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Y como era de temer, la guerra ha vuelto a estallar en Europa con bombardeos rusos en Ucrania y tropas de Putin cruzando las fronteras, aunque sería más correcto decir que Putin ha invadido un país vecino desafiando todos los principios del derecho internacional con la torpe excusa de “desnazificar el país y combatir al imperio del mal” representado por Occidente. Son conocidas las tácticas de desinformación de Putin, que primero auspició la declaración de independencia de las regiones prorrusas, luego las reconoció y ahora acude a protegerlas, extendiendo sus bombardeos hasta las cercanías de Kiev. El resultado es el mismo: invasión del país vecino y nueva guerra en Europa que olvida con facilidad los desastres de las guerras mundiales o los de la guerra de los Balcanes, con el agravante de que en esta ocasión hay más armamento nuclear en liza y unas repercusiones económicas que pueden ser mucho más catastróficas para Europa, que ya está viendo como se han disparado los precios del gas y del petróleo, porque Rusia está entre los principales suministradores, y verá como también se dispararán los precios de los cereales y de los piensos, porque tanto Ucrania como Rusia están entre los grandes suministradores de estas materias primas.

Todas las guerras son aborrecibles y ninguna soluciona nada, pero en este caso aún es más absurdo el planteamiento que enfrenta a Rusia y la OTAN: Putin quiere tejer un cinturón de seguridad alrededor de sus fronteras recuperando las viejas ideas imperialistas de los dictadores rusos, condenadas por todos los partidos comunistas de Europa, mientras que la OTAN también dio alas a la posibilidad de que Ucrania se integrara en la Alianza como forma de debilitar al enemigo ruso como si aún estuviéramos en la guerra fría. Putin, que ya había ocupado otras repúblicas ex-soviéticas con más discreción y menos ruido, no ha tenido problemas en convertir Ucrania en su nuevo blanco con esta invasión, que, salvo cambio radical, no tendrá más respuesta por parte de Occidente que sanciones económicas, que se anuncian duras pero que no inmutan a Putin, que tomará represalias que sí serán perjudiciales para Europa, la gran damnificada después del pueblo ucraniano, que ha visto pisoteada su soberanía y se enfrenta a un rosario de muerte y desolación. Toda guerra es un fracaso de la diplomacia y en este caso se ha demostrado la impotencia de Europa, cuyos principales dirigentes han peregrinado a Moscú sin cosechar más que desplantes y que ahora se ve como escenario de una contienda que enfrenta básicamente a Rusia y Estados Unidos, sin que ningún organismo internacional haya sido eficaz para evitar la tragedia.

Y los ciudadanos, que no queremos guerras pero acabaremos pagando las consecuencias, nos planteamos si no había otras fórmulas para frenar a Putin y evitar el desastre al que parecemos abocados.

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