SEGRE

SEGURIDAD

Los agricultores ponen vigilancia para evitar robos en los campos de fruta del Baix Segre

Grupos de vigilantes hacen rondas para disuadir a los ladrones en el inicio de la cosecha de la cereza y el albaricoque. Los ladrones trabajan bajo pedido de tiendas o venden el botín en mercadillos

Fernando Alcázar recorre uno de los campos de cerezas de La Granja d’Escarp que vigila para evitar robos. - E.B.D.

Fernando Alcázar recorre uno de los campos de cerezas de La Granja d’Escarp que vigila para evitar robos. - E.B.D.

Lleida

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“Anoche paró una furgoneta y me ofreció plata, me preguntaron a cuánto les vendía el kilo que ellos lo cogían. Al rato vino otra con lo mismo”, explica Fernando Alcázar, quien a mediados de esta semana cubría el turno de noche en la vigilancia de una finca de cerezas del Baix Segre.

Los agricultores, hartos de sufrir mermas por los robos que cometen grupos organizados, han comenzado a desplegar grupos de vigilantes en los campos. “Hacemos turnos, con relevos, y cubrimos las 24 horas”, anota Alcázar.

Las sustracciones, normalmente perpetradas de noche, se concentran en la cereza y el albaricoque, dos frutas de precio alto cuya cosecha va a comenzar en breve: la segunda llega a venderse a 25 €/kg en tiendas y mercadillos, y la primera a menudo pasa de los 10 €/kg. Tanto el valor del botín como la merma para el payés son elevadas, por mucho que el precio de distribución a comercios baje a horquillas respectivas de 10/12 €/kg y 5/6 €/kg.

“Hace años que denunciamos estos robos y pedimos a los agricultores que presenten denuncias, porque es la única manera de que los Mossos dediquen más efectivos a impedirlos”, señala Jaume Gardenyes, responsable de Fruta de UP (Unió de Pagesos).

“Es un negocio redondo: coger cerezas de otro y venderlas a 10 € o 25 €. Veinte kilos de cerezas, que se cogen en menos de media hora, son 200 € como mínimo. Y sin apenas costes”, anota Óscar Moret, secretario general de la organización agraria Uaga en Huesca y fruticultor del Baix Cinca, donde estos episodios son frecuentes. “Esto, además, visualiza con claridad las diferencias de precios entre el campo y la tienda”, añade.

Ambos coinciden en que se trata de robos a demanda, acordados previamente con el comprador del género o que venden los mismos ladrones. “Esto se vende en fruterías y mercadillos”, indica Moret. “Van a mercados o lo llevan a tiendas que lo venden”, apunta Gardenyes.

“En las reuniones con los Mossos pedimos que hagan inspecciones en los mercadillos, y que retiren la fruta sin trazabilidad, la que llega sin albarán”, añade este último, que también alerta sobre los riesgos de consumir fruta de procedencia clandestina por si no han pasado los plazos de supresión de los fitosanitarios.

“Es muy difíci capturar a este tipo de ladrones si no se les sorprende in fraganti”, explican fuentes de los Mossos, precisamente por la dificultad de probar el origen del género. Esa prueba sí es posible cuando, como ocurre en ocasiones con las sustracciones de almendras y de olivas, el botín se mueve en cajas o de sacos identificables.

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