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Gigantes de Cal Terés, reinterpretados

Robert Sambola, de 17 años, devuelve a la vida el Llenguado y la Pagesa en su trabajo de investigación. Los construye a partir de referencias documentales y materiales de la época

Robert Sambola con los ‘nuevos’ gigantes de Cal Terés en la presentación que hizo el pasado viernes. - LAIA PEDRÓS

Robert Sambola con los ‘nuevos’ gigantes de Cal Terés en la presentación que hizo el pasado viernes. - LAIA PEDRÓS

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La tradición gegantera de Tàrrega acaba de escribir una nueva página de su historia. El joven Robert Sambola Pastó, de solo 17 años —aunque hizo el trabajo con 16-, ha culminado la reinterpretación de los gigantes de Cal Terés, dos figuras desaparecidas del siglo XIX que formaron parte de las antiguas procesiones y fiestas del barrio del Carme. El proyecto —culminación de su trabajo de investigación de bachillerato, bajo el título La recuperació dels gegants de Cal Terés— es fruto de un año de dedicación, documentación y trabajo artesanal, y ha devuelto a la ciudad dos piezas olvidadas de su patrimonio cultural.

El trabajo y las figuras se presentaron públicamente el viernes en el local del Ateneu de Tàrrega, lleno hasta la bandera y maravillado por la pasión y el buen hacer de Sambola. El joven, gran aficionado a los gigantes, ha conseguido revivir dos personajes históricos: el Llenguado y la Pagesa, que según las crónicas antiguas fueron creados entre 1810 y 1840 por Marià (o Mariano) Terés, notario, campanero y escultor aficionado. Terés, miembro de una influyente familia targarina originaria de Pira, también realizó obras de imaginería religiosa y fue propietario de las casas señoriales que hoy albergan la Casa de Cultura y el consell comarcal del Urgell. Los primeros detalles sobre los gigantes de Cal Terés se remontan a artículos publicados en la prensa local de principios del siglo XX, como La Signou (1915) o Acció Comarcal (1932). Las fuentes los describen como figuras populares, divertidas, burlescas y próximas al pueblo: el Llenguado, un campesino que sacaba la lengua, y la Pagesa, una payesa como tal. Ambos representaban la esencia rural del siglo XIX y se exhibían durante las celebraciones del barrio del Carme, siendo los primeros gigantes asociados a una festividad de barrio en Tàrrega. Estas figuras desaparecieron hacia 1870, cuando los vecinos impulsaron unos nuevos gigantes, los de la Mercè, al considerar que aquellos no feien prou patxoca y llegaron a llamarlos desgraciats. Con ellos se cerró una etapa, y el recuerdo de los gigantes de Cal Terés se desvaneció.

Casi dos siglos después, Robert Sambola decidió rescatar su memoria y revivirlos con fidelidad histórica. “Siempre me han fascinado los gigantes y el imaginario festivo de Tàrrega; desde pequeño he estado vinculado a la Colla Gegantera de Verdú y a Guixanet de Tàrrega, donde actualmente soy el responsable del Home de la Barra”, explica. Sambola concreta que “se trata de una reinterpretación porque no existía ninguna fotografía, únicamente tres artículos que les hacían referencia y una breve descripción física”. El trabajo de Sambola combina rigurosidad documental, aportada básicamente por Albert Fitó, y talento artístico.

Durante todo un año compaginó los estudios con la creación artesanal de las figuras, trabajando fines de semana y vacaciones. Para reconstruir su posible aspecto original, contactó con Lluís Ardèvol, bibliotecario, documentalista, investigador, gestor cultural y autor del Catàleg de Gegants Centenaris de Catalunya, y estudió referencias de la imaginería catalana del siglo XIX de Reus, Vilanova i la Geltrú o Balaguer. Su apuesta fue la de unos “pagesos endiumenjats”. A falta de imágenes originales, elaboró bocetos basados en las descripciones de prensa y en los cánones estéticos de la época, además de utilizar los materiales tradicionales. El proceso, que llevó a cabo en el taller de sus abuelos en Verdú, incluyó modelado en barro, moldes de escayola, estructura de madera, aplicación de cartón piedra, ojos de vidrio oscuros —con la colaboración de Quim y Txell, del taller de vidrio de Verdú—, pelucas y diseño de un vestuario confeccionado en Cal Sangrà de Agramunt.

El resultado son dos gigantes fieles a su tiempo. El Llenguado viste tonos oscuros, chaleco y faja, y lleva en la mano un libro con los planos del Canal d’Urgell de 1853 y dos llaves, símbolos de las propiedades históricas de la familia Terés. En su dedo luce un anillo grabado con el escudo de Tàrrega y, como manda la tradición, saca la lengua en un gesto entre humorístico y provocador. La Pagesa, por su parte, encarna la figura femenina de la payesía targarina: lleva falda, delantal, pañuelo al cuello y un gran pañuelo con el escudo del Carme bordado, en alusión al sobrenombre bogader del barrio, en referencia a las decoraciones de sábanas en sus balcones. En su otra mano sostiene un ramo de flores, como era habitual en las gigantas de la época.

Más allá de su valor artístico y documental, el proyecto tiene como objetivo que los gigantes de Cal Terés vuelvan a recorrer las calles de Tàrrega durante las fiestas del barrio del Carme e incluso recuperar su baile, que recogió el Mestre Güell y que se interpretaba con flautín y tamboril. El autor revela que crear una pareja de gigantes era “un sueño que tenía desde pequeño que ahora he podido hacer realidad”. Quiere estudiar Restauración y Conservación para dedicarse a la conservación del patrimonio, y en especial, de la imaginería festiva.

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