EQUIPAMIENTOS
Cierra el único matadero de La Seu por falta de relevo
Los ganaderos deben desplazarse 100 km para sacrificar a los animales. Piden reactivar el equipamiento para tratar la carne

Domènec Estany y Victòria Roig, en el matadero de La Seu. - A. L /ACN
La Seu d’Urgell se ha quedado sin matadero desde diciembre tras la jubilación de sus últimos gestores. El cierre del equipamiento, en funcionamiento durante más de 65 años, ha obligado a los ganaderos del Alt Urgell y de otras comarcas pirenaicas a trasladar su ganado a instalaciones más lejanas, en algunos casos situadas a más de 100 kilómetros, como las de Balaguer o la Alta Cerdanya. El antiguo gerente, Domènec Estany, explica que llevaba una década buscando relevo sin éxito. “Las empresas de fuera nos ven demasiado pequeños y, para la gente de la zona, somos demasiado grandes”, lamenta. Finalmente, al no encontrar una fórmula viable, optó por jubilarse y cerrar. El matadero estaba preparado para la entrada semanal de entre 300 y 400 animales, además de disponer de cámaras de maduración y salas de elaboración de productos cárnicos listos para su distribución. Victoria Roig, ayudante de gerencia de la empresa Mafriseu, destacó que una de las principales ventajas del equipamiento era la posibilidad de realizar todo el proceso en un mismo espacio, desde el sacrificio hasta el envasado. “Las cámaras de maduración garantizaban condiciones óptimas de temperatura y humedad, y los clientes podían escoger el tipo de despiece y el tiempo de maduración”, recuerda. El matadero trabajaba con carne de ternera, potro, cordero y cerdo, y llegó a concentrar la producción de unas 130 familias vinculadas a la Indicación Geográfica Protegida Vedella dels Pirineus Catalans. Desde el sector ganadero se considera el cierre como “una gran pérdida”. Joan Guitart, coordinador de Unió de Pagesos en las comarcas de montaña, advirtió de que la situación resta competitividad a los pequeños productores y reclamó la implicación de las administraciones para reactivar el equipamiento. Sugirió, incluso, un modelo de gestión compartido por los propios ganaderos y la apertura de un centro complementario para tratar carne de caza, dada la sobrepoblación de especies salvajes en las comarcas del Pirineo.