, todos lo hacemos en alguna etapa de nuestra vida. Además, equivocarse es una oportunidad y nos ayuda a crecer y a mejorar como personas. 

A nadie le gusta cometer deslices, pero cuando pasan debemos aprender de ellos y darnos cuenta de que los tropezones forman parte de la superación personal. No debemos sentirnos nunca agobiados por la culpa y el arrepentimiento, sino que analicemos cómo podemos beneficiarnos de ello. Sin duda, existen personas que no son capaces de asumir la responsabilidad de sus equivocaciones y de sus errores. Creen que nunca los cometen y los atribuyen a la mala suerte o a malas actuaciones por parte de los demás. El gran actor y músico estadounidense Woody Allen lo tuvo muy claro manifestando: “Si no te equivocas de vez en cuando, es que no te arriesgas.” No encuentres nunca la falta, encuentra el remedio. 

A nadie le gusta cometer equivocaciones, pero se trata de aceptarlas, no como algo catastrófico, sino como una oportunidad para aprender. Esto nos ayuda a crecer a nivel personal y a instruirnos de las propias experiencias. Tengamos presente que el caminar tiene sus caídas, pero esto no significa que hayamos que dejar de dar pasos. Y terminaré mencionando a este gran filósofo que fue Jaime Luciano Balmes que en cierta ocasión aludió esta bonita frase: “Hasta los sentimientos buenos si se exaltan en demasía son capaces de conducirnos a errores deplorables.”

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