Por Navidad, quien no estrena no es nadie
En pocas palabras: la misión implica estar abierto a lo que es nuevo. Las novedades deben ser objeto de discernimiento; por eso nos preguntamos: “¿Qué es lo nuevo?” La sabiduría popular reclama una atención especial para favorecer la novedad, aunque sea de vez en cuando. Algunas propuestas contemporáneas hablan con bastante frecuencia del cuidado de uno mismo, y tras esta propuesta se encadena una serie de caprichos bastante numerosos. No se trata de añadir más cosas a nuestra vida para ser más felices. El concepto de “cantidad” no es un gran criterio; más bien debemos descubrir la medida adecuada de aquello que se añade a nuestra vida. Es decir, en términos misioneros, deberíamos decir que conviene optar por planteamientos modestos y constantes y, evitando siempre las rutinas, tender con destreza hacia la novedad. Aquel leitmotiv que pastoralmente hemos utilizado tanto, el “siempre se ha hecho así”, quedaría claramente cuestionado por el refrán que hoy proponemos entender desde nuestra perspectiva misionera: “Por Navidad, quien no estrena, no es nadie”.