Stolpersteine en memoria de Pere Grañó, vecino asesinado en Gusen
En el marco de la conmemoración del Día Local de la Memoria Histórica

La familia del homenajeado con las autoridades y la Stolpersteine delante de su casa en Bellpuig. - LAIA PEDRÓS
Bellpuig volvió a rendir homenaje a las víctimas del bombardeo del 4 de enero de 1939 y a las personas represaliadas por el fascismo en el marco del Día Local de la Memoria Histórica, una jornada que el municipio conmemora desde 2019 y que lo convirtió en pionero en Catalunya en dedicar un día oficial a la recuperación de la memoria democrática. La edición de este 2026 fue especialmente emotiva, ya que se llevó a cabo la instalación de una piedra Stolpersteine en recuerdo de Pere Grañó Sala, vecino de Bellpuig nacido en 1913 y deportado a los campos de concentración de Mauthausen y Gusen, donde fue asesinado en enero de 1942 a los 28 años. Grañó se exilió a Francia a finales de la Guerra Civil y, en junio de 1940, fue detenido y deportado primero a Mauthausen y posteriormente trasladado a Gusen, donde perdió la vida. La colocación de la Stolpersteine ha sido posible tras la moción aprobada en un pleno municipal de 2021.
Como marca la tradición, cada 4 de enero desde 2020, los actos comenzaron a las 8.30 horas, momento en que las campanas repicaron para recordar el bombardeo de 1939. Acto seguido, se llevó a cabo una ofrenda floral ante el monumento dedicado a las víctimas de los bombardeos en los jardines de la calle Valeri Serra. El alcalde, Jordi Estiarte, leyó los nombres y las edades de las 24 personas que perdieron la vida aquel trágico día, en su mayoría mujeres, niños y ancianos de entre 8 meses y 76 años, que se refugiaban en sus casas o en precarios refugios improvisados. La fecha del 4 de enero se recuerda en Bellpuig porque fue precisamente a esa hora, a las 8.30 de la mañana de 1939, cuando la aviación fascista bombardeó el núcleo urbano.
Muy emocionado, Estiarte calificó la jornada de ayer como “un día de gran significado y emoción, con el que cerramos un primer capítulo en la recuperación de la memoria histórica y colectiva de Bellpuig”. En nombre de la familia Grañó, una portavoz agradeció el homenaje y destacó la importancia de “mantener viva la memoria y no olvidar a las víctimas del fascismo”.
El acto contó con la participación de Jordi Font, director del Memorial Democràtic, quien recordó el carácter trágico de la deportación a los campos nazis: aproximadamente 9.500 personas fueron enviadas desde España, de las cuales unas 2.300 eran catalanas, y cerca del 60% murieron víctimas del trabajo forzado, las enfermedades o la ejecución. Font subrayó el esfuerzo de las políticas públicas para reconocer a las víctimas como la elaboración del censo de los deportados y manteniendo viva su memoria a través de iniciativas como las Stolpersteine, más de 117.500 en todo el mundo y cerca de 700 instaladas en Catalunya. También recordó que el 5 de febrero se conmemora el Día Nacional del Exilio y la Deportación.