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El cambio climático arrastra a Lleida al clima del interior de Marruecos: alertan de una subida de los termómetros de 5 grados a final de siglo y sequías frecuentes

Analizan el calentamiento y apuntan a sistemas como la acuaponía

Maridaje de quesos Camps y licores de la Cooperativa Tres Cadires. - J.GÓMEZ

Maridaje de quesos Camps y licores de la Cooperativa Tres Cadires. - J.GÓMEZ

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La jornada El futuro climático de Catalunya y la adaptación de su sistema agroalimentario dejó un mensaje claro: Catalunya y, en especial, el llano de Lleida deberán adaptarse en las próximas décadas a un escenario climático más cálido, con sequías más frecuentes y una presión creciente sobre los recursos hídricos. Uno de los ponentes fue Vicent Altava, del Servei Meteorològic de Catalunya, que explicó que en el llano ya se da por asumido un incremento mínimo de 2 grados de la temperatura en los últimos años, una cifra que podría alcanzar los 3 grados hacia 2060 y situarse entre 4 y 5 grados a finales del siglo XXI.

Altava subrayó que el clima del llano de Lleida podría parecerse progresivamente al de zonas del interior de Marruecos, con veranos mucho más exigentes, olas de calor más persistentes y una presión más intensa sobre la actividad agraria. En paralelo, advirtió de una reducción de los días de heladas, especialmente en áreas de montaña, un factor que puede comprometer la disponibilidad de agua en primavera para los embalses y los regadíos. El técnico del SMC remarcó que los episodios recientes de lluvias abundantes no contradicen la tendencia general. De hecho, indicó que las proyecciones no apuntan a la desaparición de la lluvia, sino a una mayor irregularidad, con periodos húmedos puntuales alternados con sequías más frecuentes y prolongadas. A pesar de todo, señaló que la niebla seguirá siendo un elemento característico en el llano: las situaciones anticiclónicas de invierno continuarán favoreciendo su presencia. Por ello, apuntó que, pese al aumento general de las temperaturas, en estas áreas podrá mantenerse una sensación invernal ligada al frío húmedo. La jornada también puso el foco en alternativas de producción. El jefe del programa de Acuicultura del IRTA, Enric Gisbert, presentó la acuaponía como una de las posibles respuestas de futuro. Este sistema integra en un mismo circuito cerrado la cría de peces y el cultivo de plantas y los residuos generados por los peces se transforman, mediante procesos biológicos, en nutrientes aprovechables para los vegetales. Los resultados apuntan a que la acuaponía puede alcanzar producciones superiores a las de sistemas hortícolas convencionales.

Según Gisbert, mientras un cultivo tradicional puede situar la producción entre 2 y 4 kilos por metro cuadrado, los sistemas acuapónicos ensayados han obtenido rendimientos de entre 4 y 7 kilos. Asimismo, producir una lechuga puede requerir alrededor de 13 litros de agua, mientras que en un sistema acuapónico el consumo puede reducirse hasta 1,25 litros, un ahorro cercano al 90%. A ello se suma que el sistema genera al mismo tiempo proteína vegetal y animal.

Gisbert incidió en que la acuaponía no pretende sustituir a la huerta tradicional, sino que persigue complementar los modelos actuales con una opción más resiliente, adaptable y de proximidad.

Microorganismos para un suelo más sostenible

La sala de actos de los pabellones feriales reunió ayer a una treintena de personas en la jornada técnica Asesoramiento técnico: la clave para una gestión sostenible de la tierra, en una sesión centrada en la necesidad de avanzar hacia modelos agrarios más sostenibles y resilientes a partir del conocimiento científico y la innovación. Los expertos pusieron el foco en la biodiversidad del suelo y en el papel fundamental de los microorganismos en la sanidad vegetal, analizando tanto sus beneficios para la salud de los cultivos como su comparación con los productos químicos en el marco de la agricultura del siglo XXI. La jornada se abrió con la presentación de Anna Lekunberri Gómez, jefa del Servicio de Sanidad Vegetal del DARPA, y continuó con las ponencias de Guillem Segarra Braunstein, profesor de la Universitat de Barcelona, y de Maria Isabel Trillas Gay, directora científica de la cátedra UB en microorganismos para la agricultura, quienes defendieron la necesidad de impulsar estrategias de manejo más sostenibles. José Luís Cruz Macein, investigador del IMIDRA, cerró la sesión subrayando el valor del asesoramiento técnico como pieza clave en la transferencia de conocimiento y en el sistema de innovación agraria.

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